REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL

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Va siendo hora de volver del monasterio analógico.

Allí me había retirado durante una temporada desde hace algo más de dos meses. Por varias razones. Porque mis neuronas estaban en otra parte, intentando sacar adelante proyectos que en ese momento me generaban más ilusión (y de los cuales parece que no todos van a cuajar… de momento), porque no me salían las palabras y la idea del folio en blanco me daba pereza, porque he tenido un periodo en el que me apetecía más leer que escribir, porque había que preparar los músculos de cara a no morir en medio de un triathlon… en fin, razones varias.

Pero el caso es que, a medida que veía películas, las ganas de desbarrar sobre ellas en negro sobre blanco, iba aumentando. “Vengadores: la era de Ultrón” (Joss, sigo queriendo ser como tú de mayor), “A esmorga” (la curiosa sensación de ver en pantalla libros que has tenido que estudiar en el cole), “La familia Belier” (y lo que me puede gustar una película de buen rollito y con canciones), “Mad Mad: Fury road” (el arte de hacer un peliculón con tres líneas de argumento y un guitarrista loco), “It follows” (o por qué sigo sin entender a la crítica especializada en terror)…

Sobre todas ellas podría daros la paliza, lo sabéis. Puedo daros la paliza con muy poco, de hecho. Pero había un estreno que no me podía saltar. Por principios, por fenómeno fan, por simpatía, por compañía.

¿Cómo iba yo a privaros de mi opinión sobre el estreno en largo de nuestra geek chick patria por antonomasia, de nuestra maestra de ceremonias más friki, de nuestra rubia autóctona más pizpireta?

Ana, Paco y yo nos juntamos tras nuestras reuniones festivaleras y nos fuimos a disfrutar del universo de Leticia Dolera y sus “Requisitos para ser una persona normal”.

Hay algo que me sorprende con ciertos géneros y es que la gente suele comparar sus películas con otras anteriores y de ambiente similar. La comedia romántica es uno de ellos. Leyendo sobre opiniones de “Requisitos…”, veo que la comparan mucho con Amelie, quizá por tener una protagonista fuera de lo común y algo por su estética. Esto es algo que también le pasó en su momento a “(500) días juntos”, que también se nombra mucho al hablar de la de Leticia.

El recurso puede llegar a ser una pescadilla que se muerde la cola. El personaje de Amelie nos puede recordar a alguno de los de Meg Ryan, que puede estar basado en alguno de los personajes femeninos fuertes de las pelis de Woody Allen, que podrían tener trazas de la inocente princesa de “Vacaciones en Roma”… y así, podríamos llegar a pensar que no hay nada nuevo en la comedia romántica desde la década de 1950.

Pero María de las Montañas no es Amélie Poulain. Supongo, sin conocerla, que María de las Montañas tiene mucho de Leticia Dolera, su escritora, directora e intérprete. María de las Montañas es un personaje tan entrañable y bien escrito que merece su propio hueco en el mundo de los personajes femeninos del cine. Un ser humano especial que trata de averiguar el camino para ser “normal” (sí, el título no engaña a nadie). Una chica repleta de inseguridades, aristas y dudas alrededor de la que se construye un universo fílmico rebosante de personalidad. Los colores, la música, los diálogos, el lenguaje cinematográfico… todo destila una autenticidad tal que, al menos yo, salí del cine renegando de comparaciones e influencias, abrazando el maríamontañismo con una fe sin fisuras.

Aunque no es la protagonista la única que brilla en la película. Está acompañada por un enorme (en varios sentidos) Manuel Burque, que se presenta como el segundo y engranado eje de la historia, o un divertidísimo Miki Esparbé, con un pijo con el puntito justo de sobreactuación, o ese trío de ases formado por Silvia Munt, Carmen Machi y Blanca Apilánez, cuyo tiempo en pantalla se hace tan delicioso y tan corto que uno está deseando un spin off protagonizado por esta pandilla de representantes de Thermomix.

Leticia Dolera ha conseguido dibujar, en su primer y arriesgado largometraje, un mundo propio, alejado de convencionalismos y dotado de una fuertísima personalidad, puede que porque ella misma esté alejada de convencionalismos y dotada de una fuertísima personalidad (como imaginamos cuando le vimos pedirse aquel kalimotxo en “Al otro lado de la cama”). Quizá, si fuéramos franceses, hubiese sido el fenómeno de taquilla europeo de la temporada. Pero como no, no podemos hacer otra cosa que darle zapatilla al boca a boca  hasta que se convierta en una película de culto, que es lo que se merece.

Eso y esperar que una voz indie y valiente como la de Leticia consiga levantar muchos más proyectos.

Y que ninguno de ellos sea normal.

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