TROLLS / TARDE PARA LA IRA / EL ÚLTIMO ACTO / THE NEON DEMON

Dado que voy extremadamente atrasado con las opiniones pendientes de películas ya vistas y ante la perspectiva de que el año está llegando a su fin, se avecinan vacaciones en las que poco más haremos que comer, beber y reír y que el gran estreno de las navidades llega hoy mismo a las pantallas y requerirá atención completa y dedicada, voy a hacer un pack de valoraciones de aquellas cintas que nos han quedado pendientes.

Así, con suerte, por esta nave estelar habrán pasado la gran mayoría de películas que he visto durante este curso y estaré en condiciones de elaborar la tradicional lista de cintas que más me han gustado del año, podréis tomaros un tiempo en maldecirme y constatar que no tengo ni puñetera idea de cine y nos prepararemos para la llegada de un nuevo periplo de estrenos y sorpresas.

Así que, sin mayor dilación, vayamos con esas cuatro películas que nos han quedado en la recámara.

TARDE PARA LA IRA

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La primera película como director de Raúl Arévalo ha sido una agradable sorpresa en el panorama nacional. Parece ser que ya venía apuntando maneras desde sus cortometrajes pero el que su opera prima se haya posicionado como uno de los mejores proyectos españoles del año, es algo que poca gente se esperaba.

Y es que este thriller que se mastica lento y en continuo ascenso, tiene una planificación y una ejecución ejemplar, que recuerda a algunos referentes muy potentes y se halla plagado de grandes interpretaciones. Una por momentos claustrofóbica venganza pochada a fuego muy lento que recuerda al Peckinpah de “Perros de paja” y al tono del cine español de personajes marginales de los años 70. Un cine sucio y que se mueve entre barrios obreros que atrapa con esa violencia soterrada que supura por los poros de casi todos los personajes.

La historia, de violencia calculada y fría, que se va desvelando poco a poco a lo largo del metraje, está magníficamente interpretada por gente de talento desmedido como Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz o Manolo Soto, tipos capaz de aportar veracidad a casi cualquier texto y que disfrutan cada palabra imaginada por Arévalo y David Pulido.

No ha sido mucho el cine español que he acudido a ver este año, la verdad, pero me alegro de que esta peli haya sido una de las elegidas.

TROLLS

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Cuando me enteré de que este proyecto iba a hacerse realidad, torcí el morro. Una película basada en los coloridos y horteras juguetes de Hasbro no parecía más que una jugada para relanzar las ventas, un estreno destinado a padres despistados que renuncian a hora y media de vida para que sus retoños sufran una saturación de glucosa y pidan desesperadamente un duendecillo punky en las navidades.

Me equivoqué.

Resulta que la entrada como productor y actor de doblaje de un tipo tan listo como Justin Timberlake ha debido poner las pilas a los responsables y la historia ideada por Erica Rivinoja, habitual en los guiones de “South Park” y otras series cómicas y guionizada por Glenn Berger y Jonathan Aibel (“Kung fu panda”, “Monstruos contra alienígenas”) es una locura plagada de humor a costa del aspecto y el mundo psicotrópico de los juguetes con mucha gracia.

Los coloridos trolls son seres exultantemente alegres que pasan el día cantando, bailando y dándose abrazos de forma periódica y regular que viven acongojados por la posibilidad de que unos gigantes feos y tristes los cojan para comérselos y vivir, de esta forma, unos instantes de pura felicidad que son incapaces de conocer de otra forma. Un poco la relación que viven los Fraggle y los Goris.

La cantidad ingente de versiones cantadas por Anna Kendrick, que dobla a la reina marchosa, y sus secuaces unida a las gracietas sobre el edulcorado mundo en el que viven construyen una película muy, muy divertida.

Al final, lo que podía haber sido un largo espacio de promoción de cara a las cartas a los reyes magos ha resultado ser una de las opciones infantiles más interesantes de este final de año.

EL ÚLTIMO ACTO

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De forma similar a cómo me equivoqué prejuzgando la película anterior con un resultado positivo, me ocurrió aquí, aunque al revés. Aunque no de forma tan agudizada. Lo que creía que iba a ser un viaje de aprendizaje del genio y la aprendiz por medio de una relación que comienza en la bordería y remata en la amistad, todo ello presidido por una actuación central majestuosa, se me ha quedado por debajo de las expectativas y superada por muchas otras cintas del mismo palo.

Y no es que la película esté mal o sea aburrida, pero se queda todo en poco más que una sucesión de anécdotas, unos cuantos diálogos brillantes, menos de los que me esperaba y, eso sí, una actuación central majestuosa. Porque es casi imposible darle el papel protagonista a Brian Cox, darle espacio para que se luzca con ese actor clásico retirado y gruñón y que no te brinde una verdadera lección de actuación.

Tampoco es que sea el único que sobresale en la película. El trabajo de su partenaire, la austríaca Coco König está a la altura, proporcionando una sólida réplica al trabajo del actor escocés y no hay ni un sólo actor o actriz de reparto fuera de su sitio.

El problema es que, cuando todo acaba, apenas ha dejado poso. Todo discurre de forma armoniosa y simpática, por lugares predecibles y con una total ausencia de riesgo. Intuimos, al poco de empezar, la manera aproximada en la que va a acabar y sabemos que es poco probable equivocarnos. Y nos deja con una sonrisa en la boca y una gran probabilidad de no acordarnos demasiado de la película en semanas venideras.

THE NEON DEMON

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El realizador danés Nicolas Winding Refn se hizo famoso con esa película de colores neón, relajante música electrónica y de constante violencia soterrada a punto de estallar llamada “Drive”. La vi en su día y me encantó. Una de esas pelis hipnóticas, con pocos diálogos pero muy bien filmadas, protagonizadas por esos antihéroes que pierden todo el rato.

El problema es que al colega Nicolas también le encantó. Y se encantó.

No llegué a ver su siguiente película, “Sólo Dios perdona”, que recibió críticas positivas y negativas casi a partes iguales y he llegado a esta extraña y retorcida fábula sobre el mundo de la moda y de la imagen con el conocimiento de que gran parte de las voces que escriben sobre cine la ponían a caer de un burro. Sin embargo, al Maestro de Motores le gustó, gracias a esa cualidad que posee que le hace pensar que algunas películas son una enorme broma de su director.

Tras verla, no coincido con él. Creo que Nicolas se sigue gustando mucho a sí mismo y quiere vendernos la moto de una historia vacía y ricamente vestida con la excusa de estar aportando una analogía sobre las almas vacías y negras de los que han caído en la cruel espiral competitiva del mundo de las modelos.

Yo, no he tragado.

Entiendo lo que intenta contarme. Que la dulce e inocente Jesse, recién llegada del rural, con una belleza natural que cautiva a los profesionales del medio por encima de las bellezas artificiales y recauchutadas, va absorbiendo la inquina y la vanidad del mundo en el que se mueve y se ve cada vez más amenazada por las envidias insanas de las supermodelos que la rodean. Y puedo entender el giro hacia el humor negro y el cine de terror y casi brujería que va tomando la cinta a medida que avanza.

Entiendo eso y en algún momento podría llegar a comprarlo. Lo que no perdono, es el aburrimiento de unas escenas plásticas y onanistas de un director que se gusta demasiado.

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