SITGES 15: BLACK DEATH

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La última cola. No me refiero a que a continuación viéramos las andanzas del último semental sobre el planeta, sino que ese era el momento de hacer el ritual por última vez, antes de dejar el festival. La última cola, la última búsqueda apresurada de butaca, los últimos aplausos a cada personaje que aparecía en los títulos de crédito (desde el actor principal hasta el ayudante del técnico de iluminación), el último debate tras la película. Nuestro Sitges 2010 tocaba a su fin y al día siguiente había que volver a la vida normal, esa en la que no tengo que ponerme delante de una pantalla de cine cuatro o cinco veces al día y por contra tengo que ponerme delante de una pantalla de ordenador entre ocho y nueve horas al día. Así pensado, la cosa no cambiaba mucho.

Por lo menos, después de la película anterior, no había opción de bajar el nivel y era tremendamente difícil mantenerlo, con lo que teníamos grandes posibilidades de que la última peli fuera la que más nos gustase del último día. Al final, no fue sólo eso, sino que supuso una de las más interesantes del festival, sin llegar a emocionarnos. Fue como encontrar una última pipa buena después de haber tomado la pipa amarga justo antes de que se acabe la bolsa.

Gran Bretaña, 1348. Europa se encuentra asolada por la terrible peste negra, la gran pandemia extendida por las pulgas de ciertas ratas que provocó que un tercio de la población del continente pasara a mejor vida por culpa de las infames condiciones higiénicas que se gastaban por aquella época (y seguramente porque no tenían Tamiflú, que ya se sabe que es el gran remedio contra pandemias). En alguna parte de las islas, en el interior de un monasterio, se encuentra refugiado Osmund, un joven monje que vive acojonado, pero no por la peste, sino por el dilema interno de tener que decidir entre su voto de castidad y su amor por una joven a la que se la soplan los votos. Así que, incapaz de tomar una decisión por sí mismo utiliza el mismo consultorio que el resto del clero y le pide a Dios que le envíe una señal y éste le envía a Boromir, que se ha cambiado de nombre tras la destrucción del anillo y ahora se hace llamar Ulric y que llega al monasterio con una panda de brutotes buscando un guía que le conduzca a una pequeña aldea de la que se rumorea que consiguen escapar a la peste porque tienen nigromantes que practican magia negra y reviven a los muertos. Por supuesto quieren llegar a la aldea para quemar a los infieles y no para preguntarles cómo hacen para evitar la peste, un plan tan inteligente como cristiano.

Así que Osmund interpreta la llegada de esta tropa como la señal que necesitaba para mandar sus votos al limbo y decide guiarlos hasta el pueblo, con la esperanza de reencontrarse con su churri, ya que ella, con infinita paciencia, le había dicho que le esperaría una semana en un punto del bosque (bueno, vale, infinita no; de una semana de duración). Cuando llega allí ella ha desaparecido y, por si esto fuera poco, al llegar al punto limpio de peste en que se ha convertido el pueblo, empiezan a observar cosas sospechosas, que pondrán a prueba las creencias de más de uno.

La peli va cambiando de género a medida que avanza. Comienza como una histórica (esto le dura más bien poco), pronto gira hacia la aventura, se añaden unos tintes sobrenaturales y ligeramente terroríficos y remata con un final muy cuidado y redondo, del que se extrae una crítica hacia la necesidad de la gente de creer en poderes por encima de lo humano o para hacer creer que se cree, ya sean religiones estándar o encantamientos profanos. Además, el ramillete de razones para esta inclinación a dejarnos guiar por reglas que escapan a la razón son bien variadas: la ignorancia, el descoloque existencial, la duda, el apego al poder e incluso la venganza. No es tan sólo una crítica a los hábitos y costumbres del cristianismo, que la hay y es lo que más salta a la vista, con esos episodios de quema de brujas e inmolaciones absurdas, sino un vapuleo a la falta de raciocinio por encima del dogmatismo y la superchería.

La intensidad del argumento va siempre de menos a más, introduciéndonos con tino en el escenario y liando la madeja cada vez más, añadiendo los elementos de suspense y acción poco a poco, por lo que en todo momento sentí la curiosidad de saber cómo iba a acabar aquello, influido también por otra gran arma, el no dejar ver del todo qué es lo que pasa con el pueblo y sus habitantes, escondiendo el secreto que guardan hasta el clímax final, un último giro que nos deja con un “alaaaaa” en los labios y un buen sabor de boca.

Un buen remate para un festival que muchas veces ofrecía más bondades fuera de los cines que dentro, gracias al ambientazo de sus calles y al buen rollo de los asistentes, al que nos quedamos con muchas ganas de volver y con un doble reto. Por un lado el de elegir mejor nuestra cartelera, aprendiendo de nuestros errores de principiante, que nos hizo pecar de avaricia y primar la cantidad por encima de la supuesta calidad (algo que se resume en “no más maratones”). Por otro mi reto personal de no prolongar las críticas de las pelis cinco meses más allá del viaje. Algo que comprobaré si logro enmendar con las críticas del festival SyFy que acabamos de sufrir… perdón, al que acabamos de asistir.

La que os espera.

P.D. Como los posters molan un puñado, esta vez os dejo doble ración.

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2 thoughts on “SITGES 15: BLACK DEATH

  1. ¡Me encantan los posters!

    La verdad es que después de Bazofia 3D, cualquier cosa nos iba a parecer aceptable, pero a mí me sorprendió para bien esta peli. Entretenida, original y cuidada, que es mucho más de lo que podíamos pedir después de nuestras experiencias anteriores.

    Ahora sí he hecho copy paste, así que seguro que sí se publica a la primera.

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