SITGES 2014 (QUINTA PARTE)

El estridente sonido penetra en los oídos como una aguja en la vena y, en un acto de defensa primaria, el cerebro trata de incorporarlo al sueño. Un sueño necesario, que trata de ordenar y catalogar la enorme cantidad de imágenes, sonidos e ideas del día anterior, separando el grano de la paja, preparando el córtex para el día siguiente.

Ese cinco minutitos más del cerebro dura poco y, por fin, a regañadientes, la parte consciente toma el mando y la alarma del móvil se hace patente.

Cuatro horas en posición horizontal y de nuevo arriba. Cuatro últimas películas de festival. Cuatro esquinitas tiene mi cama y ahí se quedan, mirándome con cara de “pero tú estás mu loqui, tete”.

La última y esquizofrénica jornada de festival se saldó con películas muy diferentes, que generaron opiniones muy diferentes y que cerraron, mira tú por donde, uno de los mejores viajes a Sitges en cuanto a calidad media de las películas que elegimos.

No siempre se puede fallar.

THE WORLD OF KANAKO

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Esta iba a ser un día de opiniones encontradas desde el primer minuto. El momento del desencuentro estaba tardando en llegar y la simetría en cuanto a críticas empezaba a ser aburrida. Kanako nos trajo el debate y no sería la única.

El director de la ambiciosa y acertada “Confessions”, Testsuya Nakashima, nos trae una peli de personajes extremos, nihilistas y vilolentos. Una historia oscura en la que un detective con malas pulgas y padre divorciado, trata de desentrañar la desaparición de una hija con más secretos que la amiga de Monago.

La peli inicia de forma ágil su zambullida en la confusa vida de una adolescente con cara de ángel y fachada modélica que esconde algo podrido en su interior pero no es la personalidad de la zagala la que marca el paso, sino la de ese padre borrachuzo y de mano larga que acaba marcando el tono de la peli. Un tipo con salidas de tono constantes y, muchas veces, de difícil justificación que acabó sacándome de quicio.

Si a eso le unimos que la espiral de la investigación se va liando sin control hasta extremos casi absurdos y un final negro y desesperado como el culo de un grillo, el visionado me acabó resultando cansino.

Sin embargo, al jefe de motores el tinglado le gustó, se metió en la historia detectivesca y le cautivó el caracter poliédrico de la adolescente, por no mencionar que Kôji Yakusho, el actor principal, se llevó el premio al mejor actor principal, por lo que mi opinión, una vez más y no será la última, podría ser la rarita.

STEREO

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Cambiamos de continente para viajar en un thriller muy alejado del anterior. Desde alemania nos llegaba esta peli avalada por dos de los caretos más famosos del país: Jürgen Vogel y Moritz Bleibtreu. Que así soltado puede que no digan nada, pero si digo que son los protas de “La ola” y “El experimento”, respectivamente, quizá quede más claro.

Eric es un motero que vive una vida tranquila, en un pueblo tranquilo, con su propio taller mecánico de motos y su novia milf divorciada y el hijo de ésta. Todo sumamente tranquilo hasta que llegan unos tipos malosos que le amenazan y aparece en su puerta un extraño individuo que parece vigilarle todo el tiempo.

Conviene dejar aquí hablar del argumento y de posibles similitudes de esta peli con otras, porque la mayor parte del interés de la cinta recae en el misterio que se esconde tras los dos protagonistas y el grupo de mafiosos con ganas de volar por los aires la existencia de uno de ellos. Es ésta una de esas películas de las que siempre me pregunto si perderán mucho tras un segundo visionado, cuando uno ya sabe de que color son las cartas del guionista y hay tiempo para fijarse en otros aspectos de la historia.

De todas formas, me da igual. Cuando otra gente sale de un cine clamando a los cuatro vientos su indignación por considerar una peli tramposa, yo esbozo una sonrisa de oreja a oreja si el truco del prestidigitador ha conseguido asombrarme. Siempre miro embobado a la mano que me llama la atención y pierdo la vista la que busca la paloma en el chaleco, por el bien de la magia y por mi propio bien. Y esta vez, para mí, el truco es bueno y el mago hábil, así que no tengo ninguna queja.

REALITÉ

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Si pensábamos que “The world of Kanako” iba a ser la película polémica de la jornada es porque aún no habíamos entrado a la última ida de pinza de Quentin Dupieux, el director de aquel ejercicio de surrealismo gore llamado “Rubber”.

Dupieux es un tipo con un sentido del humor peculiar y, o te parece el tipo más gracioso al oeste del Loira o quieres pegarle con un calcetín sudado. Sus admiradores y detractores están tan separados entre sí como los de Muchachada Nui, los Monty Phyton o los de Kevin Smith. Como trekkies y fans de Star Wars. Como jugones del Monopoly y del Hotel. Como usuarios de Linux y de Apple. Como socios de Greenpeace y de la asociación del rifle. Como veganos y antropófagos. Como los Stark y los Lannister. Como seguidores de Batman y de Snoopy.

No sé si me explico.

Yo, con esta peli, me he sacado el carnet oro de detractores del galo.

Porque esta película repleta de diálogos sin sentido, personajes que cambian de universos como quien cambia de chaqueta, construída en un círculo eterno y con ruidos de fondo que ponen muy nervioso, no está hecha para todo el mundo. Y puedes notarlo en las caras que hay a tu alrededor a los veinte minutos de metraje (me dio tiempo a fijarme en muchas en medio de mi aburrimiento). Está el que se retuerce de risa en la butaca y el que frunce el ceño pensando en la pasta de la entrada. Y ningún otro grupo intermedio.

Cuando salimos de la sala, el jefe de motores y yo comentamos la jugada y votamos la peli en Filmaffinity, llevando así un diario de nuestra vida cinematográfica como espectadores. Él le otorgó un 8. Yo un 2.

¿Y de que va todo esto?

¿Qué más da? Es como preguntar de qué va una obra de teatro de Faemino y Cansado. Sólo vale ir a verlos y decidir por ti mismo si aquello te ha hecho gracia o no.

A mí, Faemino y Cansado, mucha. Dupieux… vete lejos.

Y para rematar, el tío es el creador de este tema. Lo dicho, o le amas, o le odias.

HONEYMOON

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Y para rematar, una historia clásica engalanada con un vestido nuevo. Una jugosa mezcla entre cine de posesiones, extraterrestres y cabañas en el bosque que brilla en su atmósfera claustrofóbica y sus magníficas interpretaciones.

Una joven y dicharachera pareja se casa y decide pasar de Caribes, Tailandias o Safaris, yéndose de luna de miel a una apartada cabaña en medio del bosque. Todo rebosa felicidad hasta que ella se levanta sonámbula una noche y, a la vuelta, empieza a actuar de forma extraña, olvidandose de cómo se hace las tortitas, de echarle café al café o de sucesos recientes de su pasado.

Podría ser un Alzheimer precoz pero lo que a Ben, el marido, le escama, es que otra pareja que vive cerca, presenta un comportamiento similar. ¿Casualidad? Yo no lo creo.

Rose Leslie, conocida por su papel de salvaje norteña en “Juego de Tronos” y Harry Treadaway, una de esas caras que crees haber visto en algún sitio pero no recuerdas cual, clavan esta pareja ñoña y entrañable (pocas veces he escrito yo tanta ñ junta) que se ven superados por las inexplicables circunstancias.

Quizá no es ésta una revolución en el género (después de cierta conversación con Paco al respecto, casi nunca lo es) pero la empatía que logran transmitir los protagonistas provocan que suframos con ellos.

Eso y el que sea uno de los mejores y más redondos finales que he visto últimamente en el cine de género, sitúan a esta cinta bastante por encima de la media.

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Y así acabó la última incursión cinéfila en tierras catalanas. El destino quiso que viéramos gran parte de las películas mejor valoradas del festival (gracias Ángel Sala por hacerlas coincidir en nuestro fin de semana) y nos volvimos con ganas de poder dormir veinticuatro horas del tirón para recuperar fuerzas y cordura.

Lamentablemente, al día siguiente tocó trabajar y las tuvimos que dormir con los ojos abiertos, delante de un ordenador, que resta comodidad al asunto.

Sitges, el año que viene, nos volveremos a ver las jetas.

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