TRUE BLOOD

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Fin al periodo sabático. Mi cuerpo había vuelto hace ya una semana al curro, pero mi mente aún se encontraba rodeada de polvorones, cotillones y guirnaldas de colores chillones festejando la vagancia de las vacaciones. Entre la inactividad neuronal y el no haber acudido al cine desde antes del periodo navideño, no me había pasado por aquí para actualizar la bitácora del reino de Nunca Jamás. Pero, como bien reza el dicho, a falta de cines, buenas son series, sobre todo con el aluvión de grandísimas historias que nos llegan desde la televisión usamericana de un tiempo a esta parte.

No hace mucho, acabé de ver la primera temporada de “True blood”, un cuento sureño de vampiros, racismo e intriga que viene de la mano del creador de “A dos metros bajo tierra” y que acaba de recibir un globo de oro a la mejor actriz de drama por el trabajo de Anna Paquin, aquella pequeña niña que era la voz y los sentimientos de Holly Hunter en “El piano” y que subió emocionada con tan sólo once años, incapaz de pronunciar ningún sonido, a recoger un oscar a la mejor actriz secundaria.

Que pesadito he vuelto, hay que ver qué dos interminables párrafos de introducción. Dejémonos de literatura barata e hinquémosle el colmillo al argumento de la serie.

“True blood” está basada en una serie de novelas de la escritora Charlaine Harris sobre el personaje de Sookie Stackhouse, una adolescente con capacidad para escuchar los pensamientos de los que la rodean, que vive en un pequeño pueblo de Louisiana en la actualidad, en una realidad paralela en la que los vampiros tratan de adaptarse a la sociedad gracias a que los nipones – siempre ellos – han conseguido fabricar un refresco de sangre sintética que permite a estos seres nocturnos y eternos sobrevivir sin tener que hincarle las fauces a algún humano despistado.

Pero la inserción en la sociedad no es fácil. Por un lado, nos encontramos una raza mucho más antigua que la nuestra, más sabia y más poderosa en la que una gran mayoría de sus integrantes nos consideran bolsas de comida rápida o, en el mejor de los casos, simples esclavos sexuales. Por otro lado, está la intransigencia propia de los pueblos pequeños, en los que todo el mundo se conoce, el más pequeño de los cotilleos se comenta entre birra y birra en el bar de la localidad y la llegada de cualquier extraño es mirada con desconfianza y recelo, más aún si el desconocido tiene afición por el refresco de glóbulos rojos.

Estos vampiros modernos atienden a algunas de las reglas clásicas que hemos visto en el cine y la literatura a lo largo de la historia. No pueden ver la luz del sol si no quieren acabar convertidos en vampiro a la brasa, mueren si se les clava una estaca en el corazón y poseen una fuerza bastante superior a la nuestra. Por otra parte, las cruces y demás elementos religiosos son inofensivos para ellos, tienen problemas con la plata y su propia sangre resulta ser un psicotrópico bastante potente para el género humano amén de un potente afrodisíaco.

Con todos estos elementos se construye una historia donde las supersticiones sureñas, el sexo, la adicción, el racismo – por ambas partes –, la incomprensión, el asesinato, el fanatismo religioso, la brujería y los problemas familiares se mezclan de manera perfecta entre unos personajes muy bien trazados y bastante particulares, que por momentos recuerdan a la fauna que poblaba aquel extraño pueblo de “Twin Peaks” hace ya casi un par de décadas.

La primera temporada ha rematado entre comentarios elogiosos por parte de crítica y público y, una vez asentados los personajes en la retina del televidente, las tramas secundarias empiezan a tomar fuerza dejándonos la duda de cómo discurrirá la convivencia entre las dos razas. Tendremos que esperar hasta el verano para comprobar en qué queda esta historia de Romeo y Julieta moderna entre Sookie y Bill, aderezada con pinceladas a lo Agatha Christie. Esperemos que no se acabe desinflando como le ha pasado a otras series que empecé ensalzando por estos lares.

4 thoughts on “TRUE BLOOD

  1. Estoy a falta de 2 episodios para ver la temporada entera. Una serie estupenda, muy arriesgada (no recuerdo haber visto tanto sexo y sangre en una serie de TV en… nunca), que a veces roza el ridículo por algunas de las situaciones que plantea, pero que engancha como pocas. Barrunto un considerable peligro de desinfle si no se mantiene el pulso firme, espero que Alan Ball sepa lo que hace. Grande Anna Paquin, que por fin puede lucirse (después de los chorrocientos años que han pasado desde “El piano”) a gusto, me alegro por su Globo. Saludos.

  2. No sé si será exagerado el globo de oro para la Paquin, porque tiene tanto secundario resultón que me sería difícil nombrar a uno por encima de los demás, pero está claro que la chica lo hace bien.
    Yo, optimista por naturaleza, confío en que consigan mantener el nivel de la serie y que nos de aún unas cuantas temporadas de alegrías.
    Tanta serie por ver y tan poco tiempo…
    Saludos.

  3. Qué pinta tan estupenda tiene esa serie!!! No la echan en ningún canal, ¿verdad?

    Hablando de series, te recomiendo una, Pushing Daisies (o Criando Malvas, en español) es muy Burton, mucho color, algo extravagante, personajes especiales y una historia curiosa; la de una panadero que tiene el don de devolver la vida a las cosas muertas con un toque, peeeroooo….

    Aunque igual ya la conoces, si la ves, ya me dirás

  4. La conozco, la conozco… me encanta el tono, el ambiente cursilón y subido de azúcar, los diálogos rápidos e ingeniosos y los actores, incluído el perro. Aunque también es cierto que se me hace más difícil ver varios capítulos seguidos de ella, acabo con un exceso de buenrollismo.
    Parece que no triunfó demasiado en Usamérica, ya que la cancelaron al finalizar la segunda temporada.

    Saludos.

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