NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA

Sorpresa es la palabra que mejor se aplica a la nueva película de Albert Dupontel, uno de esos trabajadores ubicuos del cine. El francés dirige, guioniza y protagoniza una película de espectacular factura y original historia, traslación de un best seller galo escrito por Pierre Lemaitre.

Sorprendente fue encontrarse con tal despliegue visual, inusual fuera del cine yanki, con una puesta en escena brutal en el París inmediatamente posterior a la I Guerra Mundial, unos flashbacks increíbles que se entierran en las trincheras de las últimas batallas de la contienda y un gusto por lo kitsch y excesivo sin llegar a cansar que recuerda al mejor Baz Luhrmann.

Una destreza con la cámara y el ambiente que se observa desde el primer plano secuencia, en el que un perrete recorre un serpenteante camino por una trinchera repleta de soldados cansados, desesperanzados y sucios hasta encontrar al destinatario del mensaje que lleva entre las fauces.

Sorprendente fue encontrarse con una de esas interpretaciones complicadas y memorables en el personaje de Edouard Péricourt, a cargo del argentino Nahuel Pérez Biscayart. Un tipo que acaba con la cara desfigurada en el último lance bélico y vive el resto de su vida tras máscaras de lo más veneciano pero que posee una fuerza interpretativa en los ojos y en los gestos que convierte a la película, muchas veces, en deudora del cine mudo.

Sorprendente es también la interpretación del propio Dupontel, con un carisma que bebe muchísimo del talento de Peter Sellers confeccionando uno de esos personajes encariñables y achuchables.

Sorprendente, por supuesto, la historia, la de el artista desfigurado y el pobre contable que ven cómo sus caminos vitales acaban unidos y elaboran un timo perfecto utilizando el sentimiento de culpa de las autoridades tras la guerra. Una de esas historias bigger than life que se meten debajo de la piel y provocan una empatía instantánea con un gran número de participantes y un odio atávico con el único personaje verdaderamente malvado de la película.

Esto no quita para que la mayoría de personajes sean un tanto tópicos, sin embargo le sienta bien a la vocación de fábula antibelicista que tiene la historia, aunque no llega al nivel de planitud de, pongamos por ejemplo, Guillermo del Toro.

Sorprendente también la banda sonora de Christophe Julien, que saca colores del swing de la belle epoque, entremezclados con el clasicismo de las partes más románticas y tiernas. Notas que recuerdan a veces a Morricone y por eso no sorprende ver el nombre del maestro italiano entre las piezas que ponen contexto musical al relato, con una parte del score de la película italiana de 1970 “Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha”.

Que gustito da encontrarse de vez en cuando con este tipo de producciones, más alejadas al marketing más potente de la maquinaria hollywoodiense, que demuestran que hay cine más allá de remakes, sagas y franquicias, más allá de una industria empeñada en exprimir el arte hasta dejarlo en secas mamas carentes de genio.

Y digo esto deseando meterme en el próximo estreno marvelita, claro está. Así ando de bipolaridad.

2 thoughts on “NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA

    1. Pues el póster no lo sé, pero la película es una delicia. Yo creo, fíjate lo que voy a decir, arriesgado de carajo, que en esta coincidiríamos y todo.
      Muy loco.
      Saludos.

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