SITGES 2011: EL CALLEJÓN

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Nos habíamos jurado a nosotros mismos que no volveríamos a caer en la trampa. Que con la experiencia del año pasado había bastado y habíamos madurado, nos habíamos vuelto más sabios, más altos, más rubios, más guapos. Cuando nos afanamos en engañarnos a nosotros mismos somos mejores que Rubalcaba en pleno debate pre-electoral.

Al final, nos entró la cartelera por los ojos y volvimos a pecar. A lo bestia. Hola, somos frikis adictos al festival de Sitges y hemos vuelto a asistir a un maratón nocturno. No entiendo cómo no nos han entrevistado aún los de callejeros.

¿Que por qué es malo asistir a un maratón? Pues es algo así como hacer barranquismo en tiempos de sequía con zapatos de tacón. A primera vista puede parecer glamuroso, exótico y divertido, pero la posibilidad de que el terreno te juegue una mala pasada, te tuerzas algo y acabes con las neuronas desparramadas es elevada.

Los subproductos que suelen pasearse por los escenarios de estos eventos, son de lo más variopinto y no los invitaríamos a una fiesta con padres. Por si fuera poco, las horas vespertinas, la tensión acumulada entre la rabadilla y las últimas vértebras, que tiende poco a poco hacia la hernia discal y el ambiente de histerismo que sobrevuela el patio de butacas, como si estuviera poblada por niños con falta de sueño, provocan reacciones que fluctúan entre la cabezada babeante y la risa de hiena con sobredosis de red bull.

Para muestra, un botón. O más bien, un callejón. En el que se desarrolla una de las películas más locas, psicotrópicas, alucinantes e imposibles que he visto jamás. Probablemente, el producto de serie Z repleto de gañanadas con el que más me he reído en mi vida. Y no una risa cualquiera, sino una de esas que nacen del germen de la vergüenza ajena, del “cómo ha llegado esto aquí” y del ” de qué sabor será el yogur caducado que se comió el guionista”.

Porque en el primero que piensas es en el guionista, rodeado de sustancias ilegales y, de ahí, el pensamiento salta hacia el director, sentado al lado del primero, respondiendo: “¿que no hay huevos a filmar la paranoia que me acabas de contar? ¿No te sabes la historia de cuando Howard Hawks le dijo a Ernest Hemingway que podía hacer un peliculón de su peor novela y se curró Tener y no tener? Pues lo veo y lo triplico”.

Luego descubres que esta escena no pudo haberse dado. Básicamente porque guionista y director son la misma persona. Un economista, periodista, guionista, crítico y cinéfilo que ha participado en la escritura de capítulos de series como “El comisario” o “Los serrano” (¿el final quizás?), programas como “La hora chanante” o “No va +” o películas como “Agnosia”.

Así que, el curriculo no parece moco de pavo por lo que cabe preguntarse: ¿en qué momento un tipo que sabe de cine, que escribe en “Fotogramas”, culto y con gran bagaje cultural, piensa que una mezcla entre “Buffy cazavampiros”, “La hora de José Mota” y “Los asesinatos de la calle Morgue” puede acabar bien?

Aunque esta no es la única pregunta que me asaltó, desde luego. ¿Quién aconseja a una joven actriz en ciernes, de cara angelical y cuerpo demoníaco, que acepte el papel protagonista? ¿El mismo que le susurró que “Mentiras y gordas” iba a ser un antes y un después en la ficción española? ¿O la pobre se ve obligada a trabajar sin descanso para mantener el visado?

A estas alturas, os estaréis preguntando de qué va todo esto. No os impacientéis, todo lo bueno se hace esperar. Aunque antes, debo advertiros de que, al contrario de lo que suele ser mi política en este mundo nuncajamaseño, me veo demasiado tentado a soltar algún spoiler que otro. Tanto que soy incapaz de contenerme. Así que, quien quiera experimentar en sus carnes y sin destripes el viaje alucinante que supone esta cinta, que reprima las ganas de leer que suele generar mi verbo florido y afilado y detenga el movimiento escalonado de su pupila. Los demás, prosigan.

Todo empieza con unos títulos de crédito sacados de una película erótica de los setenta, con Ana de Armas (la joven y guapísima actriz que se dio a conocer con el internado y con problemas de criterio) bailando una música dance ratonera entre colores chillones y montajes de cámara propios de Valerio Lazarov con sobredosis de Petazetas.

Tras ello, cuando las primeras risas nerviosas empezaban a aflorar a nuestros labios, la trama se centra en una joven empleada de limpieza de un hotel que vuelve a casa y se detiene en una lavandería de autoservicio de nuestra ciudad más cosmopolita y moderna: Benidorm. Lavandería sita en un oscuro callejón, sin salida, repleto de sombras peligrosas.

Al rato, pasa un vagabundo con muy malas pintas, que parece muy malo, pero no lo es y, para su suerte, es acompañada por un joven cubano que parece muy bueno, pero no lo es. Así que en un hitchockiano giro dramático, la joven empieza a ser acosada por el tipo, que quiere darle matarife.
Hasta aquí, la historia no pasaría de convencional, aburrida y plana, pero eso es porque no contabais con los rocambolescos juegos de montaje del avezado director. Partiendo la cámara en dos o tres, con escenas simultáneas, cuadros que se deslizan como si de un cómic filmado se tratase y reacciones tan fantásticas como que la niña llame a su ex-novio por el móvil para pedir ayuda, utilizando su único medio de comunicación con el exterior, se cabree y lo estampe contra el suelo (al móvil, no al ex-novio).

Cuando creíamos que las carcajadas no podían llenar más la sala, el galán asesino cubano y su hermana, que pasaba por allí y es igual de malvada, se convierten en demonios feísimos, organizando una persecución en la lavandería que no sería capaz de superar ni el mismísimo Benny Hill. Por no hablar de ese final retorcido, propio de algún capítulo de “La dimensión desconocida” que ya quisiera Shyamalan para levantar cabeza.

Después de este festival del humor, a mí, particularmente, me quedaron tres dudas. Algunas más acuciantes que otras.

La primera es, si todo esto no será realmente una parodia que no llegamos a comprender del todo. Algo que cuesta pensar, ya que la película, extrañamente, parece tomarse en serio a sí misma.

La segunda, que me descoyunta el corazón, me pellizca el alma y me congestiona la almorrana, es qué escribiría Trashorras en su crítica sobre esta película. Y cuántas estrellas le daría.

Por último… ¿Me dejaría Ana de Armas que yo la aconseje? ¿También sobre cine?

2 thoughts on “SITGES 2011: EL CALLEJÓN

  1. Puto descojone de película. Incluso mejor que Giallo. Creo que hasta se me saltaron las lágrimas.

    La duda que me asalta a mí es ¿de qué nacionalidad es la novia del cubano? ¿Francesa? ¿Rusa? ¿Argentina?

  2. Pero qué novia… no era su hermana?

    Ay que me he liado.

    La verdad es que de eso me había olvidado, de la chica esa cambiando el acento cada cuatro tomas. Que locura.

    A ver si Antonio Trashorras va a ser un visionario de una nueva escuela de cine y no nos hemos enterado…

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