ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARS

Ya estamos de vuelta. Han sido unas vacaciones de navidad de absoluta desconexión de cualquier tarea que implicase neuronas funcionando, así que tenemos unas cuantas cosas pendientes que hay que ir ejecutando: la lista de lo mejor del año, la vuelta a las precríticas y esta reseña.

Así que, empecemos por volver la mirada sobre la nueva entrega del mundo ideado por el barbas de George Lucas.

Una vez al año, por estas fechas, a punto de poner un lacito al que se marchita para empezar a desenvolver el que nace, nos encontraremos hablando de Star Wars. Porque la todopoderosa Disney ha decidido que nos va a ofrecer una película ambientada en el universo creado por George Lucas, de forma periódica y puntual, de aquí hasta el infinito.

No seré yo quien me queje.

Vivimos buenos tiempos para los frikis.

Como es inviable que nos ofrezcan un nuevo episodio de la saga cada año, si quieren seguir manteniendo cierta calidad, han pensado en empezar a construir capítulos anexos al hilo principal, aquel que, de momento, tiene a la familia Skywalker como protagonista. Estos adendos se inician con la historia narrada en las letras amarillas que desaparecían entre las estrellas en la primera película que se hizo, aquel capítulo IV titulado “Una nueva esperanza” que comenzaba con un imponente Darth Vader invadiendo la nave de Leia y tratando de recuperar los planos robados de la estrella de la muerte.

En aquellas primeras frases enmarcadas por la eterna fanfarria de John Williams se hablaba de que los rebeldes, atacando desde una base oculta, habían logrado la primera victoria sobre el Imperio Galáctico. Se hablaba también de que, durante la batalla, los espías habían conseguido apoderarse de los planos de una nueva arma total con potencia suficiente como para destruir un planeta entero.

¿Quienes eran estos espías? ¿Cómo consiguieron los planos? ¿Por qué los ingenieros del Imperio habían sido tan chapuceros como para dejar un punto débil tan evidente en un arma que podría dar la victoria definitiva al Emperador? ¿Por qué tan sólo son mencionados en la introducción pero no aparecen por el capítulo IV?

La historia tenía el suficiente interés como para que fuese la encargada de abrir esta serie de apéndices de la trama principal y así ha sido, encargándose la realización a una joven promesa con un par de interesantes películas a sus espaldas, como es Gareth Edwards y un reparto muy heterogéneo formado por Felicity Jones, Diego Luna, Alan Tudyk, Ben Mendelsohn, Forest Whitaker, Donnie Yen, Mads Mikkelsen, Riz Ahmed o Wen Jiang.

Pero dejémonos de datos de Wikipedia que seguramente ya sepáis y vayamos al lío.

Durante la película pasé por diversos estadios mentales y anímicos, buenos o muy buenos en su gran mayoría. Aunque también es verdad que hubo algún momento en el que torcí ligeramente el morro.

La película no es perfecta. Pero sí es de lo mejor que ha salido de la galaxia lejana en mucho tiempo.

Tardé unos cinco o diez minutos en sacudirme el vacío de no haber comenzado la proyección con la obertura clásica y el texto de partida. Luego, pensándolo, tiene sentido. La diferente manera de comenzar deja claro que no estamos en el hilo central, que el tono puede ser diferente y que conviene no buscar un anclaje emocional directo con los episodios. Sin embargo, a estos minutos de descoloque, tengo que unirle una ligera saturación de nombres de personajes y de planetas durante la larga introducción que nos define la protagonista y su entorno.

En todo caso, males menores con respecto a una introducción que describe y tridimensionaliza a nuestro personaje principal, de nuevo una fuerte protagonista femenina que en el momento en el que transcurre la historia es una huérfana convertida en guerrera por un rebelde radical que vive su adolescencia enfrentada a un mundo cruel que la ha convertido en una outsider.

A partir de aquí, comienza el viaje del héroe. O la heroína en este caso. Poco a poco se va encontrando o uniendo a otra gente que empezará a cambiar sus puntos de vista, sus ideales y su comprensión del mundo. Un conjunto de personajes tan peleados con el mundo como ella, de una u otra forma.

Esta parte de la película me atrapa, me emociona, me conmueve, me apasiona, me divierte. La determinación de Jyn, el idealismo sucio de Cassian, la honestidad sin filtros con continuas perlas de humor de K-2SO, la fe inquebrantable y el aura mística de Chirrut, el cáustico y nihilista sentido de la amistad de Baze, el atolondrado camino hacia la luz de Bodhi y las despiadadas ganas de medrar de Krennic están tan bien dibujadas que pasa muy poco tiempo hasta que empezamos a identificarnos y a querer a cada uno de los personajes que componen el núcleo de la historia.

La historia de cómo se van encontrando y uniendo en una misión suicida para que triunfe un movimiento mayor que todos ellos es una delicia y encaja tan bien con el capítulo IV que pareciese que estuviera concebida desde el albor de los tiempos. Las apariciones de personajes míticos y los cameos de otros no tan míticos pero que dibujan sonrisas de la misma forma, los puntos de humor, las heroicidades, los discursos y las batallas están dispuestas a lo largo de la cinta de manera tan equilibrada que, esta parte central es prácticamente perfecta.

Y digo practicamente porque, a nivel argumental quedan algunos peros. Un piloto que nos dicen que ha perdido la cordura pero que no es para tanto y un esquema algo repetitivo entre las diferentes misiones que consiste en un mentor que desaparece y una ciudad que revienta acaban desdibujando ligeramente una historia que, de nuevo hay que decirlo, no deja de atrapar, entretener y divertir.

Por otra parte, en este momento sí que se agradece que el tono general se aleje de la saga principal. Los jedis han sido masacrados o están escondidos a la espera de una oportunidad y el único personaje que maneja la fuerza con destreza es el propio Vader, así que esta historia de Star Wars tiene otro color, más cercano al cine bélico que a la Space Opera con tintes mágicos que fundamenta los siete episodios restantes. Y aquí, Gareth Edwards se maneja con mucha soltura, con una cámara al hombro que se enfanga y se cuela entre los disparos de los Stormtroopers sin llegar a resultar confusa en ningún momento.

Y así llegamos a un desenlace valiente, atrevido y absolutamente coherente con la historia que, sin embargo, me dejó algunos de los pocos minutos de… quizá no es aburrimiento la palabra, pero sí que cierta impaciencia. Una batalla en la que se tratan de robar y transmitir los planos de la Estrella de la Muerte con algún que otro instante que me desentona en medio del conjunto.

Por una parte, la batalla de naves espaciales que transcurre en la órbita del planeta mola mucho, está muy bien filmada y es espectacular pero llega a parecerme un poco larga. Pensándolo con detenimiento, creo que es porque todos los protagonistas están liados en la superficie del planeta y no hay nadie con quien identificarse allá arriba. Tan sólo daños colaterales, entre ellos el piloto que dejará el puesto libre para que lo ocupe el propio Luke algún tiempo más tarde.

Por otra parte, en las instalaciones del Imperio, ya en el clima tropical de Scarif, hay momentos muy interesantes, principalmente en el plan que llevan a cabo Jyn, Cassian y K-2SO. Pero también hay algún otro que debería ser heróico y emocionante que me acaba dejando un poco frío. No sé si tiene que ver con los reshoots adicionales que filmaron entre el propio Edwards y Tony Gilroy haciéndose cargo de la segunda unidad, pero hay momentos que parecen pegotes en medio de la historia.

Quizá si el plan que ejecutan los aliados se hubiese expuesto previamente hubiese ayudado al espectador a sufrir con cada revés que el Imperio consigue asestar a la Alianza Rebelde. Sin embargo, esto no sucede y de repente nos enteramos que hay que conectar un cable largo, o accionar un interruptor u orientar una antena, de forma apresurada y algo deshilvanada y así es complicado empatizar con las dificultades de cada una de estas acciones.

Por fortuna, estos momentos son pocos y se olvidan cuando tiene lugar ese final apoteósico que redondea la peli de forma brutal. Cuando las luces del cine se vuelven a encender estoy convencido de que la saga está recuperando esplendor a pasos agigantados y me dan ganas de llegar a casa y ponerme “Una nueva esperanza” para asistir a los sucesos que transcurren justo a continuación.

Nos quedan muchas aventuras por disfrutar de este universo. El año que viene nos llega un capítulo VIII que presumiblemente se alejará del modelo algo repetitivo que asumió el capítulo anterior, quizá para atrapar al público antiguo por la distancia y al nuevo por un esquema de éxito y en dos años asistiremos a los tiempos de juventud de Han Solo.

Lo dicho, buenos tiempos para los frikis y para La Fuerza, en general.

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