STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA

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Empezaré diciendo que esta reseña está plagada de spoilers, destripes, comentarios sobre partes concretas de la historia, opiniones sobre la psique y los actos de los personajes y todo lo que suele surgir en una discusión de taberna regada con un par de cañas a la salida de un cine. Y si os ponéis tontos os destripo también el episodio VIII.

Ahora, hablemos de mí.

Cuenta la leyenda, o más bien, mis padres, que me llevaron al cine a ver el episodio VI, “El retorno del Jedi”, en su estreno. Yo contaba por aquella época con seis o siete años y mi grado de empatía y preocupación por el resto de la humanidad era considerablemente mayor a la de hoy en día. Dicho en otras palabras, yo era un pipiolo bastante llorón. Así que, cuando padre e hijo comenzaron a batirse en duelo con sus sables láser, yo no pude soportar semejante drama y me cogí un señor berrinche, con lo que me tuvieron que sacar de la sala, perdiéndose así mis progenitores el desenlace de la saga galáctica. Si en ese momento no decidieron abandonarme en el portal de un convento, podía estar seguro que ya se iban a quedar conmigo.

A pesar de este tumultuoso comienzo de relación con aquella galaxia muy, muy lejana, la cosa fue mejorando en años posteriores. En algún momento me sumergí en el capítulo IV, con mayor entereza de espíritu y, a partir de ahí, me convertí en un fan. Aunque quizá no en el clásico fan. A diferencia de la gran mayoría de los adeptos de la mitología de George Lucas, a mí me gustan los Ewoks. Ahí lo dejo.

Y no sólo eso. Aunque reconozco que la trilogía moderna del barbudo del rancho Skywalker le quedó algo fría, disfruto con sus tejemanejes políticos, me parece que Hayden Christensen no desentona en su caída hacia el lado oscuro de la mano de Anakin, disfruté cada voltereta de Yoda en sus duelos con los villanos y tengo al capítulo III como una de mis películas favoritas de la saga. Y no se vayan todavía que aún hay más. Aunque reconozco que no invitaría a Jar Jar Binks a cenar por Nochevieja, tampoco lo freiría en el tubo de escape de una vaina.

Dejada clara mi postura con respecto a los puntos controvertidos de la saga, miremos de nuevo al presente y dejemos claro, antes de saltar a los pormenores, que este despertar de la fuerza me parece un magnífico retorno y comienzo hacia nuevas aventuras, a la altura de la saga clásica. Un meditado disparo a bocajarro a la nostalgia del grueso de los espectadores que crecieron con las aventuras de Han, Leia, Luke y Vader que abre, a través de nuevos y maravillosos personajes, un universo de posibilidades.

También hay que tener en cuenta que el séptimo capítulo es una película de J. J. Abrams, con todo lo que eso supone. Esto quiere decir que es casi imposible aburrirse, que los personajes estarán tratados con mucho mimo y nos enamoraremos de ellos a la mínima y que su forma de avanzar la trama tendrá puntos, como mínimo, discutibles. Rasgos que podremos intuir como parte de su cine, al menos en este punto de su carrera, revisitando “Super 8” o las dos últimas entregas de Star Trek.

Pero empecemos por lo más llamativo y lo que mejor sabor de boca nos deja de la película: los nuevos personajes. Porque si había que acertar en algún punto a la hora de pretender expandir el universo galáctico era a la hora de enamorar al público con las nuevas incorporaciones y, en eso, tanto J. J. como Lawrence Kasdan, mítico guionista de “El imperio contraataca”, “El retorno del Jedi” o “En busca del arca perdida”, dan en el centro de la diana, regalándonos un puñado de nuevos personajes que se convierten en míticos a los pocos minutos de aparecer en escena.

Ambos realizadores cogen a los personajes de la trilogía original y las nociones de los héroes clásicos, les dan una vuelta y media y los adaptan a nuestros tiempos. Así surge esta entrañable Rey que, presumiblemente, protagonizará el viaje del héroe de esta trilogía. Con un acierto de casting brutal, descubrimos a una Daisy Ridley que va a tener que empezar a sacarse ofertas de encima, en el papel de esta heroína a su pesar. Una chatarrera que espera en Jakku a su familia, que no quiere viajar a otros mundos, por cuya sangre circula la fuerza a borbotones, que no necesita ninguna ayuda para desenvolverse por sí misma y cuyo rasgo más distintivo es su capacidad empática. Empatía desde el primer momento por un pequeño y simpático robot perdido, por un ex-soldado imperial que se cruza en su camino, por unos héroes de leyenda que se encuentra en la huída de su planeta y por todo bicho viviente.

Es fantástico que la figura central de las nuevas aventuras sea una mujer fuerte que lo único que quiere es reencontrarse con una familia que no recuerda, en vez de alguien con potencial que quiere convertirse en el mejor en algo peligroso, porque eso provoca que nos identifiquemos con ella desde el segundo uno. Bueno, eso y que Rey es completamente achuchable.

Por otra parte Finn, un soldado imperial, entrenado para carecer por completo de sentimientos y para obedecer a rajatabla las órdenes de sus superiores de la Primera Orden que, en su primera misión, se ve incapaz de asesinar a sangre fría a una población y decide, en contra de su programación, que debe hacer lo que es correcto. En algún punto este resurgimiento del imperio ha dejado de lado los clones y se dedica a robar niños para convertirlos en despiadados soldados y Finn supone la revolución desde dentro. No me digáis que no es un tema de actualidad.

Para los que hayáis ido a ver la película doblada, que supongo que será la aplastante mayoría, es probable, por lo que he oído, que os hayáis perdido la mitad del personaje en el cambio de voces. Porque Finn, en sus réplicas con Rey, con Poe, con Han y hasta con BB-8, se lleva los instantes más graciosos del film, demostrando el buen ojo de J. J. con sus castings a tenor de la gigantesca química que existe entre él y Rey.

Por otra parte, Poe es el héroe clásico. Un tipo arriesgado, valiente, sin un ápice de duda sobre qué es lo que hay que hacer en cada momento, leal a la república, el mejor piloto de la resistencia, con un sentido del humor agudo y rápido y cuyo mejor amigo es un simpático robot que le sigue a todas partes. Poe es Astérix, es Flash Gordon, es Buck Rogers, es el Capitán Trueno, es Atreyu. Es el tipo que querrías tener a tu lado en el asalto a una fortaleza inexpugnable sabiendo que, con él, nada puede ir mal.

Y ya que hemos hablado de su fiel compañero, qué decir sobre el robot que se convertirá, por derecho propio, en el preferido de los niños, de edad física y mental, estas navidades. Ese BB-8 que es capaz de expresar estados de emoción con tres pitidos y un ladeo de cabeza. Un fiel heredero de R2-D2 del cual estás esperando a ver su siguiente ocurrencia, cuanto antes mejor. Y hablando de herederos, cómo no tenemos al que retoma el espíritu de Yoda, esa Maz interpretada por Lupita Nyong’o que pone sabiduría milenaria en el cuerpecillo de una señoruca con dioptrías y acerca a Rey a su destino con infinita ternura.

Ahora, cerremos las persianas y adentrémonos en el lado de la oscuridad. Aparte de un Lider Snoke cuyo desarrollo quedará para próximas entregas, una Capitana Phasma que apenas aparece y un General Hux interpretado por el versátil Domhnall Gleeson tirando de sobreactuación villanil, tenemos uno de los puntos más polémicos. Y es que he oído y leído muchísimas quejas sobre lo mucho que se apoya el director en la nostalgia, como algo negativo, para a continuación comprobar que, esa misma gente, estaba esperando contemplar un nuevo Darth Vader y que no se conforman con algo distinto.

Un Darth Vader que, no sé si lo recordaréis, pero en el capítulo IV es un subordinado con un traje muy chulo pero lejos de la profundidad y de las aristas que presentará en los dos siguientes capítulos. Un tipo que, ya no es que esté a las órdenes de un poderoso emperador, sino que lo está de un general con la cara de Peter Cushing. Sin embargo en esta película tenemos un bombón como Ben Solo aka. Kylo Ren, interpretado por el tan de moda Adam Driver. Un Jedi entrenado por el mismísimo Luke Skywalker que quiere seguir los malvados pasos de su abuelo y controlar la galaxia pero que, constantemente se ve tentado por el lado luminoso de la fuerza. Un adolescente con un cacao mental de no te menees, con accesos de ira imposibles de controlar, que ha de cometer un acto verdaderamente inhumano para completar su adhesión al reverso tenebroso. Un personaje que no puede hacer más que crecer en los siguientes episodios a partir de un inicio muy en alto. Y, sin embargo, ante este villano repleto de posibilidades, sólo escucho argumentos sobre su máscara, su voz distorsionada o su pelo. Si eso no es estrechez de miras, que baje Yoda y lo vea.

Así que, está claro que J. J. pone gran parte de sus energías en que caigamos rendidos a los pies de los nuevos protagonistas de la historia mientras que, al mismo tiempo, debe ofrecernos una visión sobre lo que les ha pasado a los personajes clásicos. Y en éstos últimos, el tratamiento se observa mucho más irregular.

Han y Chewie siguen siendo los de antaño, en el buen sentido. Su relación sigue siendo tan entrañable como siempre, Han continúa con sus continuos trapicheos con los seres más gangsteriles de la galaxia y su amigo Wookie sigue guardándole las espaldas como siempre hizo. Su entrada es, simplemente espectacular y necesitamos esa sensación de estar volviendo a abrazar a un viejo amigo que llevábamos tiempo sin ver para que la escena climática entre él y su hijo, surta efecto.

Leia, sin embargo, parece haberse anclado en el mismo punto en el que la dejamos al final del episodio VI. Sigue como general de un comando rebelde que no sabemos muy bien qué papel tiene en medio de esa república no del todo asentada y esa Primera Orden que pretende poner de vuelta y media, de nuevo, el panorama político estelar. Sigue dando órdenes a los mismos compañeros entre las mismas pantallas llenas de mapas, como si nunca hubiese huído del planeta Hoth. Mientras que Luke, al que nos tiramos esperando todo el metraje, en una sola mirada parece haberse convertido en algo totalmente distinto. Un maestro Jedi que tomará, presumiblemente, un papel similar al de Obi Wan en la trilogía clásica.

Los peor parados, para mi gusto, son los pobres androides que nos han acompañado a lo largo de las seis películas anteriores. Los diálogos de C3PO carecen de alma y parece que sólo está ahí para interrumpir y el pobre R2 se ha visto relegado a un aparato en stand by que despierta a tiempo de dar una última pista que desencadene el verdadero comienzo de la aventura tras esta apabullante introducción.

Tema que nos lleva al siguiente punto, el argumento, el aspecto más polarizado de la forma de construir películas de Abrams, donde podemos ver sucederse sus bondades y sus defectos en cuestión de segundos. Como en una batalla entre la luz y la oscuridad, se entremezcla su enorme sentido del espectáculo con su forma de avanzar la acción a base de demasiadas casualidades.

Y es que son tantos los momentos en los que la suerte, el azar y el Deus Ex Machina intervienen en la historia, que es imposible que queden ocultos entre réplicas brillantes y batallas excelentemente planeadas. Son tantos los puntos en los que la acción se desarrolla a base de pura chiripa, que es imposible que todos le salgan bien.

Porque nos da igual que justo busquen el mapa que guarda Poe en el mismo planeta en el que Rey espera a que vuelvan a por ella, porque es maravillosa la escena en la que nos presentan de nuevo al Halcón Milenario, porque la casualidad que lleva a Han y Chewie estar viajando en aquel momento por aquel sector nos da igual con esa tremenda entrada de ambos en la nave que el tráiler nos había adelantado. Sin embargo la ilimitada utilización de estos recursos empieza a chirriarnos en algún punto. Puede que sea cuando Han lleva el Halcón a aterrizar justo en el planeta que alberga el sable de Luke, o quizá cuando la resistencia llega también a dicho planeta, o puede que sea cuando veamos que Rey aprende a utilizar la fuerza de forma tan conveniente sin que nadie la haya adiestrado (aunque en este punto podría ser que sí y nos lo expliquen más adelante), o quizá cuando R2D2 se despierte en el momento adecuado para concluir la cinta.

Es algo que J. J. tendrá que aprender a limitar, ese momento en el que el héroe se salva en el último momento gracias a un as sacado de la manga, que no tiene por qué ser un mal recurso si se utiliza en las dosis adecuadas pero que puede matar la película si a alguien se le va la mano. Como el cianuro.

Por suerte, el señor Abrams utiliza el resto de sus armas con mucha destreza y camufla sus defectos entre una dirección de actores muy buena y un ojo para las escenas de acción apabullante. Sobre todo en unas batallas aéreas que toman las bases que sentó George Lucas hace 38 años y les añade la fuerza y la espectacularidad de las que la técnica es capaz hoy en día.

No puedo decir lo mismo de los duelos con el mítico sable láser, que después de admirar de lo que es capaz un caballero Jedi en los capítulos del I al III se me quedan un poco faltas de espectacularidad y, por ende, algo faltas de dramatismo en momentos que podrían haberlo tenido, como esa batalla en la nieve entre Ren y Rey, resuelta, una vez más, gracias a una utilización de la fuerza innata y a otro Deus Ex Machina en forma de oportuno terremoto. Sin embargo, no es algo que me preocupe, hay tiempo más adelante para que los contendientes vayan dominando con más precisión los caminos de la fuerza y que nos asombren como deben.

Pero sigamos con la historia. Al margen de los puntos fuertes y flacos de Abrams a la hora de armar sus historias, se le está echando mucho en cara el aspecto que tiene esta entrega de remake encubierto de la sagrada trilogía original y es cierto que en ese empeño por recuperar a los niños que vimos aquella con los ojos propios de la edad, hace continuos disparos a la nostalgia, tanto en frases y momentos clave (se repiten de nuevo las dos frases que han desfilado por todas y cada una de las entregas: “May the force be with you” y “I have a bad feeling about this”) como en la estructura básica: un imperio que trata de eliminar una fuerza rebelde y construye un arma definitiva que sólo se puede destruir bajando los escudos desde dentro para luego infiltrarse entre Tie Fighters y fuego enemigo para lanzar un certero disparo en su corazón.

No me parece una mala forma de traer de nuevo aquellos ojos inocentes al presente, lo hace abriendo un sinfín de caminos nuevos por delante, abordando en ésta las mejores sensaciones de las películas originales y regalándonos un montón de nuevos y emocionantes personajes que se entremezclan con los de siempre. Quizá, si me hubiesen preguntado (Kasdan, ya sabes, estoy aquí para lo que quieras) hubiese arriesgado un poco más, ya que parecen olvidarse de que lo que más nostalgia nos genera de aquellas películas de aventuras no son los momentos en sí, sino el descubrir una nueva maravilla a cada paso. Pero Disney necesita rentabilizar los 4.000 millones de dólares que le costó la compra de la franquicia y quizá no está para experimentos en el reinicio de la saga. Ya habrá tiempo para ir explorando nuevos senderos, un poco de paciencia.

Repito, 4.000 millones de dólares. Sólo el Tío Gilito y Bruce Wayne saben cuanto dinero es eso.

Vayamos ya acabando, que me echan del estrado. El resto de aspectos, recuperan en gran medida los valores de siempre. John Williams tira de una banda sonora absolutamente continuista en la que apenas tiene tiempo para sorprender con piezas realmente novedosas y, aún así, en el pequeño espacio que le dejan, sigue asombrando. El tema con el que se presenta a la chatarrera, el propio tema de Rey y el dedicado al Líder Snoke son breves pero magníficos. Por otra parte, los decorados vuelven a tener ese aspecto artesanal y viejuno que nos enamoró cuando entramos por primera vez en el Halcón, en la taberna de Mos Eisley o recorrimos Dagobah, eliminando de un plumazo la orgía de CGI en la que se había instalado George Lucas.

En definitiva, aunque le pongo algunos peros a este capítulo VII, bien detalladitos en este interminable post, no puedo dejar de disfrutar como un enano a cada instante y no puedo dejar de emocionarme pensando en las posibilidades que se abren delante de nosotros, como un infinito campo de estrellas que albergan planetas que esconden tesoros en la inmensidad del universo, a pesar de ese final ligeramente anticlimático con una subida por unas escaleras eterna para acabar con una cámara que da vueltas alrededor del maestro y la discípula, de forma un tanto manida.

Así que, no descarto volver a adentrarme en Jakku, esta vez sin el ansia de descubrir qué es lo que nos había escondido el amigo J. J., para paladear con calma el sentido del espectáculo que corre por las venas del realizador y tratar de reconocer las voces de los cameos de Simon Pegg, Daniel Craig o Michael Giacchino… vale, con éste último, compositor de algunas de las mejores bandas sonoras de Pixar, igual me he tirado un poco el pisto, ya que no he escuchado su voz en la vida.

Volved a vuestra infancia y, cuando se os pase el cabreo, el malestar o los mosqueos propios de expectativas imposibles de cumplir, revisitad este séptimo episodio y dejaos llevar por los X-Wings hacia el comienzo de algo que puede llegar a ser muy grande.

Aunque sólo sea para hacer rabiar a Lucas.

2 thoughts on “STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA

  1. Coincido bastante contigo. Lo que pasa es que yo esperaba algo más de JJ. Así como el reboot de star trek modernizó lo saga cogiendo los personajes clásicos y dotándoles de una narrativa moderna, en star wars echo en falta la novedad, el ir descubriendo un mundo nuevo a cada nueva escena. Aparte de no respetar los tres primeros capítulos y dar un poco más de tamiz político a la película, lo que hubiera enlazado dignamente con toda la saga, y no sólo parte de ella, el resto es una fotocopia de la guerra de las galaxias, con idénticos recursos narrativos. Y, para bien, esto funciona, pero esperaba algo más…

    1. La verdad es que soy bastante ignorante en cuanto a Star Trek y no sé los paralelismos que tomaron con respecto a la mitología original. También tenían bastante más de lo que tirar, después de tantas series y películas. Coincido en que la primera película del reboot fue brutal, aunque adolecía de alguno de estos truquis que tiene de avanzar la trama a base de coincidencias y de su punto fuerte de otorgar enormes dosis de personalidad a sus personajes.
      Coincido también en que ha evitado la profundidad política de las tres primeras, de nuevo en un intento por agradar a los fans clásicos realizando una aventura clásica y en ese aspecto dudo que se meta en berenjenales de semejante calibre. Lo que sí creo es que tendremos bastantes más novedades en posteriores entregas, más del estilo de las sencillas producciones de ciencia ficción de toda la vida.
      Veremos a ver.

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