STAR TREK: MÁS ALLÁ

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Menudo pique deben estar sufriendo los pobres trekkies, que después de ver cómo llegaba J. J. Abrams para convertir su amada serie en un blockbuster ahora ven cómo llega Justin Lin para transformar el cambio de ritmo, antes vibrante y divertido en una cinta anodina, sin ideas, con un McGuffin absurdo y una cámara que no para de moverse siguiendo a un puñado de personajes que no saben a dónde van.

Y es que la renovada saga, ha perdido todo su mojo. No queda nada de aquella brutal introducción de la primera película moderna que retorcía el espacio-tiempo del universo que explora la U.S.S. Enterprise, nada de aquel sentido de la aventura que ya se había difuminado ligeramente en el paso hacia su segundo capítulo, nada que no sea un puñado de fórmulas rutinarias sin el menor asomo de originalidad o carisma. Todo se ha vuelto tan previsible, tan estúpido, tan carente de sentido que hasta los personajes más queridos han perdido todo rastro de personalidad.

La historia, simple a más no poder, es la siguiente: Kirk acude como embajador de paz a una raza alienígena, seguramente ancestros del Stitch de “Lilo & Stitch”, para regalarles una tuerca que fue parte de un arma de otra raza. Los alienígenas se la tiran a la cabeza, así que la Enterprise regresan a Yorktown, un balón de playa gigante en medio del espacio dentro del cual han construido una megalópolis.

Allí aparece una señorita con agallas (no valiente, sino con agallas, literal) que les pide ayuda para rescatar a su tripulación, varada en un planeta dentro de una nebulosa.

Cuando llegan, aparecen un montón de naves pequeñajas que se comportan como un enjambre de estorninos, les destruyen la Enterprise y les roban la dichosa tuerca, ya que el malo que comanda el enjambre posee el tornillo y como dirían los del anuncio de Durex de los geles de frío y calor, cuando los unes, uhmmmmmmm.

El maloso quiere utilizar el arma superpoderosa, biológica, letal y gaseosa para destruir primero Yorktown, el balón de playa generado por ordenador, y luego, si quedan ganas, el resto de planetas de La Federación. Así que Kirk, Spock, Bones, Scotty, Uhura y el resto de los tripulantes, diseminados por el planeta de la nebulosa algunos y capturados otros, con la ayuda de una elfa maquillada para una rave emo, deberán impedirlo.

Quizá muchos estéis pensando que algunas películas que amáis tienen un argumento aún más escueto que éste. Sin ir más lejos, la maravillosa “Mad Max: Furia en la Carretera”, que trata de los buenos escapando por un desierto de los malos, sin ni siquiera una tuerca y un tornillo letales. Sin embargo, el problema es que no hay absolutamente nada que enganche a la aventura.

Los personajes, que las dos entregas anteriores se habían tomado la molestia de ir perfilando, aparecen planos y bidimensionales. Las dudas existenciales de Kirk se antojan estúpidas, Spock suelta frases metafísicas sacadas del Libro Gordo de Petete, Bones se limita a mirar mal a Spock y Scotty a soltar algún chiste de vez en cuando. El resto hacen bulto, en el mejor de los casos.

La dirección es confusa y parkinsoniana, algo que se suele confundir con el vigor y la energía en demasiadas ocasiones. Justin Lin, especializado hasta ahora en películas de la saga “Fast & Furious” y que próximamente desarrollará “Space Jam 2” (ay madre), se empeña en mover la cámara sin sentido dejando al espectador confundido y aturdido, con escenas en la oscuridad en las que no se entiende nada.

El aspecto técnico quizá es lo mejor de la película, pero está tan desaprovechado y mal dirigido que acaba hastiando. El enjambre de naves enemigas impresiona durante los dos primeros minutos pero de nuevo, una cámara confusa y el tembleque imperante en toda la película provoca la pérdida del punto de vista del espectador. Las explosiones, las batallas y el planeta de pelota de playa molan, también al principio, hasta que ves que no pasa nada interesante en ellos y acabas desentendiéndote.

La escritura de Simon Pegg consigue algún que otro chiste gracioso (muchos menos de los que me esperaba, la verdad) aunque no es la persona adecuada para firmar un libreto de acción. Sin una mente pensante que dirija su ingenio, un Edgar Wright que conduzca la historia por lugares interesantes, todo parece una excusa para la siguiente situación graciosilla.

Los actores que en las anteriores películas parecían los idóneos para interpretar a sus personajes, aquí poco pueden hacer con una historia que nunca llega a tomárselos en serio y los nuevos personajes, en este caso Idris Elba y Sofia Boutella, tampoco aportan nada que no sea malignidad sublimada sin una razón convincente, el primero, y una figura sexy y un punto de ingenuidad, la segunda.

En definitiva, la nueva entrega de Star Trek se queda a las puertas de destruir la nueva franquicia cinematográfica. Además de no conseguir recuperar a los antiguos amantes de la serie de televisión, pierde por el camino a los que se engancharon al reinicio de Abrams. Esperemos que el nuevo enfoque que CBS está intentando aportar a un nuevo producto televisivo, con esa “Star Trek: Discovery” aún en preparación, con nueva nave y nueva tripulación, consiga, al menos, recuperar a todo el fandom que sigue esperando a que hagan justicia a un tipo de ciencia ficción que revolucionó en su día el panorama de la pequeña pantalla.

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