VALOR DE LEY

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El prestigio de Nunca Jamás sigue en aumento, amigos. Pronto lideraremos corrientes de opinión, derribaremos producciones mediocres, haremos ricos a directores emprendedores y desconocidos y revolucionaremos el mundo del cine con espeluznantes teorías. Nuestro nuevo paso hacia ese paraíso bloguero ha sido la aparición de una rica, guapa y soltera mecenas, capaz de conseguirnos pase VIP para los preestrenos más rutilantes, carril preferente en la alfombra roja y espacio privilegiado en el fotocall. Bueno, igual me he pasado un poco en el entusiasmo. En realidad a Sara le han tocado unas entradas para el estreno de “Valor de ley”, no podía ir y amablemente nos las ha cedido, pero este humilde bloguero se ha sentido tan honrado que me he montado mi propia película. En todo caso, muchas gracias a Sara por su flamante aportación (piratas, sirenas y niños perdidos se unen en una asombrosa ovación, fundido a negro).
Vaya por delante que no soy un fan irredento de los hermanos Coen. Hay veces que me ganan (“El gran salto”, “El gran Lebowsy”, “O brother”, “No es país para viejos”) y veces que me aburren (“Muerte entre las flores”, “Quemar después de leer”, “Arizona Baby”). En esta frase seguramente he perdido más crédito y lectores que Sanchez Dragó en pleno ataque verborréico con una botella de sake delante. Esto es lo que hay. Los gustos, a día de hoy son estos (me reservo el derecho a opinar todo lo contrario mañana), lo que me da la ventaja de afrontar su nuevo largometraje sin ningún tipo de prejuicio.
Pues con esta carencia de prejuicios (y de criterio, diría yo) me encontré con un film sustentado en las interpretaciones de dos de sus protagonistas. Podría incluso decir tres, porque Matt Damon, al que dejaba fuera, no es que esté mal, pero como su personaje aparece menos y es más comedido, pues quizá no es tan estimulante. Pero venga, lo meto. Matt, no te enfades, estás dentro. Como decía, entonces, la peli me gustó, sobre todo por sus tres personajes protagonistas. Que no es que el guión esté mal, pero es que estos tres, hacen tan bien su trabajo, que mejoran cada plano, cada frase, cada giro.
Por un lado, el amigo Matt, que este año se debe haber aburrido y aparece en casi todas las películas que voy a ver. Estaba en la del yayo Clint, estará en una de sustos que presentan este año en el festival Syfy llamada “Destino oculto” y está también aquí, haciendo de ranger tejano (sin patada chucknorrisiana) presumido y fantasmón. Está también muy bien la niña que narra e involucra a los personajes en la persecución del asesino de su padre, interpretada por Hailee Steinfeld, que borda el carácter redicho y protestón de la moza y que cuenta con diálogos ocurrentes que no desaprovecha. Y por encima de todos, en una dimensión actoral paralela, está el inmenso Jeff Bridges, que borda un papel jugosísimo (el jugo se compone, tomen nota, de un chorrito de chulería, una pizca de ojo tuerto, dos vasos de cazarrecompensas de vuelta de todo y todo ello regado con abundante bourbon, hasta que el sujeto apenas se tenga en pie). Dura batalla entre Colin Firth y Bridges este año en el papel al mejor actor secundario. Si yo tuviera que votar, me partiría la camisa como Camarón al no poder decidir.
El papel de Rooster Cogburn, el rastreador brabucón, borracho, pendenciero, de gatillo fácil y conversación eterna, ya le dio un Oscar a John Wayne al final de su carrera, pero como no vi la película, no puedo opinar de cómo lo hizo (bueno, poder puedo, pero hoy no me siento valiente para hacerlo). Pero Bridges lo hace suyo en cada gesto, en cada mirada de ojo bueno, en cada retahila regada en alcohol, en cada media sonrisa de superioridad. Sólo por asistir a la lección de cine que da el hombre, ya merece la pena el dinero de la entrada. con lo que al haber sido gratis, igual debería pagarle algo a… no he dicho nada.
Del resto del film, pues sobresalen los diálogos, en los que los Coen demuestran que siguen siendo unos maestros. La historia, de una niña que contrata a un cazarrecompensas para vengar el asesinato de su padre, pues es suficiente como para mantener nuestra atención durante las casi dos horas de duración y está al servicio de los seres que la pueblan. La dirección, lo que se espera de los hermanísimos, cuidada y con bonitos planos del oeste americano.¿Se puede pedir más? Pues supongo que, por poder, se puede pedir que te provoque espasmos en la vena cava inferior, pero a mí me llega de sobra para considerarla casi un peliculón (dejemoslo en liculón).
Además, a caballo regalado buena sombra te cobija. Pa qué más.

2 thoughts on “VALOR DE LEY

  1. Buena peli, sí señor, a mí me encanto el personaje de la niña, todo un portento de chavala; y por supuesto Bridges, que borda su papel, con ese gesto y la mirada de su único ojo. Damon sorprende un poco, tamnbién me gusto… Total, que como ya dices, estos tres hacen de “Valor de ley” una buena peli.

    Saludorrrrrsss

  2. Totalmente de acuerdo y poco o nada que añadir. Lástima que Bridges tuviera que competir este año en los Oscar con un estupendo Colin Firth, porque si no, ya tendría su segundo oscar presidiendo el salón.

    Un saludo.

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