SUMMER WARS

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Como si la muestra de SyFy de este año fuera un bólido futurista, a punto de llegar al ecuador del sábado, experimentamos  una aceleración de 0 a 100 en menos de 2 parasegundos. Vamos, que le habríamos ganado de calle la carrera Kessel al Halcón Milenario, adelantándolo en la primara paracurva. De asistir a la absurda propuesta de “Amer”, la peor película que había visto en años (por no ponerme radical y decir que en la vida), pasamos a lo que fue la gran sorpresa del festival. Una cinta japonesa de animación tan repleta de ideas, géneros, personajes, historias, propuestas e imaginación que nos dejó a todos el cerebro con las neuronas sobreexcitadas. Una joya firmada por un tal Mamoru Hosoda, que como es la primera vez que oímos hablar de él y ante nuestra torpeza a la hora de memorizar nombres nipones, a partir de ahora nos referiremos a él como “El japo loco”.

La locura no viene tanto por el argumento, que podemos resumir en dos o tres párrafos, como por la forma de abordarlo, ya que el director no se corta en cambiar de punto de vista o, como ya hemos dicho, de género, a cada momento, construyendo un resultado alquímico que funciona a las mil maravillas.

Comienza el verano y Kenji, un adolescente tímido y un genio de las matemáticas, se encuentra con el monótono trabajo de ser uno de los encargados en supervisar el buen funcionamiento de una potente y millonaria red social, junto con un amigo. Hasta que la chica más popular del instituto aparece para invitar a uno de ellos a casa de su familia, una oportunidad única para pasar tiempo y hacer puntos con la jamelga. Así que Kenji se apunta a la aventura, para comprobar que tendrá que hacerse pasar por el novio de la susodicha delante de su abuela y sus innumerables tíos, padres y primos, ya que a la chica le ha dado por contar una enorme bola.

Por otro lado, la red social que el amigo queda supervisando, sufre el ataque de un poderoso hacker, en parte por culpa de Kenji, que consigue descifrar un código matemático sin saber con qué fin se lo han pedido. Dentro de este mundo virtual llamado Oz, cada persona maneja un Avatar y tendrán que intentar luchar contra el malvado pirata, que intenta destruir el mundo de Oz y, de paso, desbaratar el mundo real, ya que todo está conectado a través del ciberuniverso paralelo.

Todo ello, mientras asistimos a los dramas familiares de la familia de Natsuki, que es la tía buena que ha metido en el berenjenal al protagonista, como la llegada de la oveja negra de la familia, los últimos partidos de la liga de baseball, de la que uno de los miembros de la familia es una de las estrellas, los contactos de la anciana matriarca, mientras que, poco a poco, se va estableciendo una relación especial entre los dos adolescentes. Todo ello hasta llegar a un final tan imprevisible como hilarante, con una batalla final en el mundo de Oz tan épica como inesperada.

Un argumento que, por muy pormenorizado que lo escriba, no le haría honor al espectáculo que el japo loco logra crear en la pantalla. Una mezcla entre una tragicomedia familiar tradicional japonesa y un “Matrix” hipervitaminado en el que el agente Smith es sustituido por un Freezer de “Dragonball” que se ha pasado a alguna religión oscurantista. Como si Miyazaki hubiese ido a unas clases intensivas de informática y hubiese vuelto loco por el facebook, el tuenti, el twitter y el myspace. Una mezcla entre lo tradicional y lo moderno que sólo saben mezclar tan bien los directores del país del sol naciente.

En algo menos de dos horas no hay posibilidad de despiste en esta nueva y brillante aleación fílmica, en la que el ingrediente secreto de Hosoda es su capacidad para mezclar todo lo que surge en su cabeza, sin atender a libros de estilo ni convencionalismos. En lo que otros sufren para encontrar una idea con la que desarrollar un nuevo argumento, al japo loco se le han ocurrido 250 y las ha conseguido combinar con la precisión de un alquimista hiperactivo.

Un creador como la copa de un pino al que hay que seguir la pista desde ya. Empezad a aprenderos su nombre: Mamoru Hosoda. Nuestro nombre en clave: el japo loco.

8 thoughts on “SUMMER WARS

  1. Qué ganas de jugar al koi-koi me han vuelto a entrar.

    Una peli adrenalinistiquísima.

    La otra peli del director a mí me pareció buena, pero no le llega a la suela de los zapatos a esto. A ti igual te gusta más, es de viajes en el tiempo.

  2. Neovallense: y que lo digas, mangadicto!!

    Carlos: Jeje, hay que aprender, pero me temo que será como el juego raro que juega Barney con los japos en “How I met your mother”…
    La tengo por ahí apuntada la otra por si alguna vez la veo. Aunque, no puede ser igual, si no, ya estaría encumbrado!!

    Saludos.

  3. Pues ya me la vi. Pienso que no está al nivel de las últimas de Pixar, pero es una película muy entretenida que no te deja despegarte de la pantalla. Lo mejor los dibujos en si, pero esto lo dice un aficionado al estilo japones. Un poquito más de humor hubiera estado bien. Habra que ver la otra del japo loco

  4. Caray, qué rápido. Entre el me la apunto y el ya la vi ni siquiera me ha dado tiempo a decir ni pío.
    A mí lo que me encantó, fue esa mezcla de todo lo que se le pasa por la cabeza al japo loco sin limitarse a ningún género en concreto. Pasa del drama familiar a la partida de cartas con un descaro absoluto. Me cautivó.
    Pero vamos, que tampoco es que haya visto muchísimos anime para saber si esto es lo normal por aquellos lares.
    Saludos.

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