PERFECTOS DESCONOCIDOS – STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI – THE DISASTER ARTIST – MUCHOS HIJOS, UN MONO Y UN CASTILLO

Atención, porque en un último acelerón atómico, nos ponemos al día con las películas vistas en jornada regular. Sólo faltarían las de la muestra Sitges, dos días más, nada menos. Bueno y series y películas en vídeo por demanda, que creo que nunca llegarán a este formato espacial.

Tampoco hay que pasarse de ambición.

Viendo las dos últimas películas del año pasado y las dos primeras de éste, me llama la atención que lo hicimos con muchas risas. Dos de ellas son comedias puras, una un documental muy gracioso y la última la entrega de Star Wars con más comedia en mucho tiempo.

Si esto es un presagio de cómo va a discurrir 2018, me parece estupendo.

PERFECTOS DESCONOCIDOS

Los caminos de las carreras de los cineastas son inescrutables. Un tipo como Alex de la Iglesia con una personalidad arrolladora, con una manera de filmar muy particular y con unos temas recurrentes que han ido construyendo un universo propio, tiene el mayor éxito de su carrera con un remake de una película italiana que, quizá, es la que menos tenga que ver con el resto de su filmografía.

Una peli que, aunque sí que tiene ese componente de hijoputismo y de bajada a los infiernos del comportamiento humano, lo hace de una forma bastante light para lo que son los estándares del bilbaíno. Una comedia fácil y apta para todo tipo de públicos, que se centra más en buscar la risa que en perseguir la incomodidad real de los propios personajes.

Un grupo de amigos queda para cenar y, tratando de amenizar la velada, una de las comensales propone un juego bastante suicida: se dejarán todos los móviles encima de la mesa y, a partir de ese momento, cada mensaje que llegue será leído en voz alta y cada llamada contestada con el manos libres para que todo el mundo pueda oírla.

Obviamente, el experimento no remata con una explosión de abrazos, besos y exaltación de la amistad, sino que el rosario de la Aurora va entrando en acción, cuenta a cuenta, desde el minuto uno. Muchas de las veces, también es verdad, con un cúmulo de casualidades y de comportamientos poco creíbles. Me resulta difícil de comprar el que una panda de cabrones de esa magnitud haya durado tanto como grupo de amigos sin que se hubiesen mandado mucho antes a tomar por donde se enhebran las agujas.

Por otra parte, las actuaciones son irregulares. En un extremo está Ernesto Alterio, un verdadero maestro de la comedia que brilla cada vez que aparece en pantalla y que convierte cada pequeño gesto en una sonora carcajada. En el otro, quizá, Eduardo Noriega y Belén Rueda que se encuentran algo desubicados y sosetes, quizá más por no saber subirse al nivel de los demás que porque lo hagan mal.

Y en la zona media, el resto. Un Eduard Fernández que siempre ralla la perfección, un Pepón Nieto contenido y en el punto justo, una Dafne Fernández que saca partido a un personaje que condensa buena parte de los giros de guión y una Juana Acosta con una dualidad muy maja.

Sin llegar a enamorarme, no son pocas las veces que me encontré partiéndome la caja en la butaca y eso es lo que se pretende de una comedia. Sin embargo, el final me pareció demasiado complaciente y azucarado para mi gusto. Quizá tenga algo que ver con esa vocación de intentar gustar al rango más amplio de público posible.

STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI

Cada nueva entrega de Star Wars es un nuevo festival de palos, críticas furibundas y rasgadas de vestiduras de una amplia parte de un público, fan de la primera trilogía, que creo que debe empezar a asumir que no van a encontrar nunca más una película de la saga que se ajuste a sus expectativas.

Ni aunque ellos mismo dibujaran la historia y fueran consultados para cada decisión argumental, estarían a gusto. Y esto creo que es porque intentan recuperar sensaciones que han perdido mucho tiempo atrás a través de unos personajes que viven más en el compartimento de la nostalgia que en el de la memoria.

Me da la impresión que hay gente que ha crecido y no está del todo a gusto con el adulto en el que se ha convertido y pagan su frustración contra productos que ellos consideran que deberían volver a convertirlos en niños y no lo hacen.

Estas tres últimas películas del universo Star Wars ya no es para ese público. Pueden hartarse a criticar a los porgs, al flying Leia y a los nuevos niños hijos de la fuerza, pero el camino emprendido no dará la vuelta por ellos porque su objetivo es un chaval de 12 años que se enamora de la moloneidad de Rey, que flipa con la cantidad de personajes femeninos que toman las riendas de la historia y que vitorean la espectacular batalla en el salar de Uyuni.

Rian Johnson entiende las necesidades del nuevo público y se dedica a hacer una limpia a fondo del pasado, ordenando la habitación para hacer hueco a las necesidades del futuro. Con un montón de humor, que recupera la aventura juvenil que caracterizó los inicios de la franquicia, aunque a muchos se les haya olvidado, dejando de lado la épica continua que intentaba Lucas en los capítulos I, II y III, monta unos pilares que asientan los caminos por los que pueden discurrir los rifirrafes de la luz y la oscuridad.

Y lo hace con momentos muy bellos y con decisiones arriesgadas, como cargarse de un plumazo un personaje que se antojaba el malísimo de esta etapa. Una decisión muy sabia para no caer en lo peor que tenía el anterior capítulo de J. J. Abrams: el parecerse demasiado a sus predecesoras.

Yo debo decir que disfruto mucho con muchísimas cosas, aunque aún no me parezca redonda, pero con lo que más es con sus nuevos personajes. Rey, Finn, Poe, BB-8, Rose y Ben me parecen enormes descubrimientos y estoy deseando seguir las nuevas aventuras de todos ellos.

Quizá yo no he llegado a crecer del todo y ahí esté el secreto.

THE DISASTER ARTIST

Como ya he dicho alguna vez, la historia empezó en un apartamento de Sitges. No la de la película, sería aún más marciano si cabe, sino la de mi relación con ella. Y no es exactamente con ésta, sino con la película de la que habla.

No se entiende mucho. Vuelvo a empezar.

“The room” está considerada como la peor película del cine moderno y El Maestro de Motores y yo la teníamos pendiente desde hacía mucho tiempo. Habíamos leído que era todo un fenómeno en los Estates, que se organizaban sesiones golfas con una liturgia loquísima en la que había que hacer ciertas cosas en ciertos momentos.

La oportunidad llegó de la mano de Plissken, cuando propuso verla en algún momento muerto del festival de Sitges y ahí nos plantamos los tres, junto con Lo Que Diga Mamá, tirándonos en el sofá con una tablet delante para experimentar una de las sesiones más hilarantes de mi vida.

Lagrimones de la risión, os lo digo.

¿Es la peor película del cine moderno? La respuesta es sencilla: no. Sin embargo, tiene unos elementos que la hacen única: la vocación de trascender sin tener ni puta idea de cómo manejar los elementos cinematográficos y unas actuaciones perdidísimas son dos de ellas, pero hay muchísimas más.

Entre la legión de fans que tiene esta película a lo largo del mundo, algunos famosetes aparecen al principio de “The disaster artist” hablando de ella como Kevin Smith, Kristen Bell o Adam Scott, se encuentra James Franco y el californiano se ha lanzado a lanzarle un homenaje filmando una especie de making off centrándose en la figura de su gran artífice: Tommy Wiseau.

Y lo hace huyendo de la parodia pura y dura y dotando al relato de enormes dotes de admiración genuina, tanto por el propio Wiseau como por el oficio de cineasta en general. Lo hace también plasmando una relación de amistad imposible, la de un tipo enigmático, hipnótico y con un ego desmesurado pero sin una pizca de talento y la de un joven vergonzoso que desea triunfar en el mundo del cine, separados por los años y el bagaje cultural.

Entonces, la pregunta que (no) os estaréis haciendo es: ¿tengo que ver “The room” antes de ver “The disaster artist”?

Pues no es necesario, hijos míos, porque ver la película de Tommy Wiseau sólo, en la oscuridad de la habitación no es recomendable. Puede ser que duréis unos 15 minutos antes de tirar el portátil por la ventana. Es una película para ver en comunidad y comentar y eso no siempre es posible.

Lo que sí es cierto es que ver la película de Franco habiendo visto “The room” y sin haberla visto son dos experiencias diferentes. No es lo mismo presenciar cómo se ruedan las secuencias locas de la película sabiéndose de memoria las originales, cuando uno se va esperando el diálogo (Oh, hi Mark) que si lo ve de forma mucho más exógena y por tanto menos empática.

De todas formas, James Franco ha construido una película brutal, con una caracterización de Wiseau increíble y que le ha valido la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y un Globo de Oro. Algo que no se debe estar creyendo ni él.

MUCHOS HIJOS, UN MONO Y UN CASTILLO

Había una vez una mujer que tenía un sueño. Bueno, el sueño era uno y trino, en realidad: tener muchos hijos, tener un mono y vivir en un castillo.

Esto podría ser el comienzo de un cuento de Barco de Vapor edición azul clarito, una canción de Celtas Cortos o, como es el caso, el punto de partida del documental de Gustavo Salmerón sobre su madre. Una señora muy peculiar, con una vida densa y rocambolesca en la que pudo cumplir su triple sueño y, por el camino, acumular, con un síndrome de Diógenes importante, una montaña de cachivaches inabarcable, entre los que se encuentran unas vértebras de su abuela, cuya búsqueda le sirve un poco a Gustavo para hilvanar la estructura de la película.

A priori uno podría pensar que dónde reside el atractivo de ver en pantalla a una señora un poco locuela, donde se mezclan las divagaciones en la actualidad con retazos de las películas caseras de la familia Salmerón. Pero esa pregunta se evapora a los escasos minutos de la cinta, en cuanto la personalidad arrolladora de Julita te atrapa para no volver a soltarte hasta el último título de crédito.

Una señora que fue falangista y de repente le suelta a su marido que cree que se ha vuelto masona o que mantiene su belén bien regado de Diciembre a Septiembre porque le encanta la navidad, no puede decepcionarte. Es hipnótico verla saltar de tema y de emoción en un caos emocional y mental maravilloso, es increíble ver a sus hijos haciendo todo lo que está en sus manos por hacerla feliz, es muy bonito ver la relación que tiene con su marido después de tantos años y me deja muy loco que su hijo haya conseguido montar 400 horas de grabaciones en una película de hora y media que funciona como un tiro.

Jamás nadie podría haber escrito unos diálogos tan buñuelistas, berlanguianos y dalinistas que los que suelta por la boca esta madre de familia de la forma más natural y ese es el poderoso motor que hace que la película sea genial. El dicho de que la realidad supera a la ficción se vuelve más auténtico que nunca con esta acumulación de hechos insólitos y surrealistas.

Ahora, yo sólo sueño con una película en la que se deje una cámara fija delante de una mesita de té y la madre de Gustavo Salmerón y la de Paco León pasen la tarde contándose historias.

Qué digo película, quiero Julita vs. Carmina: la serie.

2 thoughts on “PERFECTOS DESCONOCIDOS – STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI – THE DISASTER ARTIST – MUCHOS HIJOS, UN MONO Y UN CASTILLO

  1. Sobre “Perfectos desconocidos”. Me lo pasé muy bien con esta película, no supe que era un remake hasta que vi los títulos de créditos, y no me pareció un encargo, sinceramente, la veo como que cuadra en la filmografía de De la Iglesia (¿”Los crímenes de Oxford” (la cual no he visto) encaja más? Porque mi impresión es que no), aunque lo que sí me parece es que el fenómeno paranormal lo meten de manera forzada y, de paso, fuerzan el final “feliz” (que todos sigan ignorando según que cosas no sabría yo si calificarlo como algo “bueno”).

    La última de “La guerra de las galaxias” también me ha gustado mucho. Quizá se pasan un poco en determinados momentos con Luke, pero por lo demás es divertida y, por descontado, mejor peli que la de Abrams (y eso que me gustó también).

    No he visto “The Room”, pero con “The Disaster Artist” aluciné con el personaje de Wiseau. Divertida y sorprendente.

    Saludetes.

    1. Tienes razón con “Los crímenes de Oxford, encaja, para mí, tan poco como ésta.

      Con respecto a “The Room”, no diría yo que es imprescindible verla y, como he dicho, se hace cuesta arriba verla solo. Sin embargo, sí le da otra dimensión a “The disaster artist”.

      Un saludo!

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