OTRA TIERRA

Photobucket

Sigamos con todas aquellas películas que nos han ido quedando en el tintero, que son unas cuantas, a ver si adelantamos algo ahora que disponemos de tiempo ilimitado y tremendamente malgastado.

Fue una noche que nos cogió con el lado gafapasta algo subido. Habíamos visto la irrupción en la cartelera madrileña de una película pequeñita, tímida, con poco presupuesto y una buena idea de partida asentada en el género de la ciencia ficción a la vieja usanza, de esa que hace darle vueltas al melón al salir de la sala, que no necesita efectos especiales para llenar los minutos. Vamos, de la que no se hacen ya demasiado. Quizá, la última que habíamos visto de esas características había sido “Moon”, de Duncan Jones y nos había dejado con síndrome de abstinencia.

En el cartel de la película, bonito y sencillo, se apreciaba un plano medio de una señorita que tenía a sus espaldas un planeta tierra, asomando sobre el horizonte. El título: “Otra tierra”. La sinopsis: una chica con un gigantesco sentimiento de culpa por un accidente que ha dado con su cuerpo en la cárcel, trata de sobrevivir en trabajos físicos y duros, hasta que dos hechos abren un camino hacia la posible redención. El primero es que se encuentra, por pura casualidad, con el hombre cuya vida se ha visto sacudida por culpa de su error. El segundo es la aparición de otro planeta Tierra, que parece habitado por una copia exacta de nosotros mismos.

La pregunta es: ¿ese otro yo, de la otra Tierra, ha cometido mis mismos errores? ¿Ha escogido los mismos caminos? ¿O por el contrario, ha tenido la suerte (porque muchas veces no es más que pura suerte) de evitar aquellas piedras en las que lamentamos haber trastabillado, hasta el punto de dejarnos secuelas de por vida? ¿Qué es lo que diría en el caso de poder encontrarme con aquel otro yo? Quizá conversaríamos sobre lo que hemos pasado, o intentaríamos buscar una solución a lo que nos queda por vivir.

Así que, más que ciencia ficción, la película podría entrar en un género que me voy a inventar ahora mismo, sin ningún pudor, y que podríamos llamar filosofía ficción. Una premisa de ficción que permite al guionista ahondar en ciertas preguntas filosóficas o incluso psicológicas. Un tratamiento de las personalidades de dos personajes que se encuentran devastados interiormente por sendas desgracias. Una metáfora para acercarse a una realidad bastante jodida. Una película de personajes, de diálogos y de sentimientos.

La película fue escrita, al alimón, por el director y la protagonista de la cinta. Mike Cahill y Brit Marling eran amigos desde mucho antes de rodar “Otra tierra” y ya habían colaborado en la escritura un documental y varios cortos. Por fin, consiguieron financiación para llevar a cabo la idea que se les había metido en el lobanillo y se decidieron a rodarla, con muy poco presupuesto, confiando en sus propias capacidades. Ambos salen muy beneficiados de la aventura, como se pudo comprobar en el festival de Sundance, donde se llevaron el Premio del Jurado.

Cahill rueda de forma pausada, alejándose de los aspectos visuales que podrían distraer la mirada sobre el verdadero núcleo de la película, la forma que tienen dos personajes rotos de vivir cargando con sus respectivas maletas llenas de piedras. Tan sólo la imagen de esa segunda tierra en el cielo es una concesión a la premisa fantástica de la que parte.

Brit Marling, por su parte, es una actriz magnífica y aún no ha llegado a la treintena y, por si fuera poco, se destapa como una guionista nada convencional. Una envidia de mujer, vamos. Las sutilezas que impregnan el personaje de Rhoda lo llenan de personalidad y nos hace notar su tristeza en gestos mínimos, sin grandes diálogos, con una mirada desvalida y límpida. Su contrapunto, el actor William Mapother (el enigmático Ethan de “Lost”) da la réplica de forma impecable, construyendo a un hombre devastado por la pérdida, totalmente hundido, que encuentra el salvavidas al que agarrarse en el momento menos pensado.

Son pocas las películas de un género que a menudo se encuentra bombardeado por toneladas de billetes verdes y en el que suelen escasear las buenas ideas o, cuando las hay, suelen perderse entre tratamientos que buscan más la espectacularidad que el difícil arte de pensar. Hay que aprovechar las pocas oportunidades en las que podemos salir de una película de ciencia ficción y no tener la certeza de que nos han tratado como a seres de encefalograma plano.

Esta es una de ellas. No la desaprovechéis.

2 thoughts on “OTRA TIERRA

  1. La de teorías indemostrables que nos inventamos al salir de esta peli…

    Yo aún tengo que ver repetida la escena del accidente para ver si sale disparado algún cuerpo o no

  2. La verdad es que dio para una conversación larga, la mayor parte centrada en un final abierto y bonito. Digno colofón para una película muy chula.

    Y sí, la verdad es que te fijas en cada cosa…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.