PERSONAJES DE LA CALLE

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El humor. Algo tan amplio y diverso y a la vez tan complicado. Algo tan personal y a la vez tan universal. Puede hacerte gracia el mismo tipo de humor que a una cuarentona de Kuala Lumpur y al mismo tiempo alucinar con que a un miembro de tu propia familia le arranque una carcajada algo que para ti es una soberana soplapollez. Puedes mearte con el humor surrealista de los hermanos Marx, el físico de Jim Carrey, el sobrio de Eugenio, el costumbrista de José Mota, el paródico de Mel Brooks, el humano de Charlie Rivel, el infantil de Chicho Terremoto, el verde de Pajares y Esteso o el de las cosas pequeñas de Luis Piedrahita, pero todos tenemos un amigo en la pandilla que posee esa habilidad natural de hacerte reír sin ningún tipo de guión, con la clásica improvisación de botellón.

Esa habilidad la tienen Edu Soto y Fernando Gil, en dos estilos tan diferentes como compatibles. Dos verdaderos bestias escénicas que se mueven entre la televisión, el teatro, los monólogos y la canción con una facilidad pasmosa.

Ambos coincidieron en el musical “Spamalot” en Barcelona (Edu Soto fue sustituido por Ignasi Vidal en su versión madrileña en el papel de Sir Gallahad, mientras que Fernando Gil se mantuvo en el papel de Sir Lancelot) y no tardaron en hacer migas. Verse vestidos de esa facha en los camerinos les daba pie a dejar fluir su sentido del humor y soltar paridas a velocidad de crucero.

Un día decidieron que esas chorradas podían hacer gracia fuera del vestuario y se juntaron en casa de uno de ellos para intentar idear un guión que poder seguir y saltarse a la torera a partes iguales. Eso cristalizó en un show y, aún no saben muy bien cómo, alguna sala les dejó representarlo delante de humanos.

Gracias a Ana (que está atenta a cualquier movimiento, físico y artístico, de Fernando Gil, el cual está pensando en pedir una orden de alejamiento), me había enterado de que este espectáculo existía, pero lo hacían de forma esporádica, sin demasiado tiempo de preaviso y con muy poca publicidad. Pero al final, pudimos enterarnos a tiempo para verlos en el teatro Häagen Dazs. El resultado fue un espectacular dolor de mandíbulas de tanta risión.

Edu y Fernando elaboran un espectáculo caótico, imaginativo, potente y surrealista. Bailan, cantan (bueno, Edu canta y Fernando toca la guitarra, mayormente), imitan, crean personajes e interaccionan con el público en un torrente de energía inagotable, con un margen bastante grande para dar rienda suelta a su capacidad de improvisación, que quedó patente en uno de esos gajes del directo en forma de micrófono que se queda sin pilas, que acabó convetido en recurso exprimido hasta sacarle la última gota de jugo humorístico que la situación pudo destilar.

Ante nuestros ojos, hilvanan discursos entrecortados, bailan un tema de los Phoenix que nunca da acabado, se transforman en dos especies autóctonas de rondadores nocturnos de discoteca, nos cuentan la verdad sobre la muerte de Michael Jackson de boca de sus auténticos protagonistas, recuerdan a Faemino y Cansado, a Tip y Coll, a los Monty Python, hacen pausas para comer en medio del show, hablan con los asistentes y contagian de una vitalidad increíble.

Dos verdaderos animales del showbusiness que a todos nos gustaría tener en una fiesta casera, con un potencial artístico prácticamente infinito, pues no hay que olvidar, que los más grandes cómicos fueron también enormes actores, capaces de meterse en la piel de cualquier personaje, tanto cómico como dramático.

Esperemos que la apolillada industria cinematográfica de este país les de la oportunidad de dar lo mejor de sí y llegar al imaginario del gran público.

4 thoughts on “PERSONAJES DE LA CALLE

  1. En vista de los espectáculos a los que nos habéis llevado Elisa y tú en nuestra gira madrileña, por los que os damos las gracias, creo que por lo que dices, deberíamos volver aunque solo fuese para ver este que comentas.
    Le llegará su turno, pero si no espabilan tirándose al ruedo mediático actual, lo tendrán mas difícil. Claro que alguien de la talla de Delibes, nunca recurrió a eso y ahí está, aunque la gloria a lo mejor le llegó tarde. Creo que él no la buscó nunca.
    Ahí queda eso, y perdón por escribir en el idioma de Delibes y Cervantes. Uno es algo sentimental, o como diría tu madre, vive en el pasado.
    Besos.

  2. Mierda, ¿Tú crees que ese papel que tengo que ir a buscar a correos puede ser la orden de alejamiento? Yo juro que no quería tocarle el culo , fueron las voces que me obligaron…

  3. Xabrés: Este que comento, no sé yo si coincidiréis con él. Es complicado pillarles. Pero habrá algún otro que se pueda, no te preocupes.

    Ana: Por eso tenía a veces esa mirada angustiada el pobre Fernando, como buscando a alguien entre el público…

    Saludos

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