WOLVES

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Una vez ejecutada la paradinha en medio del Festival Nocturna para rociarnos con aroma a buen teatro tras el tufo que nos había dejado “Lord of tears”, volvimos a nuestra especialidad: rebuscar entre los detritus del cine de género más alternativo a la búsqueda de tesoros. Y una de las peores cosas que te pueden suceder en esta búsqueda, de cara a plasmar paridas en el blog, es darte de bruces con una peli sosa, insulsa, sin chispa.

Lo bueno emociona y el cerebro empieza a establecer relaciones comparativas, te fijas más en los aspectos técnicos, valoras las cualidades interpretativas y, en definitiva, te dedicas a intentar vender la mercancía que has visto como si fueses el árabe que empieza la historia de Aladdin en la peli de Disney y te intenta colocar la mercancía a toda costa. Lo malo, por su parte, es muy divertido de destripar. A uno se le ocurren maldades, símiles odiosos y es fácil que te salga la vena más grouchiana y diabólica para describir el engendro soportado.

Sin embargo lo soso… ¿qué se puede decir de lo soso? Pues eso, que es soso.

Pues bien, “Wolves” es una peli sosa como un lametón a un conglomerado de Ikea. No llega a peli de sobremesa de Antena3, porque se nota algo de cuidado en la factura y el elenco, pero es plana como un paisaje castellano. La historia se ha contado cien mil veces ya y no aporta nada nuevo. Todo transcurre de forma inocua, sin que irrite pero sin que emocione. Una peli más de entre tantas que uno se podría encontrar en las estanterías de un videoclub noventero.

El guaperas del instituto, quaterback del equipo de fútbol americano y con la típica novia de quaterback de fúbol americano, se da cuenta un día de que es un hombre lobo cuando los pelos de los pies están más frondosos de lo normal y las uñas de las manos parecen mejillones bien afilados. Además, todo esto le pasa cuando le está mentiendo garra a la morenaza en el coche, así que la lía.

La moza no se lo toma demasiado bien, así que le denuncia a la policía por peludo y el chaval decide ir en busca de sus orígenes, encontrándolos en un pueblo perdido donde viven un montón de licántropos con muy mala leche y un granjero de buen corazón que le acoge.

Lo que viene a continuación es la consabida historia de licántropo conoce a licántropa y lucha por su amor con el brutote de Jason Momoa.

Al final, una historia abierta por si suena la flauta y se puede continuar el tinglado en forma de saga, arañando algún euro a este tipo de producción rutinaria y gris, con caras guapas y algún rostro famosete cogiendo el talón bancario.

Así que, al contrario de lo que leáis por ahí, no es la nueva “Crepúsculo”. Mucho menos ñoña y mucho más simple todo. Su equivalente podrían ser estas sagas de literatura juvenil simplona, como los títulos de “Pesadillas”, de R. L. Stine. Algo ligero, de masticado rápido y aún más veloz periodo de olvido.

De hecho… ¿de qué estábamos hablando?

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