THE AMAZING SPIDERMAN

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La época de Sam Raimi al frente del trepamuros tocó a su fin. Igual que pasaron, en las páginas de colorines, las épocas de Steve Ditko, John Romita o Todd McFarlane y eso es lo bonito de los comics de superhéroes. Ese concepto de multiverso, de las mil vidas, de las mil visiones, de los mil dibujantes. El personaje no muere, sino que se reinventa y vuelve a empezar o continúa bajo otras miradas, otras plumas, otras ideas. Por eso a mí, particularmente, no me importa que un héroe sea “rebooteado”, como se dice ahora. No lo considero un remake, sino una nueva etapa de un personaje que puede tener multitud de enfoques. Unos nos gustarán más y otros menos, pero lo suyo es que un mismo héroe no se quede demasiado tiempo bajo la batuta de un realizador, sino que se renueve cada cierto tiempo.

Cuando leo por la red si necesitábamos un nuevo Spiderman pienso, ¿y por qué no? Se lleva haciendo toda la vida en el papel. Si no, los héroes tendrían una vida plena, ingresarían en geriátricos especiales para tipos con mucha licra en los armarios y morirían en una pelea por la gelatina de postre en el comedor y habría que inventar otros. Y por supuesto que está fenomenal descubrir nuevos seres adalides de la justicia y el paquete ajustado, pero a los nostálgicos nos sigue gustando ver nuestras aventuras de la infancia entre las viñetas de los tebeos o quemando CGI a mansalva en una sala de cine. Soy de los que pondría el grito en el cielo si me sacan un remake de “Los goonies” o “E.T.” (al paso que vamos, todo llegará), pero que recibe con alborozo y volteretas para atrás con doble tirabuzón la llegada de una nueva película marveliana o de DC.

Dicholocualo, no tengo que deciros que acudí sin demora a la nueva andadura del superhéroe con el que más tardes he pasado entre hojas desgastadas de cómics, de telaraña en telaraña, balanceándome entre los altos rascacielos de la Gran Manzana, esquivando al malhumorado J.J., batiéndome el cobre contra clásicos como El hombre de arena, El buitre, Electro o Mysterio y enamorándome de Gwen Stacy o Mary Jane Watson. El nuevo comienzo de vuestro vecino y amigo Spiderman.

¿El veredicto? Pues hay cosas que me gustaron más, cosas que me gustaron menos y algunas partes que no terminan de cuajar en la traslación del papel al fotograma. Vayamos por orden.

La historia de Peter Parker vuelve a empezar y, esta vez, sus padres son grandes protagonistas invisibles, ya que lo abandonan de forma forzosa en casa de tío Ben y tía May, huyendo de alguna trama conspiranóica. ¿Acierto o fracaso? Pues por mí bien. Todo nuevo misterio añadido a la historia que todos conocemos, es recibido con curiosidad. La pena es la imposición que trae consigo un reinicio del personaje: su introducción. La obligación de ponernos en situación, de definir su mundo, sus amistades, sus debilidades, sus querencias, su entorno. Eso supone más de una hora hasta que las mallas enfundan sus músculos y se pone a repartir estopa. Un prólogo, en este caso, pelín abultado, con lo que uno llega ligeramente cansado al cenit de la obra.

Por fin se soluciona el tema más espinoso de la saga anterior: los lanzarredes. La habilidad genética del trepamuros encarnado por Tobey Maguire provocó urticaria entre el mundo comiquero. Los aparatos creados por Parker para lanzar sus famosas telarañas, daban mucho juego en el cómic. Se modificaban para crear nuevas texturas, se acababan, se rompían o funcionaban deficientemente en algunos momentos, lo que provocaba debilidades en la capacidad de Spidey para pelear contra los malos. Esto se recupera y es un gran punto a favor del guionista. Se intenta también acercarse a la verborrea de Spiderman en sus peleas, esos chascarrillos continuos que sacan de quicio a los contrincantes y que son una de las señas de identidad del héroe blaugrana, pero sigue sin cuajar. Se consigue en un par de intentos, uno incluído en el trailer con un ladrón de coches de poca monta y otro muy breve con el Lagarto, pero nada más. Asignatura pendiente para septiembre para los guionistas. Necesita mejorar.

Los actores, acertadísimos. Andrew Garfield y Emma Stone son dos de los mejores actores de su generación y, poco a poco, lo están demostrando. Quizá algo talluditos para el instituto, pero les permitimos la osadía de repetir hasta la extenuación, a pesar de ser cerebritos capaces de entender la genética aplicada a las mil maravillas. Lo mismo podemos decir de los tíos, dos actores de reputación de oro como Martin Sheen y Sally Field. Lástima por la ausencia del personaje de J. J., quizá propiciada por el tremendo trabajo del secundario perfecto, J. K. Simmons, en las anteriores entregas, difícil de superar. Si por mi fuera, le volvería a fichar para las siguientes sin ningún tipo de vergüenza.

El malo maloso, en esta ocasión, es un viejo conocido de las páginas a color de la Marvel. El doctor Curt Connors, que en sus ratos libres se pasea por la ciudad convertido en reptil gigante, machacando coches y aterrorizando jovencitas. Un clásico que quizá no tenga el empaque suficiente para dotar de emoción y épica al conjunto, quizá ayudado por un plan maléfico algo simplón y manido. El actor que lo interpreta, Rhys Ifans, está correcto en su papel de científico mutante y locuelo, aunque sin el carisma de sus personajes cómicos habituales.

Por último, el conjunto. A pesar de una presentación, como ya he dicho, demasiado dilatada, de una relación entre sus compañeros de instituto demasiado forzada (ese momento “Teen Wolf” en las canchas de basket no viene a nada para alguien que quiere proteger su identidad secreta) y una tendencia demasiado frecuente a sacarse la máscara y enseñar el careto (sólo le falta dar una entrevista al Follonero para que todo el mundo sepa quién está detrás de la capucha roja), cuando empieza la acción, la cinta gana enteros a cholón. La plasticidad del trepamuros en acción es contagiosa, clonando las posturas que lo hicieron famoso en las viñetas y los dibujos animados, el uso de los lanzarredes una gozada en las peleas y las secuencias espectaculares están perfectamente engrasadas. Además, es una de las pocas veces en las que el 3D cobra protagonismo y es usado con tino y no desatino o infratino.

A partir de ahora, no hay más excusas. El universo de “The amazing Spiderman” está creado, Peter Parker asentado en casa de su tía y el romance con Gwen echa el vuelo. Sólo hace falta un antagonista a la altura (la escena post-créditos nos da alguna pista, aunque muy tenue) y un guión que consiga extraer la esencia de ese adolescente huérfano siempre metido en problemas.

Mr. Whedon, ¿no tendrá usted un huequito para escribirles a estos de la Sony un boceto y unos cuantos diálogos?

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