REFLEJOS

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Las productoras de Usamérica no paran de buscar el terror fuera de sus fronteras, como si no fuera suficientemente terrorífico lo que pasa dentro de ellas, entre desplomes de bancos, vigilancia continua de reojo hacia el eje del mal, presidentes brillantes e hipotéticas futuras vicepresidentas no menos brillantes. Las producciones niponas suelen tener su réplica con actores occidentales y hasta nuestra “REC” está a puntito de estrenarse por aquella parte del mundo, si no lo ha hecho ya, con el título de “Quarantine”.

En este caso, no sólo han recurrido a una película japonesa, sino que han fichado a uno de los grandes valores del terror europeo, el francés Alexandre Ajá, para intentar construir un blockbuster que se salga un poco del aletargamiento en el que se suele hundir el cine de sustos. Lo consiguió en su momento con el remake de “Las colinas tienen ojos” y con la potente “Alta tensión” y , esta vez, tampoco decepciona, aunque no emociona.

La historia va de un policía – Kiefer Sutherland, el mismísimo Jack Bauer de la serie “24” – que trata de reordenar su vida tras ser suspendido de su puesto al disparar fortuitamente a un compañero provocándole la muerte. Intenta dejar atrás su alcoholismo y recuperar a su mujer e hijos y para ello acepta un trabajo de mala muerte, como vigilante nocturno de un antiguo edificio que había albergado un centro comercial y que fue destruido pasto de las llamas.

Evidentemente, no pasará mucho tiempo hasta que el sufrido ex poli empiece a ver cosas raras en el edificio relacionadas con los cientos de espejos que se distribuyen por sus estancias. Espejos que parecen reflejar un mundo paralelo inexistente o pasado y que dominan a los que los miran obligándoles a actuar de modo extraño.

La película triunfa en el arranque y mientras el poli se encuentra perdido dentro del edificio, desfilando entre los clásicos sustos con aumento de volumen de la banda sonora y el gore más truculento – atención a la que llamaremos “la escena de la mandíbula”, que aparece brevemente en el trailer y que pone los pelos de punta – y decae bastante cuando se va acercando a la explicación del fenómeno volviendo a caminos mil veces recorridos.

Todo lo que poseía de originalidad mostrando ese lado tenebroso de los espejos, el mundo al otro lado, el universo paralelo y maligno que se separa y nos golpea, lo pierde tratando de explicarlo. Al final, todo se convierte en la búsqueda de una niña – ¿alguien ha dicho “The ring”? –, en el descubrimiento de antiguas posesiones – ¿nos suena a “El exorcista? –, en olvidados hospitales con extrañas prácticas – ¿recordamos “Frágiles”? – y una clásica lucha final con el monstruo – aquí las referencias son tantas que me da pereza enumerarlas.

De todas formas, si obviamos el clásico desenlace y nos quedamos con el grueso de la película y un epílogo especialmente acertado, nos encontramos en un terror por encima de la media, con actuaciones convincentes y grandes efectos especiales, que no aburre en ningún momento y con momentos bastante “acongojantes”. Visto el panorama del género que suele llegar a las salas comerciales, nos podemos dar con un canto en los dientes. No todas van a ser “REC”.

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