RIDDICK

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Que digo yo, que igual va siendo hora de volver a Nunca Jamás, ¿no? Tengo el mundo manga por hombro con tantas vacaciones. El arbol del ahorcado necesita poda rápida, las sirenas tienen unos pelajos en la sobaquera que pa qué y los piratas llevan días bebiendo Tang por falta de ron. Así que, intentemos recuperar el ritmo bloguero poquito a poco con la revisión de la primera película que me he comido recién llegado de la época estival, la nueva aventura del “badass” de los ojos adaptados a la oscuridad: Riddick.

Hace ya 13 años (cómo pasa el tiempo, si parece que fue anteayer), en el redondeado 2000, vio la luz una pequeña película enclavada en esa ciencia ficción llena de acción que copaba la serie B típica de los 80, sin más pretensiones que el entretenimiento. Llevaba el título de “Pitch black”, supuso un espaldarazo para la carrera de ese tipo contundente de voz cavernosa llamado Vin Diesel y, en muy poco tiempo, se convertía en una película de culto gracias al carisma de ese ex-convicto de modales rudos y, en el fondo (como los grandes antihéroes del cine) un buen corazón.

Los fans de Riddick no tardaron en crecer, aparecieron comics y series de animación y cuatro años más tarde, llegó la inevitable secuela. El problema fue que aquello dejó de ser una bienintencionada y humilde peli de serie B para transformarse en un megablockbuster vestido de lagarterana, con más medios puestos en los efectos especiales que en el guión y la profundización de la mala baba del personaje. Resultado: aquello decepcionó a casi todos y Riddick se sumió en el olvido, durante mucho tiempo.

Pero los fans, por lo general, son tipos persistentes y no cejaron en pedir nuevas aventuras. A esto hay que sumarle que uno de los más grandes fans del alienígena era el propio Diesel, que peleó con biceps y femorales del grosor de secuoyas, volver a reunirse con David Twohy (el dire de las dos primeras) para levantar una nueva aventura. Así que, tras mucha rumorología y anuncios frustrados, llega el nuevo capítulo de la saga. Capítulo que reparte lo mejor y lo peor de la película en la misma idea: la vuelta a los orígenes.

Un retorno a la idea primigenia que se sacude los vicios de la segunda parte y vuelve a centrarse en el “yo contra el mundo” de un tipo duro, de pocas palabras y acciones tajantes que le enfrenta a un puñado de cazarrecompensas que van cayendo como moscas mientras reciben frases lapidarias, hermanándo esta “Riddick” con la película que le hizo famoso. En contrapartida, ese acercamiento llega a suponer casi una revisión de la primera peli, sin demasiada novedad.

Aún así, las dos partes bien diferenciadas de la peli se disfrutan y mucho. La primera, que enlaza con “Las crónicas de Riddick”, nos muestra al protagonista volviendo a convertirse en un tipo duro, sobreviviendo en un planeta hostil lleno de peligros. La segunda, puteando de lo lindo a un puñado de sicarios que quieren meter su cabeza en una caja.

En esta segunda, es raro ver a un Jordi Mollá que hace tiempo que no se prodiga por nuestro cine, construyendo un malo interesante, de acento curioso, que aprovecha la sobreactuación que suele acompañarle para darle un aire de comic muy logrado.

En definitiva, un buen desembarco en la cartelera después de un mes repleto de sol, playa, comida rica y viajes en buena compañía.

Así se hace menos dura la vuelta a la rutina.

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