[REC]2

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La mejor película de terror española de este siglo, no se podía quedar sin secuela. Los productores, ávidos de hincarle el diente a otro golpe potencial a la taquilla, no iban a dejar escapar la oportunidad y los directores habían dejado algunas ideas en el tintero, por lo que, después de ver cómo en usamérica hacían un cortapega de la peli para que sus espectadores no tuvieran que esforzarse en leer subtítulos, Paco Plaza y Jaume Balagueró se lanzaron al stress de rodar otra vez los interminables y meritorios planos secuencia.

Para ello, continúan la acción justo donde se cortaba en la primera parte y añaden nuevas ideas con respecto al punto de vista original, para volver a atrapar al espectador en una nueva acrobacia repleta de gritos, sangre y violencia, mientras intentan dar respuestas a los planteamientos que habían acertado a esgrimir en "[REC]".

Por lo tanto, lo que tenemos es el mismo plato pero con una nueva guarnición. Siguen los sabores primarios de la acción continuada, los cortes cuando las cámaras se golpean, los fallos de sonido y los zombies que salen de la oscuridad para pegarte el susto, pero la salsa tiene nuevos condimentos. Esta vez las cámaras se multiplican y otorgan varios puntos de vista, a veces simultáneamente e incluso habilitando un par de líneas temporales que se juntan en un punto del argumento y por otro lado, el rollo muerto viviente se aliña con un preparado de cristianismo y exorcismos, bañada en media cucharada sopera de agua bendita, lo que intenta darle un regustillo final ligeramente diferente.

Este intento por no dejarse llevar por la dejadez de hacer una secuela calcada a la anterior película, honra a Balagueró y Plaza. Se ven abocados a dar más carnaza al público pero intentan ser consecuentes y hacer los deberes, mucho más de lo que se espera de la gran mayoría de las secuelas de terror (con ilustres excepciones, como “28 semanas después” o “Aliens”).

Sin embargo, a pesar del agradecible esfuerzo por forzar la tuerca, no nos podemos sacar de la neurona que ya hemos asistido a la primera ensalada de mordiscos y nos esperamos lo que la pantalla está a punto de salpicarnos. Por lo tanto, la sorpresa, que era el ingrediente mágico que ponía a la precuela la quinta estrella, ha desaparecido y aunque no es una mala cinta de terror, porque supera la media con creces, ya no se instala en el panteón de mis terrores favoritos.

Veremos, después de que esta cinta haya triunfado de nuevo en taquilla, cuánto tardan los productores en seguir exprimiendo la gallina de los huevos putrefactos con pollo zombie. Aunque, seguro que esta vez, tras saber que los directores han dicho que no quieren hacerse cargo de una tercera parte, el resultado ya no estaría a la altura. Poco queda ya que exprimir, salvo sacar la historia del ruinoso edificio y eso, me temo, acabaría con la premisa de originalidad que destacó en estas sus dos primeras (y esperemos que últimas) partes.

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