SITGES 2013 DÍA 2/3

El día siguiente amaneció con una gran cantidad de sueño. Sin embargo, inasequibles al desaliento, tocamos diana y nos dispusimos a esperar en una nueva cola a las ocho de la mañana. Seis películas más nos esperaban por delante y de momento el nivel no era nada malo. La moral de la tropa estaba en todo lo alto y ondeábamos nuestro pendón friki con orgullo, así que, con la perspectiva de regar el día a base de cafeína y taurina y aplacar los jugos gástricos con toda clase de bollería industrial, nos enfrentamos a una nueva campaña festivalera.

Esto fue lo que nos encontramos.

BLIND DETECTIVE

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Conocíamos al hongkonés Johnnie To de festivales anteriores, donde nos había sorprendido con una curiosa película llamada “Vengeance”, donde el rockero francés Johnny Hallyday se ponía en la piel de un antiguo asesino a sueldo que tiene que ejecutar una venganza lidiando con una progresiva pérdida de memoria. Una especie de memento oriental con un gran personaje principal y un desarrollo que, en algunos momentos, se volvía algo espeso.

El tipo ya nos caía simpático pero no esperábamos esta joya escondida, repleta de gags memorables y con una pareja protagonista desatada y acertadísima (no es raro que Andy Lau, el detective del título, se llevara el premio a la mejor interpretación masculina, aunque a nosotros nos enamorase Sammi Cheng, la genialmente sobreactuada acompañante). No pensábamos, ni remotamente,  que “Blind detective” sería una de las mejores películas de nuestra ventana de festival.

Un superdetective que se ha quedado ciego sigue poniendo en evidencia a la torpe policía local resolviendo casos a base de perspicacia e intuición. Una joven policía, sin dotes para la investigación pero otras grandes aptitudes, se alía con él para que le ayude a investigar la desaparición de una amiga de la infancia. Por el camino, tendrán tiempo a vivir surrealistas aventuras y a establecer una relación especial.

Dos personajes que dan un juego increíble, que generan carcajadas durante toda la cinta y que caen simpáticos a primera vista.

A ver cuánto tiempo tardan los usamericanos en realizar un remake y despojarla de todo sentido del humor.

VIOLET

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Esta peli era una de las fijas de nuestro itinerario. La razón: una rubia pizpireta y alocada de la que somos fans desde que empezó a presentar el festival SyFy de Madrid. Leticia Dolera (La Leti para todo admirador de pro que se precie) participaba en la película desquite de Luiso Berdejo, un film pequeñito en el que el director hace lo que le sale del cimbel después de haber sido maniatado en su experiencia con los grandes estudios jolibudienses con “La otra hija”.

En esta fábula filmada construye una extraña película romántica con su pizca de comedia y su aderezo de fantástico en la que un chaval afincado en Los Angeles se enamora de la chica de una fotografía, iniciando un viaje surrealista para encontrarla, sin saber si la chica vive en los Estates o si la foto de marras es actual o de hace 30 años.

El camino recorrido por Junio Valverde, actor al que también se puede ver en “Tierra de lobos”, funciona mejor cuanto más humor despliegue. Las secuencias con Carlos Bardem encarnando a un chamán absurdo y las conversaciones entre Junio y Leticia son las partes más disfrutables, con diálogos ingeniosos y rápidos. Sin embargo, el apartado fantástico y el dramático me resultaron algo lentos y faltos de chicha.

Luiso me parece un tipo con grandes ideas y un potencial como dialoguista aún por explotar, así que, estoy seguro de que en el momento en el que cuente con un presupuesto digno y libertad para desarrollar sus ideas, el éxito llamará a su puerta. Ahora sólo falta una pizca de suerte para llegar a esa situación.

THE CALL

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Otra de las gratas sorpresas de la jornada. Lo que parecía un thriller usamericano del montón para lucimiento de Halle Berry y entrada en la adolescencia de Abigail Breslin, la niña de “Pequeña Miss Sunshine”, se destapó como un poderoso y certero mecanismo de precisión a ritmo endiablado y montaje brutal. Atentos a su paso por la cartelera nacional, si es que llega, porque vendrá disfrazada con la traducción “La última llamada” o, aún peor, la aberración “911, llamada mortal”.

Bret Anderson, que hace poco más de diez años sorprendía con la oscura “Session 9” y sobre todo con esa película que demostraba que Christian Bale tiene una consistencia chiclosa, “El maquinista”, para posteriormente aburrirnos en este mismo festival con “Vanishing on 7th street”, coloca a Berry como una de esas telefonistas de la policía que trata de lidiar con toda clase de problemas y peligros en el 911.

En una de esas llamadas, comete un error y una adolescente es asesinada. El suceso le acarrea un pánico a las llamadas y deja la primera línea para enseñar a los nuevos operadores pero diversas circunstancias provocarán que tenga que volver a enfundarse los cascos y el micrófono en el rapto de otra chavala, a la que intentará guiar hacia la huida con todas sus armas.

La primera mitad de la película es poco menos que perfecta. Una película trepidante que te mantiene pegado a la butaca, sin un sólo respiro. La última parte es mucho más convencional, con lo que la adrenalina reposa y el galope del principio se convierte en un trote, manteniéndonos en vilo el querer saber cómo va a acabar todo. Hasta llegar a un epílogo algo discutible, que, a mi parecer, constituye una decisión que rompe con el universo construido hasta el momento.

De todas formas, 5 minutos discutibles no deberían poner en tela de juicio una película vibrante y de grandísimas interpretaciones.

PATRICK

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Demasiado bien iba todo. Tanto la estadística como la experiencia hacían saltar nuestro sentido arácnido festivalero advirtiéndonos de que aquello no podía durar. Fue entonces cuando llegó Patrick y lo confirmó rotundamente, desde su camilla, con sus escupitajos y su hola que tal soy telequinético y eso significa que puedo hacer cualquier cosa que se me ocurra, sin restricciones. Una premisa que, la historia cinematográfica ha demostrado que se suele ir de madre en la gran mayoría de los guiones.

Por la sala apareció Mark Hartley, su australiano director, diciendo que aquel terror gótico sólo se hacía en su país y que era la bomba. Quizá alguien le debió enseñar el castizo provervio que reza: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces, porque lo único gótico que había en la peli era un edificio grande y un cielo plomizo. El resto podían ser imágenes de cualquier película de terror de interiores con un buen director de fotografía.

También apareció el italiano Pino Donaggio, que se metió al público en el bolsillo cantando una estrofa en español, así a capella, que probablemente fue bastante mejor que una banda sonora que intenta tomar protagonismo a cada segundo, como un niño que acaba de retirar los ruedines de la bici y se pasa toda la tarde gritando: mira mamá, mamá mira, mira mamá.

El film era un remake de otro de la misma nacionalidad que, creíamos, partía de una buena premisa: en un pabellón hospitalario con pacientes en coma, uno de ellos cobra poderes telequinéticos y la monta.

La buena idea dura unos diez minutos, lo que tarda uno en darse cuenta de que todo se basa en la acumulación de repuntes de volumen musical para meter sustos y una sucesión de estupideces que realiza el paciente para putear a los que le rodean.

Efectivamente, la montaña rusa de Sitges te puede llevar del punto más alto al más bajo con una aceleración mayor a la que consigue un colisionador de hadrones.

MINDSCAPE

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El director madrileño Jorge Dorado, también tuvo oportunidad de venir a presentar su película, otra andadura por los reinos del Jolibú soleado en la que tuvo la suerte de contar con tres grandes nombres del panorama cinematográfico mundial: Mark Strong, Brian Cox y Taissa Farmiga. Acudió a Sitges con el primero y la tercera y Mark Strong tuvo la oportunidad de congeniar con el patio de butacas con un speech muy gracioso y metiéndose un poco con el traductor.

La película en sí, parte de una premisa interesante, de esas de ciencia ficción con sabor añejo. Una especie de detective de recuerdos que se te mete en la mente para observar memorias pasadas, como si fuese un espectador en el cine, tiene que ayudar a una niña problemática que, supuestamente, tiene unos traumas por ahí escondidos.

El tinglado arranca bien, los personajes son interesantes, el misterio está servido, pero algo se va quedando cojo a medida que se desenmaraña la madeja. Una sombra de certeza planea durante toda la cinta, donde tenemos una clara sospecha de cómo acabará y, efectivamente, nos equivocamos muy poco. Nos recuerda todo a cosas ya vistas, a desenlaces previsibles y a caminos no demasiado originales.

Al final, el punto de ficción se transforma en una mezcla entre drama y cine negro pero, la aleación acaba por formar un brebaje que nos sabe ligeramente insulso. No es que llegue a saber mal, pero tampoco es rico rico y con fundamento.

Para ser la opera prima de un director, sin embargo, es prometedora, así que habrá que anotarse el nombre de Jorge Dorado para estar atentos a su futuro.

THE WORLD’S END

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Y por fin, acababa el día, la jornada… y el mundo. Llegaba la película más esperada por mi menda, aquella que cerraba la “Trilogía del Cornetto”, la genial serie de parodias británicas del trío Edgar Wright (director), Simon Pegg y Nick Frost (actores). Después de parodiar el género de zombies y el de las buddie movies de policías, le tocaba el turno a la ciencia ficción y las catástrofes. Así que, con el culo apretao de las ganas y el miedo de que las enormes expectativas no se viesen satisfechas, me senté en la butaca del Auditori.

Por suerte, Wright y Pegg, que firman el guión, no han perdido su mojo y la historia de un inmaduro tipo anclado en el pasado que reúne a la pandilla del instituto para asaltar de nuevo la interminable ruta de pubs del pueblo para encontrarse con una conspiración planetaria a cargo de una raza superior, es una sucesión de gags y juegos de palabras inspiradísima.

Fieles a un estilo de humor propio, que pulieron primero con la serie “Spaced” y después, con las dos primeras películas de la saga, construyen una película delirante y repleta de acción, donde Wright demuestra que no sólo en comicidad británica y frikismo se sustentan sus pelis, sino que deja una palmadita en el hombro a los fans de Marvel que esperamos su “Ant-Man” con unas coreografías de peleas tabernarias geniales.

Quizá sea una película más disfrutable para todos aquellos que hemos disfrutado de las aventuras anteriores en el universo del trío inglés, sin embargo el auditorio no paraba de reflejar el sonido de las constantes carcajadas del público, en gran parte gracias al enorme plantel de actores (los británicos sí que son de otro planeta en esto de simular otras vidas). Acompañando a Pegg y Frost tenemos a Martin Freeman, Pierce Brosnan, Paddy Considine, Rosamund Pike, Eddie Marsan, David Bradley y el omnipresente Bill Nighy aportando su voz.

Que pena que hayan dicho que no tienen, de momento, intención de volverse a reunir para nuevas parodias cinematográficas. Esperemos que en algún momento les entre el gusanillo nostálgico y se vuelvan a juntar.

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