SPIDERMAN: HOMECOMING

Se puede decir, sin demasiado temor a equivocarse, que el Hombre Araña es el personaje más querido de la Casa de las Ideas.

Puede que Iron Man se haya convertido en un tipo entrañable gracias al carisma de Robert Downey Jr., es posible que Lobezno sea, también gracias a su intérprete, Hugh Jackman, uno de los mayores responsables de la ola superheróica cinematográfica a la que estamos asistiendo, está claro que el Capitán América ha protagonizado algunas de las películas más interesantes del Marvel Cinematic Universe, sin embargo, el carisma de los cómics del viejo Spidey se ha metido en el corazoncito de millones de aficionados en todo el mundo.

Ha tenido serie de televisión propia, adaptaciones japonesas, varias series de animación y, ya hablando de la era moderna del superhéroe en el cine, tres reboots encarnados por tres actores diferentes y tres enfoques distintos.

Por todo ello, esperaba la nueva adaptación, a cargo, por fin, de Marvel Studios, como agua de mayo. El hijo pródigo regresaba a casa y ya había enseñado la patita en la espléndida “Capitán América: Civil War”, convirtiendo sus escasos minutos en pantalla en litros de salivación de frikis de todo el planeta.

Efectivamente, el Spiderman de Tom Holland era lo más cercano a la visión que muchos tenemos del personaje. Un adolescente (que por fin aparenta su edad del pavo) que aún no ha salido del instituto, que no sabe nada de la vida, que trata de hacer el bien gracias a unos poderes que ha adquirido de casualidad, que intenta compaginar su obligación heróica con una vida cotidiana que no se lo pone nada fácil y con una verborrea imparable que se desata en medio de cada combate.

Los mimbres no podían estar mejor entrelazados y todos esperábamos con muchas ganas la llegada de este “Spiderman: Homecoming” en los que tendría que vérselas con un Buitre interpretado por un tipo con un talento innegable y toneladas de sentido del humor. Michael Keaton ha pasado de explotar su vena humorística en “Bitelchús”, a hacerse mundialmente famoso con “Batman”, de ahí a parodiarse sin reparos en “Birdman” y a cachondearse de su propia parodia calzándose el disfraz de un nuevo tipo de ave con este Buitre. Cuádruple salto mortal con doble carpado y triple axel.

A los mandos, de nuevo, uno de esos directores desconocidos que tan bien le han funcionado a Marvel Studios. Después de descubrir, a través de sus geniales películas de serie B a James Gunn para los Guardianes de la Galaxia, después de encontrar en la comedia a los hermanos Russo que iniciaron las aventuras del Capi, algún gafapasta friki de la compañía debió ver dos películas tan curiosas como “Clown”, una de terror con payaso mutante psicópata y “Cop car”, una película muy ochentera con niño protagonista y malo paródico a cargo del camaleónico Kevin Bacon y pensar que era el indicado para una superproducción como esta.

Los cimientos estaban ahí, la materia prima actoral estaba ahí, el talento del realizador estaba ahí y era complicado que la película me decepcionase. Efectivamente, no lo ha hecho. Me ha gustado. Mucho. Me ha divertido, me ha puesto nervioso, me ha ilusionado, me ha entretenido y he salido contento como unas castañuelas.

Y aún así, creo que la película definitiva del Trepamuros está aún por llegar.

Hay determinados puntos que no me han dejado del todo satisfecho y me da la impresión de que Jon Watts ha caminado con pies de plomo, intentando satisfacer a todo el mundo y no defraudar a nadie. Ni a los fans de los tebeos, ni a los de las películas, ni a la productora. Y creo que eso ha provocado que el film sea un poco impersonal, como de director de encargo, sin un sello propio que la haga única y especial.

La película comienza con un videoblog a cargo de Peter Parker poco antes de los acontecimientos que tienen lugar en Civil War. Un chaval de 14 años que no puede estar más emocionado por el encargo de Tony Stark de unirse a su facción de Los Vengadores para detener los desmanes del otro grupo, encabezado por el Capi, graba con su móvil cada momento.

De ahí pasamos al instituto y a la espera de Parker por otra llamada de Stark para la siguiente misión vengadora, cosa que no parece que vaya a pasar de forma inmediata. Para matar el tiempo, trata de perfeccionar sus recién adquiridos poderes deteniendo atracadores de poca monta y ayudando a sus conciudadanos en problemas de lo más mundano. Sin embargo, él sabe que es capaz de mucho más, quiere que le traten como a un adulto y ansía demostrar que está preparado para las grandes ligas.

La oportunidad surge con la aparición de un supervillano con un traje alado que está robando materiales alienígenas y haciéndose de oro con el tema. Sin embargo, sus empeños en detenerle parecen dar la razón a su mentor, Tony Stark: este tipo de misiones le quedan grandes. Quizá debería dedicarse a ayudar a viejecitas a cruzar la calle en vez de meterse en problemas de mayores.

Lo que más disfruté fue el enfoque del personaje, el más fiel hasta ahora. Ya no es el tipo casi adulto que debe conseguir un trabajo de las películas de Sam Raimi, ni el colega cool que domina el skate de Marc Webb. Peter Parker es una rata de biblioteca sin demasiada suerte y que intenta moverse, de forma desacompasada, en un mundo de adultos y en su escuela.

Los guionistas han sabido adaptar dicho instituto a los tiempos modernos. Liz ya no es una rubia maquilladísima, Flash ya no es el típico ario de gimnasio y todo el instituto es una amalgama de razas que reflejan mucho mejor la sociedad americana. Y ver esa evolución mola mucho.

Además, el guión toma prestados elementos de las diversas épocas y encarnaciones de Spidey y transforman a Ned, un tipo que en los cómics era un periodista que peleaba con Peter por el amor de la bella secretaria Betty Brant, en el mejor amigo de Peter Parker en el instituto, basándose en el personaje de Ganke de las aventuras de Miles Morales ideadas por Brian Michael Bendis. Un chaval con muchísima vis cómica que protagoniza algunas de las escenas más graciosas de la película.

Hasta aquí todo bien en cuanto al guión. Sin embargo, el papel de Tony Stark como mentor de Spiderman, no me ha encajado demasiado bien. Supongo que es lo que pedía la historia después de Civil War y desde luego mucho mejor que contemplar de nuevo la muerte de tío Ben, sin embargo las escenas de Iron Man en la película, o de su chico-para-todo Happy, me parece que no encajan demasiado bien en el desarrollo de la historia. El foco, en esos momentos, pasa de estar en Peter Parker para estar en Tony Stark y, además, tengo la impresión de que la interpretación de Robert Downey Jr. va en piloto automático, casi parodiando su propio personaje.

Sin embargo, esta relación les sirve a los guionistas Jonathan Goldstein (“Cómo acabar con tu jefe”, “Lluvia de albóndigas 2”) y John Francis Daley (el entrañable muchacho que encarnaba a Sam en “Freaks and geeks” y compañero de aventuras literarias de Jonathan en las películas mencionadas) para dotar a Spiderman de su traje más tecnológico en pantalla grande hasta la fecha. Un disfraz con todo tipo de gadgets y con la aparición estelar, en otra nueva broma privada de Marvel Studios, de Karen, la asistente virtual del traje, interpretada por Jennifer Connelly, casada en la vida real con Paul Bettany, que interpretaba a su vez a Jarvis, mayordomo virtual de Tony Stark y que terminaría convirtiéndose en Visión gracias a la gema de la mente.

Si Kevin Feige y sus acólitos no son unos genios, yo ya no sé.

Por otra parte, la inclusión del Buitre en la historia es orgánica y muy bien integrada en el universo, relacionándolo con la empresa Damage Control (también de los cómics) y con unas motivaciones decentes y muy de clase obrera. Además, la interpretación de Keaton es brutal en muchos momentos, pero tampoco de esta vez han conseguido, a mi juicio, un malo memorable. Parece que Loki ha dejado muy alto el listón.

Por rematar ya con los apartados de guión y personajes, me parece muy bien que hayan cambiado el personaje conservado en naftalina de la venerable tía May por esta versión dicharachera y ligeramente sexualizada interpretada por Marisa Tomei, sin embargo el personaje está a medio paso de convertirse en una lámpara sexy.

Sí, ya sabemos que la Tomei se conserva de maravilla, pero no hace falta una broma a costa de su físico cada vez que sale en pantalla. Esperemos que esto cambie y el personaje vaya adquiriendo mayor peso en la historia a medida que avancemos en la supuesta trilogía que va a protagonizar el cabeza de red.

En cuanto a la dirección y la puesta en pantalla, hay momentos gloriosos. Toda la parte del rescate en el monumento de Washington, el periodo en el que se queda encerrado dentro de las instalaciones del gobierno, plagado de soliloquios o conversaciones con Karen, la trama del barco y los momentos con Ned son oro puro. Sin embargo, el que debería de ser un clímax emocionante y repleto de acción, la pelea final con el Buitre, se me antoja demasiado confusa. Un montón de imágenes oscuras y montadas a toda velocidad que no siempre son asimilables por el cerebro humano… al menos por el mío, que ya sé que es limitado.

Por otra parte, los efectos especiales que se encargan de animar al Spiderman más acrobático son decentes sin llegar a ser asombrosos. Me parece que había escenas más logradas tanto en Civil War como en las dos películas anteriores. Me dejaron con la sensación de no estar viendo nada demasiado nuevo. De nuevo la impresión de que Jon Watts no ha querido o no ha sabido lanzarse a la piscina arriesgándose con ideas novedosas.

Vale, quizá sea yo, que le pido demasiado a una película sobre mi superhéroe preferido. Es como valorar a tu propia familia, siempre le pides un puntito más que al resto de la gente, precisamente por eso, porque los quieres más y porque crees que por eso deben ser mejores, a pesar de que es con ellos con quien mejores ratos pasas.

Pues algo así me ha pasado. Me lo he pasado en grande y sin embargo creo que nuestro amigo y vecino Spiderman aún puede ser mejor, sobre todo porque el carisma y el aura de simpaticote que desprende Tom Holland augura inmensas alegrías con el personaje.

Llegará un momento en que nos pase como con Lobezno, Iron Man o el Capi y nos cueste mucho imaginar a otro actor columpiándose entre los edificios de la Gran Manzana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.