TIANA Y EL SAPO

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Decidme, ¿cuál es vuestra película de Disney favorita? Me refiero a las de la casa de los sueños, sin ayuda del dios Pixar. La que, desde 1937, cuando se estrenó el primer largometraje de animación de la compañía, ha sabido colorear nuestra imaginación infantil y llenarla de princesas, enanos, magia, animales parlantes, romanticismo, genios, emoción, tristeza y un sinfín de materiales de construcción de nuestros sueños.

Algunos seréis unos clásicos y os iréis a las antiguas historias, repletas de artesanía e inocencia: Blancanieves, Cenicienta, Pinocho, Dumbo o Bambi. Otros os iréis hacia los recuerdos infantiles más gastados y veréis a Merlín el encantador, Robin Hood, Los aristogatos, El libro de la selva o Los rescatadores. Seguro que los más, optaréis por su época dorada moderna con La sirenita, La bella y la bestia, Aladdin o El rey león. Pocos, muy pocos, sacará su mejor película de las posteriores Pocahontas, Hércules, El jorobado de Notre Dame, Mulán o Tarzán. Y desde Tarzán a la actualidad, en esta última época, la debacle. Apuesto fuerte a que nadie pondría en lo más alto del podio a Dinosaurio, El emperador y sus locuras, Atlantis: el imperio perdido, El planeta del tesoro, Zafarrancho en el rancho, Salvaje o Descubriendo a los Robinsons (seguro que de algunas ni siquiera habéis oído hablar), por no mencionar las horribles segundas y terceras partes que se atrevían a mancillar los clásicos.

Todo esto debió ser lo que se le pasó a John Lasseter por la cabeza cuando le pidieron que intentara enderezar la compañía, después de observar las altas cotas a las que había lanzado a Pixar y de ver cómo salvaban el crédito productos como Hannah Montana, los Jonas Brothers o High School Musical. ¡Vaya papelón! ¿Como lidiar con una compañía que intenta alimentar nuestra parte infantil, cuando está llena de directivos, burócratas y animadores y guionistas hastiados?

Nada más entrar, recogió un proyecto a medio empezar, que tenía toda la pinta de acabar como carne de videoclub, replanteó toda la historia, enfadó a muchos, animó a unos pocos y consiguió un primer y pequeño tanto con “Bolt”. Pero aquello no era lo que tenía en mente.

Sin pausa ni para cambiarse la camisa hawaiana, decidió que para conseguir llegar al corazón de la gente, había que volver a los orígenes. Volver a la animación tradicional, a las grandes historias, a los secundarios inolvidables, a las canciones que quedan en la memoria. Volver como fuera, a esa época dorada que llevaba una década sin dar señales de vida.

Así nació “Tiana y el sapo” y es cierto que recuerda a todo lo que nos gusta de nuestras películas favoritas. Hay una historia de superación, tenemos un par de protagonistas guapos y simpáticos, tenemos secundarios graciosos y con carisma, tenemos canciones a cargo del genial Randy Newman, tenemos un malo con personalidad. Tenemos magia, jazz, aventura, emoción, romanticismo, tristeza, superación, moraleja. Lo tenemos todo… y aún así, nos sigue faltando algo. Quizá porque se quiere parecer tanto a lo que queremos volver a ver, que en una absurda jugada mental, nos acaba decepcionando un poquito, aunque nos deje con la sensación de que Disney ha vuelto para quedarse durante mucho tiempo y de que ha reunido energías para volver a pelear por los veredictos favorables de los niños de todo el planeta (entre los que me incluyo).

Cada escena nos lleva a algún momento mítico ya vivido y aún así, pelea a cada momento por ser original. Tenemos una heroína de raza negra, nos situamos en el Nueva Orleáns más profundo, mágico y musical, hay vudú y escenas que parecen sacadas de un cartel de los felices años 20 y la historia es un cuento infantil dado la vuelta como si de un calcetín se tratase. Están todos los ingredientes para volver a construir una película mítica y de tanto esfuerzo, se nos queda sin empuje para llegar.

Aún así, se queda cerca. Muy cerca. Y quizá, cuando los niños de ahora lleguen a la treintena y piensen en sus películas de animación de Disney favoritas, recuerden a una chica de color que quería ser dueña de un restaurante, a un príncipe vago y simpático, a un cocodrilo virtuoso con el jazz en las venas, a un “luciérnago" paleto y perdidamente enamorado o a un oscuro y escurridizo experto en vudú.

Quizá era yo, quien ponía tantas ganas en volver a disfrutar un clásico, que no me di cuenta de que estaba delante de uno.

El tiempo lo dirá.

One thought on “TIANA Y EL SAPO

  1. A mí me encantó la verdad.
    No me lo esperaba para nada.
    Con el trailer y eso pensé que iba a ser Disney de las malas.
    Pero me gustó mucho. Me gustó la historia, la protagonista. Es moderna, es divertida y tiene una música genial 😛

    Kimuko

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