O APÓSTOLO

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Y por fin, tras una larga peregrinación de tres años, con momentos de sufrimiento en los que las ampollas en los pies hacían pensar en el abandono, chinas en las botas que dificultaban el recorrido y la búsqueda del sepulcro de la distribución al final de la caminata, llega por fin a nuestras pantallas la primera película gallega de animación stop motion y 3D. Un relato gótico con señas de identidad da terriña, meigas, santas compañas y bruma tenebrosa para rematar viendo que es más difícil encontrar una sala donde la echen que un ápice de honradez en nuestro parlamento.

Una penita. Podemos encontrar una peli como “Campanilla y el secreto de las hadas” en más de 200 salas de nuestra geografía, mientras que “O apóstolo” está en unas 20, cuando, según declaraciones de Fernando Cortizo, su director, tenía firmada una distribución en 80 salas. Y no es que esté menospreciando una producción Disney que parece más destinada al alquiler y la venta que a las salas de cine, sino que no aprendemos a tratar la producción propia con mimo, algo que se traduce en muchas facetas de nuestra personalidad. Pero no me voy a extender en diatribas de abuelo charlatán.

El caso es que ha llegado, se puede encontrar en dos salas pequeñitas de la capital como son Pequeño cine estudio y la recién abierta Artistic Metropol y la peli tiene muchos puntos a favor que la convierten en un hermoso cuento, de los que se leen en noches invernales, al calor de la lareira, con el sonido del crepitar de los troncos de castiñeiro y el viento batiendo en los cristales. Un producto artesano cuidado hasta el último detalle, preciosista y orgulloso de sus raíces que, aunque no llega a acceder al Olimpo de mi catálogo de obras maestras,  conforma una gran película.

Dos ladronzuelos de poca monta se escapan de una prisión con el plan de ir a por un botín que, supuestamente, uno de ellos ha escondido en la casa de una mujer en un perdido pueblo gallego en mitad del camino de Santiago. Sólo uno consigue escapar y al llegar a la aldea observa un comportamiento muy raro por parte de sus habitantes. Demasiada amabilidad, demasiado interés por hospedarle, demasiadas miradas huidizas y cómplices. El honrado ladrón no tardará en verse envuelto en un extraño ritual que se realiza, noche tras noche, desde hace mucho tiempo.

Ya le gustaría al Tim Burton de los últimos tiempos firmar una película animada con este mimo y, sin embargo, ya le gustaría a Cortizo firmar una película animada de la calidad de las del Tim Burton de los buenos tiempos. Aunque tanto el tema, como los grandes doblajes de actores muy conocidos del panorama gallego (Carlos Blanco, Luis Tosar en una breve aparición, Xosé Manuél Olveira, Celso Bugallo, Manuel Manquiña), nacional (el malogrado Paul Naschy, Jorge Sanz) e incluso internacional con la entrañable Geraldine Chaplin, como el suspense que aporta el paisaje y el rico folclore gallego están a una gran altura, la historia se me queda como falta de chicha, un pelín simple y con algún bajón, sobre todo en una parte central con musiquita que narra los antecedentes previos a la acción, con dibujos estáticos como de códice antiguo, momento que resta fluidez al relato.

Salvo la pega argumental, que ya sabéis que soy un maldito quisquilloso con el tema, el resto es absolutamente impecable. Los muñegotes, imitando incluso los gestos de los actores que les prestan voz y alma, gracias a que el reparto se reunió durante unos días para realizar una lectura del texto actuando como si de una película de personajes reales se tratase, son alucinantes. Cada detalle de las ruinosas casas semiabandonadas de la aldea, que tanto me recordaba todo el rato a la de mis abuelos, está exquisitamente elegido. El momento en el que un plano frontal de la fachada de Obradoiro de la catedral de Santiago aparece en la imagen es increíble. Y así, podríamos seguir con todos los aspectos artísticos de la peli, perfeccionistas hasta el infinito.

De lo que no hay duda es que “O apóstolo” está a un buen trecho hacia delante y en la buena dirección del 99% de la animación de nuestro país y por eso parece una broma macabra el deplorable trato que está recibiendo en cuanto a exhibición. Aunque, en realidad, vistos los tiempos que corren, tampoco es que me asombre demasiado. Está en consonancia con el trato que recibe la cultura y la innovación en general.

Quizá Cortizo deba decidirse por realizar un documental entusiasta sobre las bondades del ladrillo y la construcción para conseguir triunfar. Si quiere, puede ser hasta en stop motion.

Mira, al final sí que me metí un poco en diatribas.

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