THE DESCENT PART 2

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El día tocaba a su fin. Habíamos pasado ya por una selección de cortos, una película de ciencia-ficción con tintes filosóficos y un thiller repleto de giros de guión, así que, para darle una vuelta al cine de género, tocaba acabar con un poco de cine de sustos.

Siempre me ha gustado diferenciar entre cine de terror y cine de sustos. No es ésta una diferenciación elitista, ni estoy poniendo una categoría A y una B para un mismo género, sino que ambos me gustan y veo necesario que convivan, pero cada uno tiene elementos que lo diferencian del otro y le otorgan su propio universo.

Una película de terror puede estar plagada de sustos, así como una de sustos puede imprimir terror del bueno en ciertos momentos, llegando a solaparse su radio de acción, pero lo más usual, en un cine plagado de clichés como el que vivimos actualmente, es que cada película se asiente sin prejuicios en uno de los dos bandos, buscando su objetivo de público. Ilustremos con algún ejemplo.

Una película de terror tiene la obligación de mantenerte en tensión durante gran parte del metraje, de dibujar personajes y situaciones con detenimiento y esmero, de desarrollar la trama como un todo en el que somos capaces de sumergirnos, como si de un cuadro viviente se tratase. El fondo prima sobre la forma y puede que al acabar, no hayamos dado ni un solo bote (puede que sí), pero habremos dejado en los apoyabrazos de la butaca unos surcos con la forma de nuestras uñas. Algunas películas que, para mí, ilustran esta categoría son “Psicosis”, “El sexto sentido”, “La profecía”, “El exorcista”, “Al final de la escalera” o la reciente “Paranormal activity”.

La película de sustos tiene un ambiente diferente. Es su prima macarra, desenfadada y divertida. El diseño de las escenas, la música y el ritmo cobran importancia frente al desarrollo de la historia, pero ojo, no estoy diciendo que el guión no sea importante, siempre es importante. Al acabar la película, habremos pegado algún salto (número extremadamente variable según la experiencia en este tipo de películas y el grado de nerviosismo de cada uno), nos habremos reído y el nivel de adrenalina habrá alcanzado cotas elevadas. Ejemplos personalísimos: “Halloween”, “Tu madre se ha comido a mi perro”, “Scream”, “Leyenda urbana”, “Amanecer de los muertos” o “Alta tensión”.

Una vez que os he aburrido con esta larguísima introducción a mis empanadas mentales sin ninguna utilidad, vayamos a la película que nos ocupa, una secuela de una angustiosa y claustrofóbica cinta británica del 2005, claramente situada en la categoría de “película de terror”, que me cautivó cuando la vi. En ella, un grupo de amigas, se iban juntas a hacer espeleología, con tan mala suerte que se encontraban con una legión de hombres-topo grimosos y sangrientos. Algunos espectadores vieron una pseudo-alegoría al trauma del nacimiento, al ser protagonizada sólo por mujeres, entrar en un lugar oscuro y húmedo y con un final bastante gráfico para los que exponían tal idea. Pero lo importante es que aprovechaba a las mil maravillas el escenario para mantener al espectador en un nerviosismo perenne.

Evidentemente, el éxito de la anterior entrega, volvió locos a los productores, que no se lo pensaron dos veces (de hecho, pensar no suele ser su fuerte) para lanzarse a la realización de una segunda parte, de la que el director y guionista de la primera, Neil Marshall, parece que se ha desvinculado por completo, de forma bastante inteligente.

Lo bueno de la primera, es que no sabías lo que te esperaba dentro de las cuevas y era el miedo a lo desconocido lo que acojonaba. Ahora, está todo mostrado y sólo cabe explotar lo que tan buenos frutos ha dado, así que la película ha derivado hacia la siguiente categoría: “película de sustos”.

Si conseguimos cambiar el chip y no esperarnos experimentar lo que nos aportó la primera, entonces nos lo pasaremos bien. Los bichos aparecerán casi desde el comienzo, la tensión y el drama de las amigas será sustituido por el humor y los personajes extravagantes y el ritmo adoptará un par de puntos más de locura, construyendo un tipo de película radicalmente diferente.

Y así, con el divertimento puro en una secuela que no tiene nada que ver con la vibrante primera entrega, que aprovecha el tirón del título para cambiar de perspectiva y en la que la grada pudo dar rienda suelta a las ganas de jolgorio en forma de silbidos, carcajadas y chascarrillos en voz alta, dimos por concluido el primer día denso de festival. Tocaba ahora descansar a toda pastilla para poder afrontar el día realmente duro: el sábado mortal.

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