TOY STORY 3

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Hace mucho, mucho tiempo, el cine de animación estaba considerado como un género menor, destinado a los ojos de los más pequeños y que los adultos, salvo excepciones, estaban obligados a sufrir como figuras de acompañamiento. Eran los tiempos en que las series de televisión eran el primo menor (y medio tonto) del cine, en que para salir en la pantalla chica había que poseer alguna habilidad especial, en que los chicles mantenían su sabor más de 5 minutos en la boca y en que los sueldos y los precios de las casas tenían una cierta correlación. Pero todo esto, lo bueno y lo malo, no duraría eternamente.

Con el tiempo, llegó la especulación inmobiliaria, desaparecieron los chicles “Bang Bang”, apareció gran hermano, se hicieron series como “Los Soprano” y, el mayor acontecimiento desde que Fleming descubriese la Penicilina, aparecieron en escena una pandilla de genios adictos a las historias y los ordenadores con su primer largometraje, una historia de juguetes pensantes llamada “Toy story”. Woody y Buzz Lightyear pasaron rápidamente a ocupar el espacio vip de la memoria cinéfila de millones de adultos y pequeñajos de todo el mundo y comenzó el reinado indiscutible en el mundo de los largometrajes (y cortometrajes) de dibujos animados.

Quince años y diez películas más tarde, nos llega a las pantallas una nueva proeza de estos dioses del mundo del cine. El cierre de la que puede ser considerada como la trilogía de oro del mundo del celuloide. No creo quedarme corto al opinar que han sido los únicos héroes capaces de continuar una saga (tanto animada como de acción real) durante tres episodios superándose en creatividad, genio, técnica y éxito en cada película (al menos a la espera de que Christopher Nolan nos sorprenda con su tercera inmersión en el universo de Batman). Pixar pone el cartel de “The end” a las aventuras de los juguetes de Andy realizando una absoluta obra maestra.

En nuestro propio homenaje a nuestros ídolos, Elisa y yo decidimos asistir al nuevo regalo de Pixar de la mejor manera posible: el día del estreno y en los cines IMAX, los mejores en cuanto a calidad de imagen, técnica de tres dimensiones y tamaño de pantallaca. Ambos nos reimos, nos emocionamos, nos volvimos niños de nuevo y flipamos en colores y 3D con la película.

Ya desde el arranque de la misma, con una escena que bien podría ser un homenaje al mejor Steven Spielberg y su apertura de la magnífica ultima cruzada de Indy, en la que vemos una historia que transcurre en la imaginación de Andy y en la que sus juguetes son los absolutos protagonistas, sabemos que estamos ante algo muy grande. El nivel inicia el vuelo muy alto para no soltarlo ya en todo el metraje y a continuación nos muestran un recorrido en la vida de la pandilla “juguetil” en su universo-habitación (un poco al estilo del impresionante arranque de “Up”, pero con menor intensidad) para llegar al punto actual, en el que el chaval se ha hecho mayor, debe ir a la universidad y los juguetes, que llevan tiempo sin participar en batallas, búsquedas y demás vicisitudes épicas, se enfrentan a su destino: la donación, el destierro al trastero o su fin en la basura.

En este punto, John Lasseter (una ola para el caballero, por favor), Andrew Stanton y el director Lee Unkrich, creadores de la historia, y Michael Arndt, su guionista (así como de la deliciosa “Pequeña Miss Sunshine”), parten del esquema básico de las dos entregas anteriores, una equivocación o un mal paso que da lugar a la aventura, para asombrarnos con un sentido del ritmo, del espectáculo, de la épica y del cine en general, fuera de serie, homenajeando a géneros y a amigos con el tacto de un tallista de gemas.

No quiero contar demasiado, porque lo genial es que te vaya sorprendiendo, pero sí puedo contaros que las nuevas incorporaciones de personajes siguen siendo brutales. El papel de Barbie ya había aparecido brevemente en la anterior entrega, pero en ésta toma más protagonismo al aparecer Ken en escena, pareja que se reserva algunas de los mejores momentos cómicos de la película, junto con el señor Patata, los momentos “románticos” de Buzz Lightyear y el clásico mono que toca los platillos, que tiene un par de escenas desternillantes. En cuanto a la aparición de Totoro, uno de los personajes del maestro Miyazaki, demuestra la amistad que mantienen éste y Lasseter desde hace años y es un guiño a los amantes del mejor anime y la demostración de que ser colega de este gordito de camisas excéntricas tiene que ser todo un lujo.

En lo concerniente a los géneros, el amor por el cine de los miembros de la compañía del flexo sigue fluyendo en torrentes en cada imagen, en cada plano (no he visto ninguna otra productora de pelis de dibujos que planifique de esa forma tan cuidada los planos), en cada línea argumental. He disfrutado de lo lindo con esos homenajes al género de gangsters, al las películas de evasiones, al western, a las películas de terror y los “slasher”, a la “screwball comedy”, al cine de aventuras, al drama… una concepción tan entrañable del cine que consigue mezclar en una marmita todos los posibles ingredientes y dar una verdadera lección de cultura fílmica.

Es imposible, a no ser que uno tenga el corazón de cartón-piedra, no emocionarse con el final de la película y muy posiblemente de la saga de los juguetes. Pixar demuestra el profundo cariño que siente por los personajes y les da un final emotivo y cuidado, dejando de lado el sentimentalismo barato, para a continuación, como en los mejores conciertos, subir el ánimo del personal con pequeños epílogos durante los títulos de crédito absolutamente desternillantes.

Pero, por si fuera poco dejar para la posteridad este tratado de cine, como es costumbre en estos magos, nos ofrecen también un bonustrack antes de la película. Un cortometraje en el que demuestran cómo utilizar el 3D sin poner la tecnología por encima de la imaginación. Un derroche de glamour visual en una historia sencilla y ocurrente, en una batalla de egos entre el día y la noche.

Poco más se puede (o debe) contar en una crítica. Tan sólo recomendar a grandes y pequeños, altos y bajos, gordos y flacos, terrestres y extraterrestres, humanos y juguetes, que vayan a ver sin falta esta explosión de genio y ya luego, nos juntamos y repasamos los chistes, los personajes y las escenas delante de un enorme batido de chocolate, mientras esperamos, un año más, a que vuelvan los hijos de Luxo jr. a abrirnos mandíbulas y ojos de par en par.

4 thoughts on “TOY STORY 3

  1. Desde luego… oscar ya para ese crack de la iterpretación!!
    Pido disculpas en nombre del inútil de mi blog, que de vez en cuando le da por borrar comentarios. No lo hace adrede, es que lo han programado así.

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