STARMAN

Photobucket

Acompañadme en un pequeño viaje. Cerrad los ojos mientras notáis que vuestro cuerpo se encoge y a la vez vuestra piel se estira hasta volverse tersa. Vuestra mente se despereza como una flor por la mañana y adquiere las propiedades de los trapos Villeda, capaz de absorber la menor gota de información.

De repente, volvéis a tener ocho o nueve años y paseáis por los polvorientos pasillos de un videoclub de barrio, pero para vosotros es la cámara de los tesoros. Princesas de cabellos rubios, castillos encantados, mundos repletos de aventuras y oxidadas naves espaciales se esconden en las estanterías, a ambos lados de vosotros, perdiéndose en la distancia. Exacto, estáis de nuevo en la sección de “películas de mi infancia”.

Esta vez me llama la atención una extraña luz azul que brilla de forma tenue en una de las carátulas. Unas manos envuelven una pequeña bola brillante y al fondo vemos un paisaje negro plagado de estrellas. Es imposible que la intuición nos engañe; eso va de extraterrestres, uno de los temas predilectos en este pequeño e impresionable cerebro. Esa será la elegida, la del hombre de las estrellas.

La película comienza con el viaje hacia el infinito de una sonda que la humanidad decide lanzar al espacio, en la que se adjunta una grabación dando la bienvenida a la Tierra a todo aquel que pueda descifrar el mensaje, además de alguna información sobre la vida en este minúsculo planeta azul. Estamos en la época en la que la investigación espacial y la búsqueda de vida extraterrestre se toma con entusiasmo, el SETI está en pleno auge y los hippies ven lucecillas de otros mundos a su alrededor en los conciertos de Hendrix.

Los títulos de crédito acaban y la cámara nos lleva a un lugar mucho más mundano. Observamos a una mujer viendo una vieja película casera, acompañada por una copa de vino tinto. Queda claro, por su cara, que le embargan la tristeza y la nostalgia. El vídeo se centra en las payasadas de la que intuimos que es su pareja. O lo fue. Deducimos que una joven viuda, una noche más, se va a la cama añorando a su marido, muerto prematuramente.

Un momento… ¡las caras de ambos nos suenan! Todo friki de medio pelo tiene grabadas a fuego las caras de Marion, la primera pareja y eterno amor de Indy (Karen Allen) y el valiente programador que se ve obligado a pelear con un ordenador en “Tron” (Jeff Bridges). Ella es una actriz repleta de registros, siempre natural ante las cámaras y muy poco aprovechada y él, a estas alturas, es ya una leyenda del cine.

Acto seguido observamos como los de la NASA (o algún que otro organismo que se ocupa en observar el espacio aéreo para analizar todo lo que caiga por ahí y, si es menester, cargárselo) siguen la trayectoria de un objeto que cae en algún descampado del país yanki (dónde si no). Efectivamente, el artefacto se mete un rijostio importante contra el suelo y sale una bola azul que sabemos que tiene inteligencia gracias a un efecto de cámara que hoy en día cualquier cani podría hacer con su móvil de última generación. La bola se dirige a la casa de la joven viuda, registra un poquillo, se pone la peli que estaba enchufada para pasar un rato, investiga un antiguo álbum de fotos de la pareja y encuentra un cabello del finado. Esta es la suya… una fiel copia del ADN realizada en dos patadas y la bola empieza a convertirse en un ser humano, desde un feo bebé con aspecto de Barriguitas desgastado, hasta… un Jeff Bridges hecho y derecho. Evidentemente, la joven viuda, que a estas alturas ya se ha despertado, lo flipa muchísimo y tras desmayarse, trata de poner pies en polvorosa, pero por poco tiempo, porque todo está a punto de convertirse en una “buddie movie” (peli de compis, ya habíamos tratado el término, a ver si la clase está atenta) extraterréstre y romántica, ahí es nada el cruce de géneros.

Jeff Bridges se llevó nominaciones en los globos de oro y los Oscars del año 1985 por encarnar a un extraterrestre inocentón, de bondad extrema y en pleno aprendizaje del comportamiento humano en esta película del prolífico John Carpenter. Probablemente, los dos actores son la parte más resaltable de la película, con un guión que basa prácticamente todas sus bazas en la ignorancia y los sentimientos de este visitante de nuestro planeta y en la química entre Allen y Bridges. Aunque también deja huella la banda sonora de Jack Nitzsche, un fondo de sintetizadores que remarcan la acción de forma casi imperceptible dejando sus tres o cuatro notas predominantes en la cabeza.

Apenas un año después, viendo el éxito de la cinta, saldría una serie, protagonizada por Robert Hays (el protagonista de “Aterriza como puedas”) que continuaba la acción algunos años después de donde la remata la película. Sólo aguantó una temporada, pero también recuerdo entre neblinas alguna tarde frente al televisor siguiendo las andanzas del bondadoso marciano, que había regresado a la tierra 14 años después para comprobar cómo de guapo le había salido el hijo humano que se había marcado con la Allen (inocente, pero no tonto) y que trataba de encontrar a su ex perseguido por un infatigable sabueso empeñado en abrirle en canal para estudiarlo.

Quizá “Starman” no sea una obra maestra, pero es una gran muestra de aquel cine familiar y con moraleja de los ochenta que era capaz de sentarme y dejarme boquiabierto frente a la pantalla de la televisión. Un cine inocente que es muy raro ver en pantalla hoy en día entre tanto efecto especial, “fuck” ametrallado y preadolescente de vuelta de todo.

Ser chaval por aquellos años, era una delicia.

3 thoughts on “STARMAN

  1. Un pai endexamais deberia loubar a u fillo. Atavismo donde os haxa. de todolos xeitos da me igual. Eu penso facelo.
    Coido que te pasache na calidade da narración, ou polo menos na forma de transmitila.
    Temos que falar da edicción de algú relato, teu.
    Star Man eu tamén a ví, xa no era un neno, mais tranportoume a nenez.
    Parecida era aquela “Cocum” ou Cocoon, que non sei como se escibe.
    Unha aperta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.