V MUESTRA DE CINE FANTÁSTICO DE MADRID

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Pues sí, amigos, aprovechando que el Tuela pasa cerca de San Ciprián (coña que sólo pillarán unos pocos afortunados, los demás me estudiáis un poco más), he asistido aL primer festival de cine de mi vida. Esto parece un acto repleto de glamour y personas sesudas desmenuzando con pulso de cirujano películas iraníes, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, asistir a un festival de este estilo supone desafiar los límites del aguante físico y psicológico comprando un bono que permite visionar 15 películas en el tiempo record de 4 días al módico precio de 2 euros por película, una tarea que sólo pueden desempeñar de forma completa frikis de nivel 4, insomnes sin cura y adictos a las imágenes en movimiento con gran capacidad para echarse una cabezadita en las películas malas. Por supuesto, yo estoy dentro de la tercera clasificación, ya que mi facilidad para quedarme sobado en los más diversos ambientes sólo se iguala a mi nulo sentido de la orientación.

15 pelis (en realidad 14 y una sesión de cortos) de cine fantástico podrían dar para mucho pero, sin poder comparar esta edición con otras anteriores, me ha parecido que el nivel de este año no estaba demasiado alto. Cuatro películas son las que mejor huella me dejaron una vez concluido el festival, un resultado no demasiado abultado ante muchas otras cintas que no sé muy bien qué pintaban en una muestra de cine fantástico.

De todas formas, hay algo que sí he sacado en claro: asistir a un festival de cine uno sólo, tiene que ser más duro que estudiar unas oposiciones. Si conseguí disfrutar de la actividad fue gracias a una compañía inmejorable, muchos de los cuales eran desconocidos para mí hasta ese momento y que asociaré de aquí en adelante al concurso de resistencia más friki y más gracioso al que he asistido. Muchas gracias a Carlos, Rafa, Almudena, Ana, Paco y Leo por ese maratón de rarezas, dulces de leche, comida basura, muñecas hinchables desechables y exposiciones casposas que convirtieron un fin de semana cualquiera en toda una experiencia.

Intentaré darle caña a las neuronas las próximas semanas para dejar constancia de todas y cada una de las marcianadas que tuvimos oportunidad de contemplar, pero por lo pronto, aquí va un resumen del festival.

El Jueves era el primer día del evento y con tan sólo una película en cartel, debía ser el más sencillo de soportar. Era el momento para las presentaciones, coger confianza y acudir a la exposición que se anunciaba junto con el festival.

Recomiendo a todo el que tenga en su casa más de 4 artículos relacionados con el cine que se anime a organizar una exposición sobre el tema. Da igual que tan sólo sea una goma de borrar de “La loca historia de las galaxias”, una careta de los chinos de “Spiderman”, una foto con un falso autógrafo de Ana Belén en “Zampo y yo” y una maqueta del detector de alienígenas marca Mikasa de “El milagro de P. Tinto”, porque ya será mucho mejor que la cutrez presentada en el centro de la capital.

Para recuperarnos del shock, asistimos a una de las mejores películas del festival, la hilarante y extraña nueva película de ese ex director de videoclips metido a cineasta de culto llamado Michel Gondry. Hacía mucho que no lloraba de risa en un cine y las tonterías de Jack Black y Mos Def lo lograron con creces.

El viernes ya suponía un esfuerzo considerable de resistencia, con tres películas y una sesión de cortos del festival de San Sebastián programados para la tarde. En los cortometrajes exhibidos hubo alguna curiosidad, pero nada que llamase la atención de forma remarcable. En cuanto a las películas, una ida de olla de un humorista japonés en una película de un superhéroe cobarde y venido a menos con puntos sumamente graciosos mezclados con partes extremadamente soporíferas en “El gran hombre de Japón”, una comedia romántica de las de toda la vida con buenos actores, buenas intenciones y guión lineal, previsible y agradable en “Penélope” y la enésima vuelta de tuerca del monotemático George A. Romero y su extensa tesis sobre los muertos vivientes. Un día bastante flojillo tan sólo animado por los discursos del descubrimiento del fin de semana, la simpática actriz Leticia Dolera. Tiene mucho mérito lanzarse delante de una enorme panda de frikis que, a no ser que seas Kevin Smith en un ataque de locuacidad ya que criticarán cada una de tus palabras, te silbarán, abuchearán y piropearán sin descanso. Su desparpajo e intento de conectar con la audiencia hizo que me cayera bien desde el primer momento, a pesar de que no dejáramos de meternos con ella.

El sábado era el día duro y crucial del experimento sociológico al que fuimos sometidos. Una película por la mañana y cinco a la tarde rallaba el límite del sadismo o la locura, pero eso no consiguió echarnos atrás, así que allí estábamos los más valientes, a las 12 de la mañana para asistir a “Las crónicas de Spiderwick”, una fábula basada en libro muy vendido, con personajes fantásticos y niño (en este caso niños) protagonistas. ¿A que a nadie le suena de nada?

Tras coger fuerzas en un asturiano a base de sidra y tapitas, nos lanzamos al extraño día de la marmota concentrado en el que se convirtió el resto de la jornada. Entrábamos, cogíamos sitio en la parte izquierda (siempre) del cine, veíamos la película, salíamos, nos daban un bote de intragable dulce de leche, hacíamos cola, comentábamos la peli, entrábamos… una espiral con la que todos llegamos a tener oscuras pesadillas.

Esa tarde contemplamos la complicada existencia de una coreana que se cree un cyborg y necesita alimentarse de la energía de unas cuantas pilas y su romance con un tipo que es capaz de robar las habilidades de la gente en “Soy un cyborg”, tres historias hiladas por tres directores diferentes sobre una señal electromagnética que convierte a la gente en paranoicos asesinos en “The signal”, una persecución de una agente del F.B.I. buscando a un psicótico asesino que mata a la velocidad que marquen los visitantes de su macabra página web en “Rastro oculto” (otro brillante cambio de título hacia uno imposible de recordar de aquí a dos meses), un enorme cocodrilo con gusto por los turistas torpes en “Rogue: el territorio de la bestia” y los traumas de un tímido y bondadoso personaje enamorado de una muñeca hinchable en “Lars, una chica de verdad”.

Así, burla burlando, llegó por fin el cuarto y definitivo acto. Estábamos hinchados de botes dulzones, teníamos la forma de nuestros culos en las butacas, los más valientes habían recomendado a Leti que no dijera tantos tacos, Carlos se había llevado una novia de plástico y aún nos faltaban cuatro películas más por ver. Una locura.

Así que todo acabó con las aventuras de dos vividores en un mundo en el que la caca humana es la principal fuente de energía y el gobierno controla los culos de la población mediante chips en “Aachi and Ssipack”, una soporífera película basada en un juego de consola de peleas que se distinguió por tener la menor densidad de peleas por centímetro de película del mundo en “Like a dragon”, una brutalidad sangrienta, gore y deliciosamente desagradable sobre una loca obsesionada por hacer una cesárea prematura a una chica en “L’interieur” y la confirmación de que Frank Darabont se gradúa “cum laude” en adaptaciones al cine de escritos de Stephen King con la historia de un pequeño pueblo haciendo frente a seres de otra dimensión en la interesante “La niebla”.

Sin embargo, en toda experiencia hay un reverso tenebroso y este caso no iba a ser menos. Hacia la parte de atrás, una pandilla de ruidosos especimenes con exceso de testosterona y ganas de dar la nota de forma continuada, decidieron que era menester aplaudir, vitorear y silbar cada muerte de zombie, cada mutilación y cada patada voladora de todas y cada una de las películas (me imagino que esta gente en Sitges o San Sebastián acabará con muñones de tanta efusividad). También había dos o tres genios de la palabra diseminados a lo largo de la sala que, en los momentos de silencio, decidía compartir alguna rara conexión neuronal con toda la sala, incapaz de retener su chascarrillo de todo a 100 en su círculo de proximidad. Me pregunto si será el mal funcionamiento de alguna glándula el que provoca estas mutaciones hacia la estupidez y si sucede por regla general en todos los festivales.

El caso es que en los próximos días, habrá críticas más o menos lúcidas (dependiendo del nivel de sopor de cada película) de las cintas del festival. Muchas gracias de nuevo a mis compañeros de correrías por hacer de él una experiencia única e irrepetible.

12 thoughts on “V MUESTRA DE CINE FANTÁSTICO DE MADRID

  1. Gracias a ti, salao, también ha sido un placer para mi, compartir estos días del festival contigo, espero que volvamos a coincidir, no solo en festivales, sino fuera de una sala de cine, para tomar algo donde la gente sea normal y no aplauda cuando alguien muere o se cae al suelo, jeje.

  2. No tengo vergüenza, mira que no citarte yo a ti en mi escrito…

    Para mi es un placer también el poder compartir estos días con todos vosotros, se me hará raro ir al cine sin tanta gente (friki) a mi alrededor.

    Un saludo

  3. Quedrilin: eso, eso, sitios donde la gente no aplauda cada 10 minutos… eso me gustaría. ¿Existen esos sitios?

    Stipey: jeje, yo es que soy un pelota. La verdad es que parece que todos vamos a tener un síndrome post-scifi…

    Saludos.

  4. La verdad es que ha sido toda una experiencia. No me creía capaz de ver tantas pelis sin echar alguna cabezadita, tengo que agradecer desde aquí a Pepsi y Coca-cola.

    Por cierto, en el emule no está la canción del final de Aachi & Ssipak. 🙁

    Un placer haber conocido a medio muchocine. Podríamos quedar algún día para merendar en los chinos de enfrente del Palafox, jeje…

    NaClu2

  5. Carlos: ¿y la de “Like a dragon” tampoco está? espera… ¿tenía alguna canción? Es más, ¿tenía argumento?
    Venga, quedamos para comer Chips ajoy de esas y luego unas sidras con dulce de leche!!

    NaClu2

  6. Bien, bien, Las Crónicas de Heitor ya forman parte de la Historia del Cine. Un placer poder ser parte de ellas.

    Voy a ver si me escribo un cuaderno de bitácora o algo…

    ¡Saludos!

    Plissken

  7. ¡Me niego a creer que ir tú solo a un festival de cine sea más duro que unas oposiciones!. A no ser que en ese festival proyecten una adaptación de la ley de Jurisdicción Contencioso-administrativa.
    Yo hace unos años estuve a punto de ir al de Valladolid, pero según me contaron los que fueron fue un rollazo, así que tuve suerte.

  8. Otro de Sanci: jeje, debí suponer que el chiste no caería bien a los opositores… si es que como me gusta meter la pata!!

    Reparito: Nada de tripis, sólo a base de comida basura y colalocas. Eso sí, lo bueno es que si te aburre siempre se puede echar una cabezada y las butacas eran muuuy blanditas.

    Saludos.

  9. Yo tengo que decirlo… ¡¡Este tipo se echó cada siesta……….!!

    No seas mentiroso que el más macho al final fue Carlos (aunque me odie). Y si me entero de que ha tirado la muñeca lloro.

    PD. Más duro que una oposición igual no pero igual de cansadito si que fue…

  10. Ana: más que echarse la siesta yo diría que optimicé mi tiempo de sueño desconectando el cerebro en momentos sabiamente escogidos, que había alguna de las pelis que no era para menos.

    Saludos.

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