SITGES 10: RUBBER

Photobucket

La cámara nos muestra un desierto en un caluroso día azul. En diversos planos, podemos ver unas cuantas sillas colocadas de forma desordenada. Un tipo encorbatado sujeta en ambas manos un par de hatajos de prismáticos. Parece esperar algo, porque mira el reloj. Vemos que las sillas están desperdigadas a lo largo de un camino de grava.

Entonces se acerca un coche y, despacio pero seguro, va derribando y rompiendo cada una de las sillas dando continuas eses hasta pararse delante del encorbatado. Se abre el maletero y de él sale un policía, se acerca a la ventanilla del conductor  y llama con unos suaves golpecitos en el cristal, consiguiendo que le pasen un vaso de agua. El ranger se aproxima a la cámara e inicia el siguiente diálogo:

“En E.T. de Steven Spielberg, ¿por qué el alien es marrón? No hay razón. En “Love story”, ¿por qué los dos personjanes se enamoran locamente? No hay razón. En “JFK”, de Oliver Stone, ¿por qué el presidente es asesinado de repente por un extraño? No hay razón. En la excelente “La matanza de texas”, de Tobe Hopper, ¿por qué nunca vemos a los personajes ir al baño o lavarse las manos, como hace la gente en el mundo real? No hay razón en absoluto. Aún peor, en “El pianista”, de Polansky, ¿como llega este tío a tener que ocultarse y vivir como un vagabundo, cuando toca el piano tan bien? Una vez más, la respuesta es que no hay razón. Podría seguir durante horas con más ejemplos, la lista no tiene fin. Probablemente nunca os hayáis parado a pensarlo, pero todas las grandes películas, sin excepción, contienen importantes elementos de sinrazón. ¿Y sabéis por qué? Porque la vida en si misma está repleta de sinrazón. ¿Por qué no podemos ver el aire a nuestro alrededor? No hay razón. ¿Por qué estamos siempre pensando? No hay razón. ¿Por qué a algunas personas les encantan las salchichas y otras personas odian las salchichas? No hay una jodida razón”.

El coche pita, el conductor le dice que no se tire todo el día explicando y el poli replica que espere un momento, que le deje terminar.

“Damas, caballeros: la película que están a punto de ver hoy es un homenaje a la sinrazón, el más poderoso elemento del estilo”.

Vacía el vaso mirando a cámara, el coche arranca el motor y se vuelve a meter en el maletero, mientras el tipo de la corbata se gira y le da los prismáticos a un grupo de personas que, al abrirse el plano, vemos que estaba escuchando el discurso.

Este micro-spoiler son los cinco primeros minutos de “Rubber”, la película que los tres cineadictos que nos acercamos a Sitges, coincidimos en que había que ver. En la sinopsis nos decían que iba de un neumático asesino pero, tras esto, es fácil ver que va un poco más allá. Un homenaje al absurdo en el que un grupo de personas en un desierto, ve una película a través de unos prismáticos sobre el dichoso neumático, que un día decide levantarse del desierto, echar a rodar y destruir lo que se cruce en su camino, ayudado de misteriosos poderes vibratorios.

En medio de la película, los actores se saltarán la cuarta pared a su antojo, los espectadores internos decidirán sobre el devenir del argumento y los externos, o sea, nosotros, fliparemos con la ida de olla que se marca el tal Quentin Dupieux, también conocido como Mr. Oizo, productor musical, director y compositor de electro house. Seguramente os sonará una de sus cancioncillas (o más bien molesto sonsonete), titulada “Flat beat” que la mayoría recordará por acompañar a un muñegote amarillo en un conocido anuncio de vaqueros. Está claro que el tipo es un amante de las cosas extrañas y lo demuestra con esta cinta de ritmo irregular.

La idea, tal cual está planteada, me parece una genialidad. En su primer cuarto de hora me hinché a reír, flipando con las paridas surgidas de la mente del francés, pero el nivel no me parece que aguante 85 minutos. Hora y media es mucho tiempo para rellenar con una rueda, por muy mala leche que tenga.

A pesar de todo, sí que tiene los suficientes elementos ocurrentes como para que no aburra y que nos quede una sensación surrealista que me agradó bastante. Aún existe gente que le pega tres patadas al manual de la cinematografía estándar y logra sorprender con un producto totalmente diferente y eso es bastante de agradecer.

¿En que estaría pensando el director del festival a la hora de programar el cartel para conseguir que un neumático fuera uno de los mejores personajes que desfilaron por las pantallas de Sitges?

No reason.

2 thoughts on “SITGES 10: RUBBER

  1. Ya tenía yo curiosidad por leer tu comentario sobre esta película. Después de lo que me contaste parecía la mayor chorrada del mundo, pero con ese inicio y, sobre todo, con ese cartel (impresionante juego de palabras!!! :)) creo que va aún más allá. Igual hay que darle una oportunidad, sin-dejar de buscarla por mundo peligrosos. Solo espero que no tenga mucha sangre….

  2. Pues no hay nada de sangre. Las muertes, que hay unas cuantas, son bastante absurdas, como el resto de la peli, así que más gracia que otra cosa. Creo que en este caso no tienes nada de que preocuparte, jeje.

    Saludetes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.