THE APOSTLES

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Hace unos años, pudimos ver en el festival SyFy de Madrid, una película de dibus japonesa que era una auténtica locura de mezcolanzas de géneros e ideas. Quizá os acordéis del la críti… vale, vale, podéis detener ahí las carcajadas. Los que hayáis visto la peli la recordaréis seguro. Se llama “Summer wars” y lo que empezaba como un relato de amores adolescentes daba lugar, a medida que avanzaba una trama cada vez más psicotrópica, a una épica batalla de naipes en un mundo cibernético. Ahí es nada.

“Summer wars” es una puñetera obra maestra. Los estilos están mezclados con tal maestría que te acaba dando igual a qué género pertenezca el tinglado. Lo único que importa es que acabas emocionado y zarandeado por la inmensa cantidad de imaginación y gritando “KOI KOI” como un poseso.

Quizá influya que sean dibujos o quizá es que el director consigue introducir paulatinamente cada elemento de forma tan natural que no se produce el divorcio entre el espectador y el planteamiento de la peli en ningún momento.

El caso es que, por desgracia, “Summer wars” es un rara avis en este tipo de experimentos. La mayoría de las veces, cuando se intenta mezclar ingredientes que, a priori, no pegan ni con cola, lo que suele pasar es que, efectivamente, no pegan ni con cola y sobreviene el desastre. A la que te descuidas, acabas echando ácido clorhídrico encima de sulfato de sod… de cloro, no, sufato de… bueno, no sé de qué, hace una reacción que flipas, sale gas amarillo por ahí y, vamos, que la lías parda.

“The apostles” la lía muy parda. Lo que empieza como un thriller de misterio muy a lo Paul Auster, con una mujer con pérdidas muy extrañas de memoria que pierde a su marido en un accidente de avión y descubre que estaba liado con otra, también muerta en el mismo siniestro, que a su vez ponía los cuernos a otro tipo, con el que la primera se alía para desentrañar un misterio, acaba de forma muy, pero que muy marciana. Y el adjetivo no está elegido al azar.

La penuca es que todo comienza muy bien. Con una atmósfera muy conseguida, un rollito “Memento” en el que no sabes qué está pasando ni a quién creer, una protagonista muy creíble, encarnada por Josie Ho, la excelente actriz que nos asombró en “Dream home” y una búsqueda con su parte onírica que promete. Hasta que al director y guionista, Jo Chien, le da por coger ideas del Templo Maldito, de Star Trek, de las pelis de fantasmas chinos y del Spaghetti Volador sabe dónde y se marca una recta final digna de frenopático.

Al final, de la peli, casi todos mis acompañantes habían claudicado y echaban pestes del engendro pero yo no sabía muy bien qué opinar. La peli me tuvo entretenido una gran parte del tiempo esperando respuestas y, cuando estas se dieron, resultó que por el medio alguien había cambiado las preguntas. Ese alguien, probablemente, vaya con un embudo en la cabeza y la mano por dentro de la camisa proclamando ser Napoleón, sí, de acuerdo. Lo que no se puede decir es que no me haya sorprendido.

De hecho, me sorprendí y solté alguna que otra carcajada en esos momentos finales. ¿Que fueron un poco por culpa de la vergüenza ajena? Puede. Pero no se le puede negar al director cierta valentía a la hora de vomitar ideas. ¿Es la valentía estúpida del que se lanza contra el ejército enemigo con una lima de uñas y un tirachinas y muere resbalándose con una piel de plátano antes de llegar a batirse el cobre? Es probable. Pero es valentía al fin y al cabo.

Vamos, que me resultó simpática.

No me odiéis.

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