SAN VALENTÍN SANGRIENTO 3D

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Un nuevo paso se ha dado a la hora de disfrutar el cine de sustos y adicción a la hemoglobina. A los efectos especiales y al sonido dolby surround versión “comotiemblalabutaca”, se suman ahora las tres dimensiones. Ya se hizo un experimento en aquella última parte de Freddy Krueger (que ahora está a punto de resucitar de nuevo en la piel de Jackie Earle Haley), pero la técnica ha evolucionado y era una posibilidad que cuadra muy bien con el género y que llegaría tarde o temprano. Ya sólo falta que nos tiren un intestino fresquito de carnicería a la cara en el momento en el que la música sube y la implicación será completa.

El caso es que, atraídos por la novedad, allá que nos fuimos, sabedores de que nos podíamos encontrar con una película horrorosa, de esas de encefalograma plano. Pero no fue del todo así. Evidentemente, se cumple en gran medida lo segundo, hay que entrar al cine, habiéndose dejado las neuronas a remojo en casa, descansando, pero no fue del todo horrorosa, en realidad.

La película comienzade forma esperanzadora. Tras un mínimo prólogo mezclado con los títulos de crédito, se nos pone al corriente de la situación en un bosquejo a grandes rasgos. No necesitamos más. Sabemos que la historia no va a ser el punto fuerte  y cuanto antes empiece a saltar la sangre, mejor.

Nos situamos en el pequeño pueblo de Harmony, en donde el día de San Valentín se produce una masacre en la mina que da sustento al pueblo, donde un tipo se carga a un montón de compañeros, entra en coma y sale de él con el regustillo de seguir clavando picos en cabezas ajenas. En esto, se cruza con unos chavales que van a hacer botellón a la susodicha mina y se carga a todos menos a cuatro, para que quede alguien que continúe la historia.

Por lo tanto, a los 5 minutos de película, ya tenemos un pico que ha cruzado a sus anchas el camino que va desde la nuca hasta el rostro y se ha hecho un pincho moruno con un ojo, que cuelga de forma etérea entre nosotros y la pantalla de cine.

Si todo hubiera seguido de esta forma, con el cachondeo, los sustos y diversas partes del cuerpo saltando fuera de la pantalla, todo hubiera quedado mucho más redondo, pero algo antes de la mitad del metraje, el susto y el gore se hacen a un lado para dar paso a una trama con intento de suspense y que se empieza a tomar en serio a sí misma y es aquí donde todo cojea. Donde veíamos un homenaje pseudo-paródico a “Viernes 13”, “Halloween” y compañía, con jóvenes descerebrados en busca de alcohol y sexo que van exhibiendo su interior (en el sentido más literal, tanto debajo de la ropa como debajo de la propia epidermis) ante la cámara, jovencitas con tersas y saltarinas mamas que corren hacia el escondrijo más absurdo e inverosímil y diálogos descerebrados, ahora tenemos a un director que juega al thriller psicológico. Pero jugar a algo psicológico, con personajes con la profundidad del programa político de Alianza Nacional, cuando ya teníamos claro que nuestras neuronas no están con nosotros en estos momentos, es un boleto para el aburrimiento.

No hay nada original en la película y la trama entre el chico que volvió al pueblo, el poli, su mujer y la amante embarazada no funciona. Íbamos a ver gore adolescente y tontorrón y da la impresión de que nos han intentado colar en el paquete un supuesto thriller de suspense. El terror adolescente está, pero la segunda parte no cuela. Por eso, en varios momentos nos descubrimos pensando: venga va, ensarta otra cabecita en el pico y déjate de jugar al Cluedo.

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