OCHO APELLIDOS VASCOS

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El asombroso fenómeno de masas de este año tiene RH negativo, una curiosa facilidad para poner acentos, un par de guionistas que se van encaramando a la imaginería popular y el debut de un humorista en la actuación que deja a uno con la boca abierta, como si mirase la catedral de Burgos. Por lo demás, merecería asignatura propia en una carrera de sociología.

¿Por qué el público acude en masa, de repente, a algún fenómeno convirtiéndolo en un éxito difícil de replicar? Un misterio misterioso digno de Laura… ya sabéis, la de los misterios de… pues eso.

A mí, que no he estudiado sociología ni antropología y usualmente me muevo por el renio de Babia, se me han ocurrido unas cuantas claves. Esto tiene de científico lo mismo que las predicciones de Paco Porras, así que si algún productor intenta replicar el fenómeno basándose en este post, será bajo su propia responsabilidad y sin un ápice de culpa por mis partes si no furrula.

LOS GUIONISTAS

Borja Cobeaga y Diego San José son dos tipos con gracia, que se compenetran la mar de bien, capaces de parir grandes guiones de humor. Si los andaluces son la cara de la comedia, con ese histrionismo y esa extroversión, los vascos son el cerebro, el chiste dicho muy serio, la capacidad de reírse de uno mismo.

Ya empezaron en “Vaya semanita”, mostrando al mundo cómo una cadena autonómica puede albergar un espacio que se ríe de todo y de todos. Cobeaga fue uno de los cortometrajistas patrios que consiguieron una nominación a los Oscar (con “Éramos pocos”) y ambos parieron dos grandes comedias que triunfaron en el boca a boca, aunque no se dejara sentir tanto en la taquilla (al menos no tanto como “Ocho apellidos vascos”). “Pagafantas” y “No controles” son el germen del fenómeno y ya se pueden intuir señas de identidad, como el cuidado de los personajes secundarios y un humor directo, algo friki y muy generacional.

LOS ACTORES

Es curioso que uno de los mayores reclamos de “Ocho apellidos vascos” sea su protagonista, un humorista andaluz que realiza su primera incursión en el mundo del largometraje. La valentía de fichar a Dani Rovira, a pesar de que no tuviera experiencia en el campo actoral, es una de las claves del éxito. Para el público al que va dirigida la película, una generación que maneja YouTube con soltura, el cómico malagueño ya es una estrella. Sus monólogos son recitados de memoria en institutos y universidades, se codea con la flor y nata del jijí jajá nacional y el tío desprende carisma.

Por tanto, el que haya tenido la idea de hacerle un casting para ver si daba la talla y convencer a los ejecutivos viejunos que seguramente no habían oído hablar de él, merece una medallita. El que encima el tío lleve la actuación en las venas y se coma con patatas a sus compañeros de pantalla en muchas de escenas, es una carambola sideral.

Además, los actores que lo arropan, están muy bien elegidos. Karra Elejalde está inmenso sacando ese vasco de pura cepa que lleva dentro, Carmen Machi es un portento en cuanto a comedia se refiere y Alfonso Sánchez y Alberto López, aka. el Culebra y el Cabesa, son dos cómicos casi de culto que ponen la guinda en los pocos momentos que participan.

Quizá algo más controvertida es la elección de la madrileña Clara Lago para la protagonista femenina, quizá demasiado dulce y demasiado poco vasca. Sin embargo, al margen de que podrían haber buscado entre las actrices que ya tuvieran el acento de serie, la actriz defiende muy bien su papel.

LA CAMPAÑA DE MARKETING

Productoras y distribuidoras han confiado en el producto y han invertido pasta en su publicidad, que, además, está muy bien hecha. El trailer no engaña y da unas pinceladas de lo que en realidad vas a ver. Esto, aunque parezca una perogrullada, no es tan común. Aún me acuerdo del trailer de “La cara oculta”, que destrozaba el giro argumental en el que se basaba la peli, quitándole toda la gracia.

Esta vez, todo estaba muy bien hecho. Como hemos dicho, el trailer nos decía que era una comedia, que Rovira estaba muy gracioso y el tono del sentido del humor que íbamos a ver. Tele5 se volcó en la promoción (perrillas que le iban en ello también) y llenó la parrilla con entrevistas, reportajes y anuncios. Por la calle, se podía ver una cartelería propia de una película de Marvel.

Esto, señores, es cuidar nuestro cine.

LOS PRECIOS DE LAS ENTRADAS

La película coincide con un par de promociones molonas. Por un lado, esos miércoles a 4 euros a los que una multitud de cines se están acogiendo. Por otro, una nueva fiesta del cine, con tres días con entradas a 3 euros.

Luego, salen voces que dicen que no se puede extrapolar de las brutales subidas de la taquilla en estos días que la gente no vaya porque es muy caro, porque se trata de promociones puntuales y es normal que con cosas así la asistencia suba. Te intentan convencer de que, en realidad, el cine no es muy caro, que el problema es la piratería y el todo gratis y el refajo de mi tía la de Cuenca.

Sólo tengo una cosita que decir a estos lumbreras: los cojones.

CONCLUSIÓN

“Ocho apellidos vascos” es una gran comedia y una gran película. En mi humilde opinión, no es la mejor película española de los últimos tiempos. Hay muchas otras que me gustaron tanto como ésta, como “3 bodas de más”, “La gran familia española” o “Vivir con con los ojos cerrados”. El cine español ya no va de la guerra civil y los problemas sociales más a pie de calle. Ya tenemos comedias de muchos colores, ciencia ficción, acción, terror y todos los géneros imaginables. Ahora, sólo falta que nos lo creamos y dejemos de sentirnos los National del cine europeo, luchando contra Harlem Globetrotters todo el rato.

La razón de por qué esta peli está haciendo la taquilla generosa que está haciendo, es y será una incógnita. Sin embargo, sí puede ser el camino para que las películas españolas dejen de ser criticadas injustamente, comencemos a sentirnos orgullosos de lo que hacemos y apreciemos los enormes guionistas, directores, actores y técnicos que intentan contar con una oportunidad.

A ver si somos listos y vamos aprendiendo de las experiencias.

Ahí va la hostia ya.

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