PREDATOR

Tenía yo bastantes esperanzas depositadas en la nueva película del Depredador más famoso de la galaxia y yo creía que era por buenas razones.

La principal era el nombre de su guionista y director, un Shane Black que se hizo millonario en los 90 con guiones como los de “Arma letal” o “Una pandilla alucinante”, caído en desgracia y resucitado de la mano del todopoderoso Robert Downey Jr. no hace tanto.

Un genio en la escritura de buddie movies y películas de acción capaz de diálogos rapidísimos, repletos de punchlines descojonantes y de cuyo estilo han bebido guiones de películas a mansalva.

De nuevo, se daban todos los ingredientes para que su película fuera una delicia y una loa de amor a la acción noventera: un personaje mítico, en cuya primera película participó como actor, una pandilla de mercenarios a cada cual más loco y un niño. Porque si algo sabe exprimir Black en sus guiones es el universo infantil dentro de una trama adulta.

Dicen que Fox ha metido tanto la pezuña en el guión y montaje final de esta película que partía de la segunda parte, ignorando los subproductos que vinieron después, que la idea original ha quedado irreconocible y podría ser eso lo que ha convertido el visionado en una tortura en la que nada de lo que pasaba conseguía interesarme lo más mínimo, convirtiendo mi cerebro en una máquina de fabricar bostezos.

La trama es tan confusa que en ningún momento tuve claras las motivaciones de ninguno de los personajes. Ni el protagonista, ni el alien antagonista, ni la pandilla de ex-militares, ni la científica, ni el niño, ni los perros. Nadie actúa sin más lógica más allá que la de poder avanzar la trama hacia la siguiente secuencia de acción.

Tampoco estoy seguro de haber entendido de qué va la historia. Por lo que pude deducir en un primer momento, hay un Predator que se estrella en la tierra huyendo de otra nave, tiene un encontronazo con unos humanos y se deja partes de su armamento olvidado en la nave.  Éste es econtrado por un tipo que lo manda a casa de su mujer, lo coge su hijo que es un genio autista (a veces) y éste lo manipula mandando una señal al espacio que atrae otro bicho más grande.

Esto hasta que llega al desenlace y todo lo expuesto en el primer acto se viene abajo conformando nuevas teorías que parecen escritas por otro guionista, uno que no se ha leído la primera mitad del libreto, hasta recalar en un epílogo tan facilón y estúpido que pone la guinda a todo un menú de dilates y sinsentidos.

Condiciones psicológicas que aparecen y desaparecen, gente que actúa contra sus propios principios, animales extraterrestres que cambian su rol después de recibir tiros en la cabeza, gente descifrando códigos extraterrestres como si fueran puzles infantiles, diálogos que parecen escritos con desgana y sin un mínimo de chispa…

Sí, en las películas de acción de los 90 se podían ver ejemplos de estas prácticas pero eso era lo peor de aquellas cintas. El espíritu de aquel tipo de cine no se basaba en estas características sino que se sostenían a pesar de ellas con un espíritu gamberro y unos personajes icónicos y repletos de personalidad de los que esta secuela adolece.

Aquí no hay ningún personaje al que poder agarrarse. El protagonista, un Boyd Holbrook que destilaba carisma en Logan, está insulso y robotizado. El chaval, un Jacob Tremblay que asombraba en “La habitación”, tiene un personaje que se presenta con cierta información que es ignorada en cuanto interesa. La pandilla de tarados que sigue al protagonista, lo hace sin ninguna explicación ni ninguna relación con el guerrero estelar ni el resto de personajes. La científica llega a tener cualidades atléticas superiores al bicho en algún momento. El militar que persigue al alien o a los protagonistas indistintamente, es un cliché en sí mismo.

Dislate tras dislate.

Supongo que habrá que seguir confiando en Black y en su capacidad para hilar guiones como el de la reciente “Dos buenos tipos”, una peli que sí recuperaba todo el espíritu de las buddie movies de los noventa y que suponía un soplo de aire fresco a la cartelera y esperemos que en la próxima, en la que dirigirá a Dwayne “The Rock” Johnson convertido en el personaje pulp de los 40 Doc Savage, antecesor de la figura de Indiana Jones, vuelva a recuperar su musa.

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