TULLY

Diablo Cody y Jason Reitman forman un gran tándem creativo. Juntos concibieron “Juno”, la película que sacó a Cody de su etapa vital anterior y la introdujo de lleno en el mundo cinematográfico y que acabó de disparar a Ellen Page hacia el estrellato y, más tarde, crearon “Yount adult”, que además les uniría a esa diosa sudafricana con enorme talento interpretativo como es Charlize Theron.

Que se juntasen de nuevo en una aventura despertaba mi curiosidad, dada la destreza con la pluma de Cody para desmenuzar personajes femeninos interesantes, la capacidad de Theron para ponerse en sus pieles y la pericia de Reitman a la hora de plasmar todo eso en imágenes.

El guión de Diablo Cody sigue indagando en la psique femenina en la edad adulta y en este caso se introduce en la cansada mente y el desgastado cuerpo de una mujer que da a luz a su tercer hijo y trata de sobrevivir ante la indolencia de un marido demasiado acomodado a que la que lidie con el día a día sea ella, a la dificultad de criar a un hijo con necesidades emocionales especiales y a los recuerdos de una juventud que se rememora como un brillante y feliz estado irrecuperable.

En el momento en el que Marlo está a punto de colapsar de cansancio, con la mente cargada de preocupaciones por culpa de un sistema educativo que pretende quitarse de enmedio a un estudiante diferente y las ojeras abriéndose camino en el rostro, su hermano, un tipo ricachón, pagado de sí mismo y paternalista, le muestra un posible camino hacia una rutina diaria menos estresante: una canguro nocturna. Una muchacha que se ocupe del bebé recién nacido mientras ella recarga baterías con una calidad de sueño mejor.

La llegada de esta vivaracha muchacha, la Tully del título, no sólo le dará un respiro físico, sino que hará que se reencuentre consigo misma, que recupere autoestima, que busque sus necesidades largamente olvidadas y que, de alguna manera, reordene una cabecita que parece haber perdido algo el norte.

A través de la relación entre ambas mujeres, Cody nos muestra el estado psicológico de muchísimas madres, que han tenido que renunciar a sus carreras mientras sus parejas continúan prosperando y que emplean todas sus energías en mantener a flote una familia poniendo sus necesidades vitales y sus sueños a la cola de prioridades.

Para esto era necesario una química especial entre las dos actrices protagonistas y la relación en pantalla entre Charlize Theron y Mackenzie Davies, a la que hemos podido ver en películas como “Marte” o “Blade Runner 2049”, es pura química.

La primera transformó (nuevamente) su cuerpo para encarnar a una mujer que ha parido tres hijos y que lo último en lo que puede gastar su tiempo es en ir a una clase de zumba y refleja en cada expresión del rostro el excesivo cansancio y la resignación que se han apoderado de ella.

La segunda es chispeante como el descorche de una botella de Lambrusco, tiene toda la energía que se le supone a una muchacha hiperactiva de veintipico años y, al mismo tiempo, hace creíble la cantidad de conocimiento vital que otorga el contrapunto al personaje de Marlo.

La película vuelve a tener el ritmo que imponen la cámara de Reitman y la escritura de Cody, con fantásticos diálogos y escenas para el recuerdo, como el montaje del viaje en coche con las míticas canciones de Cyndi Lauper, hasta llegar a un desenlace perfecto para poner la guinda al viaje interior de Marlon.

Jason, Charlize, Diablo, podéis seguir juntándoos a tomar cañas todas las veces que queráis a ver si siguen surgiendo historias originales como ésta. El mundo del cine está necesitado de ellas.

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