THE AMAZING SPIDER-MAN 2: EL PODER DE ELECTRO

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Que difícil es acertar con una buena adaptación a la pantalla grande de personajes de tebeos cuando una enorme parte de su público potencial tiene su propia idea en la cabeza. Porque la historia de los superhéroes se lleva contando en comics, reboots, reimaginaciones, por decenas de guionistas y dibujantes, durante muchísimo tiempo. Con grandes sagas e increíbles historias pero también con páginas malísimas, argumentos de risa y reiniciaciones que no cuajaron. Y todos guardamos en la memoria aquellos momentos que más nos gustaron, aquellas viñetas que nos atraparon,  sumergiéndonos de cabeza entre la tinta de colores, evadiéndonos del mundo durante horas.

En el caso del trepamuros, la historia es larga, muy larga y hay donde escoger si uno quiere zambullirse en la historia de Peter Parker, un adolescente que va al instituto (o a la universidad o trabaja, depende del comic) mientras se gana algún dólar extra como fotógrafo para el Daily Bugle y saca tiempo para enfundarse su traje rojo, azul y negro y patea los culos de grandes villanos de la historia de Marvel como Dr. Oc, El Buitre, El Lagarto, Electro, Misterio o El Hombre de Arena.

Spidey es uno de los personajes más queridos de la casa, gracias a su gran personalidad. Es un chaval con grandes poderes que se ve continuamente desbordado por la elección entre hacer uso de sus habilidades para combatir el mal (ya sabemos lo del poder y la responsabilidad y todas esas cosas) y su necesidad de vivir una vida propia de su edad, de ir a clase, de enamorarse, de cuidar de su tía May… Cuando se enfunda su traje de Hombre Araña es valiente, bastante irracional, muy ingenioso, tremendamente noble y divertido, muy divertido. Cuando lo deja en la lavadora y vuelve a ser Peter Parker es un pardillo, perdido la mayor parte del tiempo, sin muchos amigos y, aunque acaba saliendo con pibones del calibre de Gwen Stacy o Mary Jane Watson, cualquiera diría que no va a ver una teta hasta los veinticinco.

Desde que los derechos del personaje están en Sony, dos directores han intentado llevar las aventuras de Spiderman al cine y ninguno ha conseguido, a mi modo de ver, una visión completa del personaje. Cada uno han tenido sus virtudes y sus defectos y, aunque han realizado películas muy disfrutables, en general (salvando el bajón de la tercera de Raimi), aún está por llegar la película definitiva del personaje.

El primero, Sam Raimi, un tipo venerado en el mundo del género fantástico por su genial trilogía “Evil dead”, logró sacar el lado pardillo de Peter Parker, con una interpretación bastante acorde con el personaje de Tobey Maguire. Sin embargo, durante su periplo a lo largo de las tres películas de su etapa, echamos mucho de menos la chispa de nuestro amigo y vecino a la hora de pelear con sus adversarios.

Marc Webb se hizo famoso con la comedia romántica “500 días juntos” y, en las dos películas que lleva del personaje marveliano, ha conseguido darle otro toque a cabeza de red. Vuelve a tener los lanzarredes mecánicos de los comics y las peleas y los bamboleos entre los edificios de Nueva York son más emocionantes y divertidos que nunca. Por fin vemos a un Spiderman que se lo pasa bomba dando cuenta de malosos a pesar del riesgo que corre a la hora de detenerlos. Pero por contra, quizá se haya pasado de frenada en cuanto a molón y Peter Parker es ahora un tipo cool, que monta en monopatín y se permite el lujo de llegar por los pelos a su graduación y plantarle un besangamarracaco a su novia delante de todo el instituto.

Eso sí, las dos películas coinciden en una cosa: hasta ahora, la personificación de los villanos no ha estado a la altura. Quitando el Octopus de Alfred Molina de la segunda de Raimi, el villano más salvable, el resto han dejado mucho que desear. Willem Dafoe intentaba dar un empaque siniestro al Duende Verde pero la cosa desmejoraba en cuanto se ponía la máscara, la tercera película estaba plagada de malotes y resultaba un desastre al no poder desarrollar bien ninguna historia, la primera de Webb tenía un lagarto con un plan para convertir el mundo en Parque Jurásico bastante loco y en esta última, nos encontramos con un Electro que ha heredado estilazo del Doctor Manhattan de Watchmen y puede desaparecer y un nuevo Duende Verde con un maquillaje que nos recuerda un poco a la Bruja del Oeste de Oz.

Eso Marvel Studios lo ha aprendido bien, tanto mejor es el héroe como bueno sea el antagonista. Por eso, un tipo tan listo como Joss Whedon, decidió que el malo de sus Vengadores sería el villano con más carisma de todas las películas del estudio hasta la fecha, la socarronería y la presencia de Tom Hiddleston y su dios del engaño, Loki.

Pero volvamos a la película que hoy nos compete. “The Amazing Spiderman 2: el poder de Electro” tiene puntos fuertes y puntos débiles. Casi todos los débiles se encuentran en un guión que no encuentra su camino, que no sabe muy bien a dónde ir y que no es capaz de armar una historia coherente y entretenida, vagando entre el chascarrillo y el absurdo. Los fuertes se encuentran, sobre todo, en la tremenda química entre Peter Parker y Gwen Stacy y las escenas de lucha y paseos red entre las calles de la Gran Manzana.

Empecemos por las debilidades.

Yo creo que Alex Kurtzman y Roberto Orci (escritores también de las dos nuevas películas de Star Trek, de las dos primeras de Transformers, de “La leyenda del Zorro” o “La isla”) no han entendido bien esa dualidad de la que hablamos de Peter Parker. Lo que nos ha enganchado a tantos lectores del comic, es esa empanada mental en la que se encuentra permanentemente el personaje para intentar hacer lo que debe, utilizando sus poderes para el bien y poder vivir una vida normal. En esta película da la impresión de que Parker es un niño mimado bastante egoísta que actúa a impulsos.

Sin dar grandes detalles del argumento, Parker casi se merece todo lo que le pasa, por capullo muchas veces. Y aún así, los guionistas, lo pintan de forma exculpatoria. Al final, las desgracias que suceden son a pesar de él. Un montón de momentos cumbre repletos de acción que no se detienen en ningún momento para explorar cómo afectan a nuestro héroe. Un tipo que, por muchas cosas que le pasen, sigue siendo siempre igual, que apenas se plantea la moralidad o la bondad de sus actos. Un tipo que va muy a su bola.

Eso desde el punto de vista del protagonista, porque si nos vamos a los antagonistas, la cosa empeora. Un Electro sobreactuado (dudo que Jamie Foxx sepa actuar sin sobreactuar) que es capaz hasta de fabricarse trajes molones sobre la marcha y un Duende Verde con enfermedad degenerativa que lo vuelve verde y que aprende a utilizar alta tecnología en cuestión de minutos.

Ya para rematar la parte de guión, brutal el momento del laboratorio secreto del padre, un tipo con capacidad suficiente para montarse un tinglado digno de el Inspector Gadget bajo Nueva York pero que ha dejado sin un chavo a su hijo y la pobre tía May, que tiene que hacer turnos dobles y estudiar otra carrera para poder pagar la renta.

Pero, como decía antes, a pesar de estos puntos negativos, la peli es muy disfrutable en muchos momentos. Gracias al enorme trabajo de los actores protagonistas, Andrew Garfield y Emma Stone y de la sensibilidad y el sentido del espectáculo de su director, Marc Webb.

A pesar de los vaivenes irracionales en la relación de Peter Parker y Gwen Stacy, cada vez que están juntos en pantalla, saltan chispas. La mezcla de humor y emoción que desprenden es bestial y estamos deseando que arreglen sus diferencias y sean felices y coman perdices. La película gana enteros cada vez que comparten pantalla y si su relación tuviera mejores diálogos aún, esta pareja sería nombrada la mejor del cine de superhéroes hasta la fecha.

Por otro lado, por fin, Spiderman se divierte mientras atrapa maleantes. La escena de introducción, con un Paul Giamatti algo desaprovechado, es de lo mejor de la peli. Ya era hora de que nos partiéramos de risa viendo a cabeza de red puteando al villano mientras reparte estopa. Y que grandes los momentos en los que Spiderman viaja de lado a lado de las enormes avenidas neoyorkinas, con el viento sonando en sus oídos y haciendo gala de esa plasticidad y agilidad propias de un bailarín de primer nivel.

Así que, sí, merece la pena ver la nueva aventura de Spiderman en pantalla grande, a todo color y con el sonido a tope y emocionará en muchos momentos, pero estaría bien un cambio de guionistas para la próxima y que piensen bien a dónde quieren ir. Ahora que están intentando un gran plan general, al modo de Marvel y que quieren desarrollar todo un universo, con películas centradas en los Seis Siniestros y todo, deberían pararse y ver con calma cómo quieren definir las personalidades de cada uno de los participantes.

Lo que sí está claro es que, igual que cuando Pixar dominaba el mundo de la animación y absolutamente todos sus rivales se encontraban a años luz de los cuidados guiones de la casa del flexo, el panorama del mundo superheróico está ahora dominado por un Marvel Studios que sabe dónde quiere ir y cómo llegar y un montón de estudios que quieren hacer lo mismo pero no saben cómo.

El secreto es siempre el mismo: cuida tu guión, muchacho.

P.D. Por el momento en el que Electro hace sonar la famosa canción infantil americana de la araña bajando por el canalón mientras intenta electrocutar a Spiderman, quizá habría que sacrificar a alguien. Pocas cosas me han dado tanta vergüenza ajena en una película de superhéroes. Por no hablar de un cerebrito que te habla con soltura de ingeniería genética pero tiene que buscar en Youtube cómo funciona una batería.

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