SIETE MESAS DE BILLAR FRANCÉS

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Buena racha con las películas españolas. Si la última vez elogiaba la propuesta arriesgada de Antonio Hernández y su película “Oculto”, esta vez le toca el turno a Gracia Querejeta y su emotiva historia sobre seres humanos intentando sobrevivir titulada “Siete mesas de billar francés”.

Querejeta aborda de una forma muy sencilla, técnicamente hablando, un guión que otorga la mayor importancia a los personajes y los diálogos. Evidentemente esto solo puede funcionar de una forma: si dichos diálogos fluyen con rapidez y sin dañar el oído y si los actores que los transportan son capaces de llegar de forma sincera hasta el público. Pues bien, ambos requisitos se cumplen con excelente nota.

La historia no tiene demasiado de particular o de original. Una mujer viaja con su hijo pequeño a Madrid para ver a su padre moribundo y al llegar se encuentra con que ya ha muerto, dejando un viejo salón de billares cubierto de deudas. Allí se encuentra con la pareja del padre, una mujer con mucho carácter y terca como una mula (como bien se encarga de repetir su madre en repetidas ocasiones) y con una tropa de amigos del padre dispuestos a ayudarla a sacar el negocio adelante. Para colmo, al volver de vuelta a Vigo (sí amigos, habéis oído bien, Ángela, la protagonista, vive en Vigo en un piso con unas bonitas vistas a las Cíes… que cinematográficos nos estamos volviendo) se encuentra con un marido policía buscado por sus compañeros por ciertos delitos de estafa, cohecho y pillería en general.

Pero el truco de todo esto, no está en lo que se cuenta, sino en como se hace. A pesar del tono dramático que se alcanza en ciertas partes de la película, el humor acaba saliendo siempre a flote, dejando una sonrisa estúpida en el momento en el que se encienden las luces.

Aunque los verdaderos artífices de que el mecanismo funcione con precisión son unos actores en absoluto estado de gracia, especialmente remarcado en el tremendo recital interpretativo que nos ofrecen la pareja de protagonistas, Maribel Verdú y Blanca Portillo. La primera se ha convertido en una de las actrices más creíbles y auténticas de nuestro panorama y borda un papel que podría haber caído en el sentimentalismo pero que por el contrario cae bien desde el primer minuto. La segunda es un auténtico monstruo cinematográfico, capaz de expresar un sinfín de matices con una media sonrisa y, como ya sabíamos de su época en “Siete vidas”, absolutamente desternillante en los momentos de comedia.

Arropando de forma perfecta a las dos actrices, un buen puñado de secundarios que ya querría para sí el nuevo rat pack de Clooney y Pitt. Ramón Barea, un tipo que no necesita más de una frase para provocar la carcajada, Enrique Villén, nuestro Marty Feldman patrio, con ese ojo díscolo tan reconocible y capaz de saltar de registro en registro de forma camaleónica, Amparo Baró, increíble y única en cada uno de los papeles que representa, representando como nadie la ironía y la mala leche, además de los desconocidos para mí Jesús Castejón, Raúl Arévalo y Lorena Vindel. ¡Pero si hasta el clásico niño pedante consigue caer bien!

En definitiva, dos pelis españolas seguidas que consiguen ilusionar e imprimir la esperanza de que nuestra industria puede estar dando un paso adelante. Y todavía falta por ver “El orfanato” y las que lleguen de Sitges. Aunque ya he oído por ahí que “Los cronocrímenes”, de Nacho Vigalondo, aún no tiene distribución por estos lares. A ver si vamos a tener que esperar a que los usamericanos nos traigan un remake para interesarnos por ella, que a veces somos muy gilipollas.

3 thoughts on “SIETE MESAS DE BILLAR FRANCÉS

  1. LO prometido es deuda: Hemos visto El Orfanato, no está mal, sobretodo Belén Rueda que hace un papel muy bueno.
    El final podría haber sido un poco mas Hichcotiano.
    No creo que tenga muchas posibilidades en los Oscar, aunque con lo yankees, y sus casas fantasmales nunca se sabe.
    Un abrazo.

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