SHOOT ‘EM UP

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El título que hoy os traigo, que nos vimos en una sofocante y vaga tarde de sábado en la que no había muchas ganas de pensar, puede parecer una película, pero no lo es. Más bien, es un cómic gamberro, de esos en los que todo vale, en los que un héroe sin nombre, más duro que una barra de pan del paleolítico, con barba de tres días y mira afinadísima e implacable, se va cargando a dos o tres malos por viñeta. Un tebeo acelerado de tal forma que las viñetas se pasan delante de nuestros ojos a una velocidad de 24 por segundo.

Digo que no es una película, porque si lo fuera, todos los totems de la crítica cinematográfica la estarían poniendo a caer de un burro. Que si una película de acción sin sentido, que si interpretaciones planas, que si dibujo de personajes inexistente, que si violencia gratuita… Sin embargo, si se tratase de un cómic, ahí la cosa cambia: todo vale. La violencia, los personajes, la historia, el ritmo… hemos entrado en una dimensión paralela en la que la vara de medir ha mutado.

Ahora pongamos que no es ninguna de las dos cosas. Por arte de birlibirloque, “Shoot ‘em up” es puro entretenimiento. Un chiste disparado mientras el artista ejecuta un triple Axel con tirabuzón. Un puñetazo a la mandíbula del humor. Un cuento de buenos vegetarianos, malos astutos y familiares y princesas de moral disoluta y pechos rebosantes. Si somos capaces de entrar en esta tercera dimensión, entonces disfrutaremos y nos reiremos de las ocurrencias de Michael Davis, un director que hasta ahora había sobrevivido con productos olvidables y que decide reírse del género de acción incluyendo mucha, muchísima acción.

Clive Owen es el señor Smith (no confundir con el agente Smith, aunque comparten similitudes en el careto impertérrito y algunos de los saltos acrobáticos), una especie de Bugs Bunny lacónico y letal que presencia cómo un tipo está a punto de darle pasaporte a una mujer embarazada. En el momento en el que decide salvarla, empieza una ensalada de tiros que le llevará a intentar proteger a un bebé recién nacido de las garras de una institución criminal liderada por el señor Hertz, interpretado por Paul Giamatti, una especie de Sherlock Holmes con muy mala baba.

Para intentar que el bebé no se muera de hambre, Smith recurre a Donna Quintano, encarnada (nunca mejor dicho, que carnal es esta mujer) por Monica Belucci, una prostituta italiana que, entre sus servicios, ofrece el poder probar la leche materna directamente del envase original.

Disparos imposibles, piruetas mortales, trampas que parecen diseñadas por Marron, el de “El hormiguero”, un niño recién nacido más duro que muchos de los malos que se cargan durante el metraje (y heavie, para más señas) y hasta un polvazo en medio de un loco tiroteo, en el que acaba ganando el bueno sin sacarla (mejora eso, Rocco Sigfredi).

Un espectáculo pirotécnico que no puede tomarse más en serio que “La vida de Brian” o un chiste de Lepe, eso sí, conjugado con una dosis de la acción más comiquera desde John Woo.

Dicho de modo llano y conciso: un desfase… Doc.

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