VENGEANCE

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Recopilemos un poco por dónde íbamos en el interminable festival SyFy.

Eran las ocho de la tarde del sábado y habíamos visto ya, una película mediocre de sustos, un ramillete de cortos de la muestra de San Sebastián, una soporífera película suiza de ciencia-ficción, un esmerado thriller británico, una secuela de terror que desmerecía la primera parte, una película de fantasía para niños, la peor película que habíamos visto en mucho tiempo y una locura de dibujos animados japoneses que nos dejó a todos atónitos.

A continuación, nos esperaba una peli de Hong Kong y a todos nos venían las imágenes de “Like a dragon” de la muestra de hacía dos años y las pedazo de siestas que nos habíamos echado. En ésta, (la que venía ahora, no la de las siestas) se contaba la historia de un asesino a sueldo reconvertido en chef que poco a poco iba perdiendo la memoria por causa de una enfermedad degenerativa y que tiene la firme determinación de vengar a su hija muerta a manos de unos desconocidos asesinos, antes de perder del todo sus recuerdos. Una historia de venganza y crueles sicarios con un código del honor intachable, protagonizada por una leyenda del rock francés que ha triunfado durante 40 años a escala internacional, el enorme Johnny Hallyday, un tipo de mirada acerada y pose marmórea que está perfecto en el papel de asesino retirado.

La película empieza de forma inmejorable. Con una primera escena brutal, nos sitúan en el contexto del asesinato de una familia para, a continuación, presentar al personaje de Hallyday y cómo se cruza su camino con el del trío de asesinos locales que acabarán ayudándole en su venganza. La frialdad, el código ético inquebrantable de la “profesión” y el sentido del humor de unos tipos que saben que cualquier amanecer podría ser el último, nos introduce en la historia rápidamente y nos hace cómplices de su estilo de vida y sus motivaciones.

Todo va bien hasta que la película alcanza su meridiano y se nos ha presentado el total del cuadro. A partir de ahí, debería empezar la acción a raudales en una carrera a ritmo de percutor hasta una resolución fatídica que sabemos que no deparará nada bueno a nuestros héroes, pero de repente, al director, un tal Johnny To (del que lo único que me suena de él es la película “Election”, que no he visto) o al guionista, un desconocido Wai Ka Fai, se les va por completo la perola y empiezan a introducir escenas surrealistas que parecen descartes de otros guiones.

La más increíble, un extraño tiroteo en el que los tres colaboradores del francés se baten en duelo de armas de fuego con los esbirros del jefe maloso en una explanada plagada de una especie de cubos de papel para reciclar, que van usando como escudo. Escena en la que no se sabe cómo llegan, ni por qué los encuentran y que marca el inicio de un declive surrealista que se mantendrá hasta el final.

Un final que se refocila en el mismo absurdo cuando el protagonista, totalmente desmemoriado, que ha acabado viviendo con una señora que tiene como 200 hijos pequeños, debe completar su venganza, marcando de una manera rocambolesca al malo mientras juega al quien es quien con un abrigo agujereado.

Vamos, que todo lo que la película prometía en sus primeros 45 minutos de metraje, de forma sobria y calmada, lo echa a perder en la segunda parte en un maratón por filmar la escena más pintoresca, quedándose el todo en un discreto aprobado que nos sirvió para continuar sin dormirnos.

¡Y aún nos faltaban dos películas más para rematar el día!

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