SITGES 2012 – PARTE 1

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Comenzamos en este punto un paseo con palabros de lo que pudimos ver, oír y vomitar en el fin de semana de clausura del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, aka Sitges. Unos días de manicomio en los que nuestro existir se reduce a ir de sala en sala, hacer colas, comer basura, discutir sobre gustos, dormir muy poco y matar neuronas como si fueran chinches.

Este año, vista la incapacidad para rematar críticas de festivales, cambiamos el formato. En vez de daros la visión de cada peli por separado, tiramos la mazmorra por la saetera y os ofrezco un flamante pack 2×1. Eso supone menos texto, menos idas de pinza y aproximadamente la misma información, que tiende a cero.

Con esta jugada maestra, planeo acabar las críticas en menos de un mes. Eso sí que es un reto y no el del PSOE de renovarse. Se admiten apuestas.

Sin más dilación, comencemos con las dos primeras parrafadas, en pulcro orden cronológico.

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AHÍ VIENE EL DIABLO

La primera de las poquísimas propuestas de terror, fuera de maratones, que pudimos cuadrar en nuestro particular festival de este año, resultó ser una especie de trabajo de fin de carrera con pocos medios, insulso guión, diálogos estúpidos, interpretaciones ramplonas, giros previsibles, montaje chapucero y realización sin sentido que parecía alinearse con la climatología incómoda y lluviosa que se erige ya en una de las constantes de nuestros viajes friki-cinéfagos.

La producción mejicana se encasilla en el género de las posesiones, mezclando escenas gore y sexuales para intentar atraer al público. La historia: la de unos niños que desaparecen durante una noche en un cerro y vuelven al día siguiente comportándose de forma muy extraña y unos padres que sufren una crisis, se ceban con un tarado y acaban descubriendo el secreto de la montaña, que un empleado de gasolinera filosófico se encarga de explicarles con todo lujo de detalles cada vez que se lo encuentran.

No sé si quedarme con los diálogos sonrojantes, ante los cuales habría que ver cómo reacciona un alumno del Actor’s Studio o con esos zooms delirantes que quedan raros cuando no aparece al final del plano un karateka a punto de lanzarse al ataque contra algún ninja. Las escenas de tensión son de oferta de Todo a 100, con esas levitaciones a las que sólo les falta enseñar alguno de los cables o esas posesiones con ojos en blanco incluídos que se transforman en escenas oníricas de peli erótica de última estantería de videoclub.

No puedo salvar absolutamente nada de una cinta que, por momentos, parecía que iba a convertirse en uno de esos clásicos de festival que acaban matándote de risa a su pesar, como el “Giallo” de Argento o “El callejón” con la guapísima Ana de Armas, pero el ritmo era tan pobre y los defectos tan sosos que ni a ese nivel consigue llegar.

La parte buena es que, con un comienzo como este, el resto del fin de semana sólo podía evolucionar a mejor. O eso, o nos teníamos que preparar para un infierno que ni Dante hubiera podido imaginar.

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FRIENDS NAKI ON THE MONSTER ISLAND

En un giro de 540º, la segunda película de la velada se trataba de un largometraje de dibujos animados nipón, con animación sencilla por ordenador, ideas deudoras de la genial “Monsters S.A.” e ingredientes muy masticables para los más pequeñajos; bebé que comienza a decir sus primeras palabras y gruñón monstruo peludo de buen corazón que se tiene que ocupar del cuidado del infante humano. Como señalamos hace poco, un claro ejemplo de género “gruñinfante”, esta vez, con colorines.

Algunas voces discordantes de nuestro grupo psicótico-cinéfago (¿qué sería la vida sin la salsa de la discusión furibunda?) opinaban que la película era demasiado simple y por ello no del todo disfrutable por un supuesto adulto con el cerebelo bien amueblado. Por mi parte, en mi constante negativa a convertirme en adulto y el serrín poblando la azotea, opino que se ajusta mucho mejor el adjetivo de sencilla, que no simple. Un cuento de estructura básica apto para el entendimiento del más pequeño de la casa y con un arco argumental lo suficientemente amplio como para no aburrir al acompañante que paga la entrada.

Es verdad que no trae nada nuevo, que hay multitud de pelis que cuentan consas parecidas y que centrar las gracias en la monez de un chavalín y la oposición de un gruñón simpático es más viejo que las zurraspas, pero se agradece que los giros y diálogos no tomen al infante como un ser al borde de la idiotez. Qué carajo, a los dos mohines del proyecto de humano y al tercer berrido de ira del bicho, estaba tirado por la butaca.

Es más, sin pensarlo demasiado, puedo deciros una ristra de películas muy de adultos con mucho menos guión, mucha menos gracia, mucho menos interés y personajes mucho menos dibujados. Y no me refiero a esas películas que echan en salas de olor intenso y costras blanquecinas en las butacas.

Llamadme simple, sencillo o abutarda, pero si una historia me resulta interesante y parece hecha con mimo, a pesar de su target infantil, me ha atrapado.

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