PROMETHEUS

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Dato número uno

Ridley Scott… perdón, Sir Ridley Scott pasó de dirigir, consecutivamente, dos cintas de ciencia ficción revolucionarias, copiadas, amadas y estandartes del género como lo son “Alien, el octavo pasajero” y “Blade Runner”, a abandonar el tema por completo, dedicándose a elfos, arqueros, escapadas feministas, conquistas épicas, gladiadores, homicidas elegantes y gangsters. Según él, no volvió a leer un guión de temática sci-fi lo suficientemente bueno como para querer dirigirlo.

Dato número dos

“Alien, el octavo pasajero” fue, allá por 1979, un éxito extraordinario de terror espacial. El diseño de naves y bichos a cargo del genio atormentado de H. R. Giger, la atmósfera opresiva del Nostromo, con sus pasillos interminables y desgastados, el acierto de la protagonista femenina, encarnada por la portentosa Sigourney Weaver y escenas que han pasado a la categoría de míticas y eternas, hicieron de ella una película de culto. Tras ello, tres secuelas dispares con tres directores que no pueden estar más alejados entre sí. James Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Jeunet ampliaron el universo de la criatura con resultados diversos.

Uno más dos

Hace un par de años, empezó a sonar en los mentideros de Jolibú el rumor de que Scott volvía a la ciencia ficción. No sólo eso, sino que podría abordar de nuevo el mundo de su querido Xenomorfo en forma de precuela.

Mientras que la saliba corría a borbotones por las comisuras de millones de bocas frikis a lo largo y ancho del globo, Scott declaraba que sí volvía a la ciencia ficción pero no con el universo Alien, sino con una historia original que exploraría los orígenes de la raza humana. Ahí, apuntando alto.

Sin embargo, a medida que se desarrollaba la preproducción y, posteriormente, el propio rodaje, el espíritu del octavo pasajero no cesaba de merodear. ¿Era aquello la precuela del vía crucis de la teniente Ripley o era un guión nuevo y al margen del extraterrestre icónico?

Una vez vista, llego a la conclusión de que ni sí ni no, ni blanco ni negro, nin arre nin xo, ni vaca ni buey. “Prometheus” podría haber funcionado de la misma forma sin la mitología del Alien, el Space Jockey y la corporación Weyland, ya que sí posee entidad propia con el viaje de unos científicos que viajan hacia la resolución del misterio de la aparición de la raza humana en la tierra, al encuentro de nuestros creadores. Una lejana versión de “En las montañas de la locura”, de H. P. Lovecraft con tecnología punta y planetas lejanos. Sin embargo, la tentación de añadir todo el bagaje de Alien a la aventura, era demasiado grande. Con lo que nos queda un híbrido extraño, que lucha por volar sólo en algunos momentos, con el lastre a los pies de una sub-historia que debe desarrollar, para no dejar insatisfechos a los fans del parásito de doble mandíbula.

Dos historias por narrar y, cuando los títulos de crédito aparecen, me queda la sensación de que me han contado muy poco. Tan sólo un esbozo de una idea muy ambiciosa (en general, si no eres Kubrick, contestar a preguntas metafísicas suele conducirte a berenjenales), acción a poquitos y un punto y seguido hacia una más que probable secuela de esta precuela (¿intercuela?). Eso sí, envuelto todo en un diseño de producción soberbio, tanto en las razas alienígenas como en naves y construcciones, absolutamente continuista con la película del 79.

Lo que es indudable, es que “Prometheus” se queda a años luz del terror sugerido de “Alien, el octavo pasajero” y a la misma distancia de la acción sin límites de “Aliens”. De hecho, se queda a una distancia prudencial de una buena cinta de ciencia ficción. Ni lo encontrado en el planeta de llegada, ni muchos de los personajes, ni las decisiones de los mismos, me producen una gran empatía. Todo transcurre entre una pretensión filosófica esbozada en la primera escena (¿en la Tierra?) que se pierde a las primeras de cambio y una mezcla de géneros que vaga entre las pelis de contagios y la clásica acción con malote.

En cuanto al elenco, correcto aunque desaprovechado. Noomi Rapace se limita a correr y poner cara de susto o dolor, eligiendo bien cual de los dos elegir en cada momento, ya que si las pusiera al revés seguramente quedaría raro. Michael Fassbender compone el personaje más agradecido de la historia, el inquietante humanoide cinéfilo David. Idris Elba consigue sacar más jugo a su capitán del que seguramente tenía sobre el papel, Charlize Theron baila con el más prescindible y se limita a aparecer muy seria de vez en cuando y Guy Pearce aparece bajo una tonelada de maquillaje.

Obviamente, los antecedentes del extraterrestre dan lugar a una bola de expectativas imposibles de frenar pero aún no entiendo cómo Scott vio tanto potencial en un guión que cuenta muy poquitas cosas.

Corolario

Suena en los mentideros de Jolibú el rumor de que Scott continúa con la ciencia ficción. No sólo eso, sino que podría abordar de nuevo el mundo de sus queridos Replicantes. Quizá en forma de precuela.

Y a mí que todo esto me suena de algo.

One thought on “PROMETHEUS

  1. El problema de “Prometheus” es el guion, que tiene muchas incoherencias, así que no sé cómo serían los otros guiones de ci-fi que ha leído Scott… Pero aún así esta película me ha atrapado. Muchos dicen que tiene un ritmo errático, pero yo me quedé casi embelesado desde el primer momento, algunos llegan a decir que la dirección de Scott es fallida, pero precisamente creo que eso es lo que más luce… Lo que menos son los personajes, un tanto desdibujados (el de Theron es prescindible de hecho), y cuyas acciones, en algunos casos, viene a ser absurdas (que se pierda en geólogo que traza los mapas… podría ser, pero para ello deberían de haber dado una explicación coherente). Total, que yo salí del cine la mar de contento, y la verdad es que incluso tengo ganas de verla de nuevo.

    Salutations

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