VIII MUESTRA SYFY

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Casi no os he dado tiempo a descansar del interminable festival de Sitges y aquí vuelvo con otra crónica plasta, de esas en las que me desenfreno a escribir sobre un montón de películas en su mayoría desconocidas y, también en su mayoría, de calidad cuestionable. Menos mal que sé que tenéis este blog como referencia cinematográfica y, aunque no os interese la peli en cuestión, jamás dejáis de leer cada post hasta el último punto, disfrutando de esa narrativa fluida e hipnótica que me caracteriza.

¿Verdad?

En fin, pasaré por alto las carcajadas y daré comienzo al reportaje sobre la VIII muestra SyFy de cine fantástico, que aterriza cada año por los Madriles para dejarnos un puñado de filmes de ciencia ficción, fantástico y terror. O eso es al menos lo que pone el cartel, que este año parece diseñado por los mismos que firman los programas electorales de los partidos políticos españoles, donde también les cuesta discernir entre la realidad y las imágenes que se inventa su cerebelo. La potencial variedad de géneros del festival se quedó en el terror, el gore y las sanguinolencias varias, conformando la muestra más plana y monocorde de las tres a las que he ido hasta ahora.

Pero el cine fantástico no fue el único ingrediente que echamos en falta en los cines Palafox. También se ausentó la picardía, la sonrisa, la alegría, la bordería, el desparpajo y los grandísimos comentarios de Leti, nuestra Leti. La pequeña gran Leticia Dolera estaba rodando allende los mares y nos dejó un vídeo a modo de disculpa por no poder acompañarnos este año, que a punto estuvo de convertirse en lo mejor de la muestra. También nos pedía que tratásemos bien a su sustituta y amiga, la actriz Alexandra Jiménez, que apareció tres o cuatro veces durante el fin de semana y no supo adaptarse al ambiente gamberro de la sala. Nerviosa, tiesa como si se hubiera tragado un palo de escoba y sin saber muy bien cómo contestar las burradas del público. O la asustamos con el griterío o la alargada sombra de la Leti la dejó chiquitita sobre el escenario.

Siempre nejatifo nunca positifo, me diréis. Pues no acaba ahí la cosa. Los organizadores tuvieron el detallazo de obsequiarnos con un secuestro tecnológico en la primera película. Supongo que se escudaban en que era un preestreno de producción de gran presupuesto, pero la estupidez supina se asentaba en dos elementos fundamentales:

1 – Dicha película se estrenaba al día siguiente, por lo que había que ser muy rápido para grabarla, subirla a la gran red y que alguien se la descargara en menos de doce horas.

2 – No sólo confiscaban móviles, cámaras y aparatos con capacidad para grabar imágenes, sino que los muy listos tenían orden de recaudar TECNOLOGÍA, así, en mayúsculas. Así que si tenías un disco duro externo, un reloj con calculadora o un termómetro rectal digital, estabas jodido. Vale, las dos últimas igual no, pero lo del disco duro es verídico.

Menos mal que todas las chapuzas festivaleras las suplimos con la excelente compañía que tuvimos al lado. Allí estaban Eli, Carlos, Ana, Jose, Paco, Rafa, Almu, Raúl, Iban y Bea para comentar cada plano, cada muerte, cada chiste, cada cola, cada coca-cola, cada galleta de avena comprada en el chino. Ellos son los mayores culpables de que el festival se haya hecho tan adictivo.

Y poco más. Demos comienzo con el siguiente post a las pseudo-críticas del festival que, esta vez, aprovechando la calidad de los films, podrán ir agrupadas convenientemente a criterio del autor.

Quicir, yo.

4 thoughts on “VIII MUESTRA SYFY

  1. Qué razón tienes, no hay nada como la buena compañía para convertir cualquier bodrio en un espectáculo divertido, y para hacer que la muestra fuera mucho más interesante de lo que objetivamente fue.

    ¡¡Saludosss!!

  2. Yo creo que hasta que Alexandra no se quedó a sufrir, digo… ver Giallo, no entendió el espíritu del festival.

    Y dejad de meteros con mis galletas de avena, que están cojonudas.

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