VERÓNICA – IT – LOS MISTERIOSOS ASESINATOS DE LIMEHOUSE – MADRE! – BLADE RUNNER 2049

Veamos si, una vez estabilizado el curso de la nave, conseguimos ponernos al día con las películas que tenemos pendientes.

Sirva esto como acelerón supersónico a cinco de ellas, que nos habíamos dejado en el tintero, en forma de críticas mucho más breves de las que suelo estilar.

VERÓNICA

Es bonito ver cómo, poco a poco, determinados cineastas actuales van derribando prejuicios anclados en nuestro cine y en nuestra sociedad. Un proceso natural del cine comercial que va superando barreras a pesar de los impedimentos que se encuentra en forma de mala reputación, ayudas exiguas, palos institucionales y un público que sigue utilizando el término españolada de forma estúpida.

Hace unos años, era impensable encontrarnos con una película de terror en la que se mostrase una década de los 90 de forma nostálgica, respetuosa y mágica, en la que dos temazos de un grupo mítico de nuestro rock se integraran de forma perfecta en la narración y en la que se vea, de forma clara, que empiezan a caerse ciertos manierismos que muchas veces encorsetan las películas de este país.

Todo eso pasa en Verónica. El barrio de Vallecas luce auténtico, los chandals de táctel luminosos, la decoración de las viviendas y el colegio nos llevan a nuestra infancia hasta a los que no vivimos en Madrid en aquella época y la voz de Enrique Bunbury luce poderosa liderando a los míticos Héroes del Silencio.

Además, la historia, aunque no sea de una originalidad exacerbada, fluye con muy buenas maneras ayudada por una dirección muy chula de Paco Plaza y por unas interpretaciones de los niños que no desentonan. Sandra Escacena tiene un papelón encima llevando sobre sus hombros toda la historia y sus hermanos en la ficción están naturales y muy graciosos equilibrando ese punto oscuro con las típicas salidas de los pequechos de la casa.

La película no va a suponer el punto más alto del director, sobre todo después de brindarnos, junto con su colega Balagueró, aquella brutalidad llamada “[REC]”, pero sí que es un nuevo paso, muy asentado, en normalizar el hecho de que hacemos todo tipo de cine y muy bien hecho, gracias a una enorme cantera de grandes talentos detrás y delante de las cámaras.

IT

Le tenía muchas ganas a esta nueva adaptación del frondoso universo de Stephen King. Es una de mis novelas favoritas del escritor de Maine y es una de mis novelas favoritas de todos los tiempos. Un relato que tiene un montón de temas que me enamoran: las relaciones de amistad pre-adolescentes, la vida en un pueblo pequeño, misteriosos asesinatos, monstruos memorables…

La adaptación que ya existía era tan olvidable como memorable. Olvidable en el sentido en el que resulta casi imposible revisitarla y muy difícil recordar demasiado bien de lo que ocurría en ella y memorable en cuanto al maquillaje de Tim Curry, el actor encargado de encarnar a Pennywise, tan hortera como risible.

Después de varios cambios de director, la responsabilidad de acercar la historia a las nuevas generaciones ha sido Andy Muschietti, que ya se había adentrado en el género de terror con “Mamá”. Y, la verdad sea dicha, no lo tenía muy complicado para mejorar.

El resultado se me queda un poco a medias. Por una parte, la relación entre los chavales y el terror anclado a la vida que cada uno de ellos lleva, roza la perfección. Los actores están maravillosamente elegidos, con premio especial para Sophia Lillis, una niña de mirada tan limpia y actuación tan natural que está destinada a convertirse en una actriz como la copa de un pino.

Sin embargo, la parte del monstruo que se nutre de nuestros miedos y que tiene pinta de animador tarado de fiestas infantiles, se me antojó muy poco terrorífica. A pesar de la entregada actuación de Bill Skarsgård, dan mucho más miedo la podredumbre humana que rodea la inocencia de los chavales que ese mundo de tinieblas al que se deben enfrentar. Aunque quizá eso también sea una constante en el mundo de Stephen King.

Lo que está claro es que acudiré sin pensarlo a la segunda parte de la historia, aquella en la que aquellos niños, hoy adultos, deben regresar a enfrentarse con sus mayores miedos.

LOS MISTERIOSOS ASESINATOS DE LIMEHOUSE

Elegí esta película en gran medida por la presencia en el papel protagónico de uno de mis actores fetiche, el británico Bill Nighy. Aunque también tiraba la sangre española presente en la cinta, corriendo por las venas de su director, Juan Carlos Medina y de una de sus intérpretes, María Valverde.

El aspecto de cuento gótico ambientado en las neblinosas callejuelas del Londres del siglo XIX, con un asesino pre Jack el destripador y un detective maduro pre Sherlock Holmes también me tiraban mucho. El tráiler pintaba fantásticamente ambientado y el conjunto prometía, como mínimo, un entretenimiento solvente.

Al final, la película se queda en ese mínimo por culpa de una historia demasiado llena de giros, algunos previsibles, otros rocambolescos, pero que otorgan una pátina de artificiosidad a toda la trama. Una película que parece más preocupada en jugar al despiste con el espectador que en contar una historia detectivesca.

En medio de esta orgía de requiebros, los actores están todo lo bien que pueden estar, logrando que la narración no acabe por desmadrarse, aunque la elección de la recreación de los asesinatos con cada uno de los posibles candidatos a villano se me antoja una elección desacertada.

Por supuesto, todo esto no quita para que continúe siendo una delicia ver a Nighy, un tipo con unas facultades para la camaleonización impresionantes y que parece haberle cogido el gusto a esto de trabajar con realizadores españoles, ya que ahora mismo está en cartelera con la nueva película de Isabel Coixet.

MADRE!

Darren Aronofsky ha filmado, sin ninguna duda, una de las películas más polarizadoras del año. Una de las más complicadas de ver, una de las que más poso dejan a la salida y una de las más desasosegantes. Sólo por el arrojo para llevar a imágenes un material como este, yo ya le aplaudo.

Fue complicado saber si me había gustado nada más salir de la sala. Era una de esas pelis que requieren asentar las imágenes, una noche de descanso para dejar que la inmensa cantidad de posibilidades metafóricas de todo lo que se ha visto llegue a calar. Y aún así, no os puedo decir con seguridad si lo ha hecho o no.

Un poeta vive con su mujer, una chica más joven que pasa sus días reconstruyendo la casa de la infancia del protagonista. Mientras ella trabaja en la remodelación y él trata de sacar adelante un nuevo libro, aparece una extraña visita, rompiendo la paz y armonía de la convivencia. Y detrás de esta visita, otra y otra más. Y a medida que la casa va siendo testigo de nuevas presencias, la creatividad del escritor comienza a explotar y la paciencia y la salud mental de la muchacha se va haciendo trizas.

La película, que comienza de manera sosegada y tranquila se lanza hacia una esquizofrenia cada vez más acentuada, sumiéndose, en su tramo final, en una sucesión de escenas tan poderosas como locas y veloces que se hacen incluso muy incómodas de ver.

Detrás de esta planificación técnica y este reto a nivel visual y actoral, se esconden un sinfín de metáforas. La religión católica se mezcla con los intrincados mecanismos de la creación y con el ecologismo de una forma demoníaca. De hecho, si os dais una vuelta por Internet, podéis encontrar todo tipo de teorías, incluida la del propio Aronofsky.

No tengo claro de si me ha gustado o podría soportar volver a verla, lo que sí tengo cristalino es que “Madre!” es una de las películas imprescindibles del año.

BLADE RUNNER 2049

Lanzarse a rodar la secuela de una de las películas de culto más famosas y recordadas del siglo pasado es, como mínimo, una tarea suicida. Una empresa con más posibilidades de ser apuñalada por la crítica y el público que por llegar a trascender.

Por eso me sorprendió que uno de mis directores preferidos de la actualidad diera el paso para llevarla a cabo. El amor por la ciencia ficción de Denis Villeneuve sobrepasó al miedo al abismo y, después de enamorar al mundo con “La llegada”, se dispuso a intentar no defraudar a ese mismo público filmando el regreso de los replicantes.

El resultado final salva los muebles, deja alguna secuencia memorable (esa escena de amor a tres bandas absolutamente deliciosa) y lo envuelve todo con una fotografía y escenografía que expande el mundo creado por Ridley Scott sobre el relato de Philip K. Dick de manera coherente y visualmente asombrosa.

Sin embargo, aunque yo no me encuentro entre los fans acérrimos de la original ni creo que aquella tenga tantos niveles de comprensión como muchos se empeñan en señalar, ésta se le queda a la zaga. Las preocupaciones de estos nuevos replicantes sin límite vital son menos angustiosas que las de Roy Batty y sus colegas y la historia que implica a la pareja protagonista de la cinta de 1982 no acaba de llegar a interesarme del todo.

Estoy seguro de que Villeneuve, una vez quitada la espinita de este complejo reto, nos dejará en la memoria mejores películas.

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