X-MEN: APOCALIPSIS

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Al salir del cine de ver la nueva entrega de los mutantes, un par de preguntas se agolpaban en mi mente, para las cuales no tengo respuesta. Así que, convertiré el post de hoy en un consultorio inverso, donde yo pregunto y los amables lectores podrán sacarme de mis dudas si lo estiman oportuno.

1 – ¿Por qué dejan a Simon Kingsberg seguir escribiendo guiones sobre superhéroes?

Echemos la vista atrás y hagamos inventario del curriculum de este pollo. Con esos deditos ha escrito los guiones, en orden cronológico, de:

  • X-Men 3: La decisión final
  • Jumper
  • X-Men: días del futuro pasado
  • Cuatro fantásticos

Salvo la aventura en la que Lobezno viaja al pasado para empezar a borrar el rastro de las primeras películas de la saga, que tampoco era para tirar cohetes, las otras tres están consideradas, de forma casi unánime, como malas o muy malas. Sus guiones se caracterizan por personajes planos, carentes de empatía y sin ningún tipo de evolución y por estar escritos en bloques de acción unidos por la nada más absoluta.

En este caso, no es diferente. El guión de la nueva entrega de los X-Men es un batiburrillo en el que trata de dar cabida a más personajes que nunca, prestando nula atención a la gran mayoría de ellos. Incluso los que se supone que son los principales, Charles Xavier, Magneto, Mística, Bestia y Apocalipsis, nos acaban importando un carajo. Los de importancia media, como Cíclope, Jean Grey y Quicksilver no pintan nada. Y los secundarios, como Tormenta, Ángel o Psylocke son maltratados y ninguneados hasta extremos inimaginables.

De hecho, el pobre Ángel podría pasar ipso facto al primer lugar en el ranking de personajes destrozados por la pluma del colega Kingsberg. No sé qué tiene contra el querubín, que parece odiarlo a muerte.

En cuanto a la historia, supone un batiburrillo que pasa de un personaje al siguiente sin orden ni concierto, en la que la única escena con gracia es, nuevamente, la de la carrera de Quicksilver alrededor de la mansión. Supongo que vieron que su escena en “Días del futuro pasado” gustó y han querido clonarla, en un claro ejemplo de la imbecilidad de los ejecutivos en su eterno intento de replicar una y otra vez la fórmula secreta del éxito. Escena que viene precedida por una muerte que, una vez más, a Kingsberg parece importarle un pito, pues sus consecuencias son una carita de pena que dura, aproximadamente, 3 segundos.

2 – ¿Por qué no deja Bryan Singer de dirigir películas de X-Men si está cansado de ellas y falto de motivación?

Porque no se explica esa dejadez en la dirección sin que el realizador esté hasta las gónadas de los personajes.

Porque no nos olvidemos de que Singer es el tipo que dirigió “Sospechosos habituales” y comenzó la era dorada de los superhéroes en el cine con la maravillosa primera película de “X-Men”. Así que, o bien ha sufrido un golpe en la cabeza y se le han olvidado todos sus conocimientos sobre dirección o bien acude al trabajo como el funcionario que lleva 25 años poniendo el mismo sello en el mismo tipo de documento.

Porque es imposible averiguar por qué, si la historia central parte de su imaginación, se ha empeñado de esa manera en negar todas las películas anteriores. Y es que hay varias cosas que llaman poderosamente la atención cuando uno se detiene a pensar en ellas.

Para empezar, que de “X-Men: First class” a “X-Men: Días del futuro pasado” ponen los cartelitos que han pasado diez años y de ésta a “X-Men: Apocalipsis” pasan otros diez años. Con lo cual, en un espacio real de cinco años, nos cuentan que pasan en las pelis 20 y vemos a los actores lucir exactamente igual. Todo esto sin un propósito claro, porque a la historia no le afecta en qué época suceden los acontecimientos salvo por una broma estúpida en la que algunos personajes salen de ver “El retorno del Jedi” y mencionan que las terceras partes suelen ser mierdas de cabra, en una clara alusión a “X-Men: La decisión final” que, como hemos dicho, está escrita por el mismo guionista.

Pero no sólo eso, sino que parece renegar incluso de su última película, una que dirigió él mismo hace tan sólo dos añitos. Allí, veíamos cómo Lobezno era rescatado del fondo del mar por Stryker, aparentemente, para descubrir a continuación que en realidad se trataba de Mística. Pues bien, Singer olvida el final de su propia película y mete a Logan en la prisión de Stryker, donde acaban de lobotomizarle y convertirle en Arma X, todo por un absurdo cameo de Hugh Jackman en el que se dedica a masacrar un ejército en una de las peores luchas filmadas que he visto en mucho tiempo. Una coreografía chapucera que me recordó en algún momento a aquella insigne batalla de “La diosa de fuego” en la que un indígena maloso esperaba pacientemente el turno para atacar (Mínuto 3:30 de este vídeo).

Todo para llegar a un final anticlimático en el que las leyes de la gravedad se ven distorsionadas, a tenor de los irreales saltos de los protagonistas, en la que Magneto se pasa todo el rato concentrado en la misma posición dentro de una bola y en la que, en la mejor tradición de “Los caballeros del zodiaco” todo se dedican a intentar zurrar al malo sin éxito, hasta que aparece Fénix y lo soluciona todo.

Esto parece imposible que pase sin que Brian odie sus películas y, chico, si las odias, no hagas más, que eso a la larga va quemando y puede acabar en úlcera.

Así que, gracias a estos dos individuos, Singer y Kingsberg, grandes actores como Oscar Isaac, Michael Fassbender, James McAvoy o Jennifer Lawrence, se limitan a poner el piloto automático a la espera del siguiente cheque del mes, haciendo lo que pueden en medio de una historia deshilvanada y caótica. Y sólo gracias a ellos, de vez en cuando ves algo de humanidad en ellos, en la enésima tragedia del pupas de Magneto, en la enésima visión traumática de Xavier en Cerebro o en el enésimo archienemigo con la única finalidad de destruir a la humanidad porque sí, que necesita lanzar su mensaje de terror a la gente que piensa aniquilar minutos más tarde.

Una repetición de ideas que denota falta de ganas, de imaginación y de capacidad para crear una película que se sostenga más allá de mostrar rayos de colores, vuelos acrobáticos, teletransportaciones azufrosas o destrucción de ciudades enteras. Sin una historia mínimamente coherente y/o interesante que provoque algún tipo de evolución en los personajes. Sin que el espectador sienta vergüenza ajena al descubrir que Peter Maximoff sigue viviendo diez años después en el sótano de la madre, haciendo exactamente lo mismo y que, además, sin saber por qué, de repente sabe que Magneto es su padre y quiere… bueno, no sé muy bien qué quiere de él. Si vengarse, si un abrazo o que le ayude a hacer los deberes de mates.

Por eso, quiero lanzar un par de mensajes.

A Singer: déjalo aquí. No te guardamos rencor. Tú comenzaste todo, tú eres uno de los máximos responsables de que estemos viviendo esta fantástica época de grandes películas salidas de las páginas de cómics. Y estamos convencidos de que, si vuelves a ilusionarte por un proyecto, puedes volver a brindarnos otra gran película. Sé valiente y déjalo ahora.

A Kingsberg: déjalo aquí. Los superhéroes no son tu fuerte. Quizá puedas pasarte al drama, al musical, al gore o al porno y descubrir que tu capacidad para los personajes insulsos se torna en arte. Prueba otras cosas, no dejes que te encasillen, trata de prosperar en tu carrera. O en otra carrera distinta, si ves que tal.

Con cariño:

un Starfighter criticón.

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