X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO

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Hitos de los superhéroes en nuestro universo:

1978 – Richard Donner dirige Superman y de repente, toda una generación vio volar a un hombre. Miles de chavales son marcados por la peli de por vida y eso provocará que sigan comprando cómics con más de treinta tacos.

1989 – Tim Burton dirige Batman y una nueva generación lo flipa. El éxito sería muy difícil de repetir, pero la imaginería del director despeinado le va como al pelo al alma torturada de millonario huérfano.

2000 – Bryan Singer dirige X-Men y de repente, lo que parecía que sólo podía quedar ridículo y kistch, se convierte en algo adulto y disfrutable. Y por si fuera poco, tenemos al mejor Lobezno que podía dar Australia.

2008 – Christopher Nolan dirige El caballero oscuro y, de repente, el mundo superheróico pasa a ser una brutal obra maestra de cine negro. Ya no todo tiene por que ser superpoderes y superfuerzas. El universo se ensancha.

2012 – Joss Whedon dirige Los Vengadores y el plan maestro de Marvel/Disney para copar el género, triunfa. Las películas anteriores, que habían venido sembrando el camino, germinan en un espectáculo de colores y humor, alucinante.

Como vemos, Bryan Singer es el protagonista de una de las fechas clave en la invasión, por ello, que volviese a tomar las riendas de la Patrulla X era, a priori, una gran noticia. Él fue quien empezó la moda de los superhéroes de la era moderna con la primera aventura de los mutantes y, puesto que desde que se había ido, se echaba mucho en falta la garra de aquella película entre los alumnos de Charles Xavier, muchos confiábamos en que fuera él quien devolviera la saga al buen camino.

Han pasado unos cuantos años ya desde aquella y el género ha ido evolucionando. Ya no nos emocionamos con tanta facilidad, tenemos más puntos de comparación y los directores tienen que esforzarse más para asombrarnos. Ya no vale con poner a un tipo con carisma y garras, ahora tienen que convencernos con la historia y, con esta nueva aventura, Synger lo hace a medias.

Partimos de una de las más celebradas tramas de los X-Men. En ella, en un futuro en el que los mutantes son apresados y torturados en campos de concentración, tan sólo un pequeño grupo de rebeldes consigue mantenerse en una huida permanente. Kitty Pride, que es una moza hecha y derecha, transfiere su mente a su yo más joven para intentar cambiar el futuro.

Como en las pelis Kitty tiene más bien poca relevancia, los guionistas Simon Kingberg (“Jumper”, “Sherlock Holmes”), Jane Goldman (“Stardust”, “Kick Ass”) y Matthew Vaughn (“Stardust”, “Kick Ass”) deciden que el que debe viajar al pasado es el bueno de Hugh Jackman y a ser posible, con desnudo trasero incluído. Una vez allí, tratará convencer a los protagonistas de “X-Men: Primera generación” de que deben cambiar los dictados del destino, uniendo así los elencos de las dos etapas de la saga a través del mutante que no envejece.

La peli empieza con mucha garra. Algunos de los mutantes originales se han aliado con otros nuevos con poderes muy molones y tratan de luchar contra unos Centinelas que los aniquilan sin piedad. Charles Xavier y Magneto tienen un plan y convencen a Lobezno para que viaje al pasado, ayudado por Kitty y convenza a sus versiones jóvenes de que cambien el futuro. Esto le llevará a un momento temporal posterior al de “X-Men: Primera generación”, donde el Profesor y Magneto están muy enfurruñados, así que el conflicto está servido.

Sin embargo, tras una serie de momentos brillantes, con la presentación de Mercurio (que por una extraña mezcolanza de derechos del personaje entre Marvel/Disney y Fox, aquí no puede ser llamado por su nombre vengador y tan sólo será Peter, además de perder su línea de sangre con Magneto) y una de las mejores escenas de la película protagonizada por él, la velocidad del film se ralentiza y se mete en un periodo de traiciones y giros que resta algo de fuerza a ese potente inicio.

Esta trama central, donde se expone el núcleo central del argumento, los intentos por cambiar ese futuro apocalíptico, está algo embarullada y la falta de un protagonista claro juega en contra de todos los personajes. Excepto Magneto, que es el claro antagonista y la lía todo el rato, el resto parecen moverse un poco a impulsos, sin brillar demasiado. Lobezno anda por ahí con sus traumas y su mala follá, Mística se debate entre Xavier y Magneto, Xavier también saca a relucir sus empanadas mentales y Bestia sigue decidiendo si ser azul o color carne. Sin perder del todo el interés, la trama se siente algo flojucha, jugando con la cuenta atrás del futuro como la parte más emocionante del tinglado.

Las impresiones finales no son malas. Me da pena que no hayan exprimido algo más el personaje de Mercurio, con esa mezcla de nihilismo y retorcido sentido del humor y también siento que las espléndidas actuaciones de Michael Fassbender y James McAvoy están algo desaprovechadas, ya que sus personajes no llegan a tener el peso necesario en la historia. Sin embargo, me gusta el estado en el que dejan el mundo mutante, con una línea temporal alternativa, con personajes como Cíclope y Fénix otra vez vivos y con actores que pueden subir a sus personajes a altas cotas. La peli se disfruta en muchos momentos y, ante el déficit de acción, al menos la trama es interesante, que no es decir poco.

Y sí, es probable que a Hugh Jackman se le esté agotando el tiempo en su personaje y qué jodido va a resultar encontrar a otro Lobezno a su altura.

2 thoughts on “X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO

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