NO RESPIRES

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Fede Álvarez es un uruguayo que está consiguiendo postularse como una gran opción a la hora de recibir fajos de billetes para pergeñar producciones de género. Comenzó en su tierra, con un par de cortometrajes: “El cojonudo”, que podéis ver aquí y “Ataque de pánico”, que podéis hacer lo propio acá y poco tardó en conseguir sacar adelante su primer cortometraje.

Con el segundo de los cortos, el ataque de unos robots gigantescos a Montevideo y tomando la música prestada de la brutal partitura de John Murphy para “28 días después”, llamó la atención de un buen número de almas, gracias a unos efectos muy currados para la poca pasta de la que disponían. Entre los asombrados, se encontraba el mítico Sam Raimi, que buscaba un director que pudiera acometer un remake de su mítica “Posesión infernal”.

Fede asumió el reto y moldeó un guión, junto con su colaborador habitual en tareas de escritura Rodo Sayagues, que homenajeaba el clásico del director de Michigan, evitando la fotocopia y con un puñado de grandes secuencias bastante perturbadoras. Un producto que se dejaba ver con facilidad y que daba muestras de un realizador con ganas de hacer las cosas bien.

Tras el relativo éxito del remake, le han dejado filmar su primer guión original y le ha dado una vuelta de tuerca al género de las home invasion, cambiando la empatía de bando y situando a tres adolescentes que, con motivaciones bien diferentes, asaltan el casoplón de un invidente veterano de guerra para robarle una cuantiosa indemnización y acaban siendo perseguidos por los recovecos de un búnker que parece diseñado para atrapar maleantes despistados.

La peli, tras una corta introducción donde se nos presentan los antecedentes de los tres chavales, va directa al grano y durante su siguiente hora de metraje es un manojo de nervios repleto de tensión y un pulso narrativo impresionante. Álvarez sabe cómo apretar el culo al respetable y saca todo el partido posible a una casa de tres pisos y sótano en este juego del gato cegato y los ratones ninis. Salvo por alguna trampa de guión demasiado visible, esta parte de la película es una sobrada de planificación y manejo de la atmósfera, con brillantes escenas en la oscuridad y la poderosísima presencia de ese secundario que hemos visto en mil películas y aún no sabíamos su nombre… hasta ahora. Podemos empezar a quedarnos con el nombre de Stephen Lang, pues es probable que le empiece a pasar como a J. K. Simmons y empecemos a verlo con más carga protagonista de aquí en adelante.

Mi problema con la película viene después. Justo después de lo que para mí hubiese sido el final perfecto. Llamativo, ocurrente, original, bestia, anticlimático y gamberro. Si la peli hubiese acabado en ese mismo momento, me hubiera dejado enamorado. El problema es que hubiese durado poco más de una hora y para los cánones del cine actual se antoja como demasiado breve.

Así que, para completar hasta la hora y media, Fede y Rodo se adentran en una serie de giros de guión, a cada cual más acrobático y rocambolesco y consiguen que las grandes sensaciones que me estaba dejando el film hasta ese momento se empiecen a diluir y a tornarse en cansancio.

Para cuando llega el final definitivo, la peli ya no tiene toda mi atención y me encuentro dándole vueltas a la cobardía de no finiquitar el asunto con un remate tan redondo como el anterior por miedo a que la brevedad de la peli no la hiciera vendible. Sin embargo, creo que hubiera sido más efectivo poner algo más de hincapié en el prólogo, definiendo un poco mejor a los tres protas, ya que toda la empatía recae sobre la parte femenina del trío, en vez de empezar a dar saltos mortales con triple Axel al final del libreto.

Aparte del enorme trabajo de Lang, Fede Álvarez cuenta de nuevo, después de “Posesión infernal”, con Jane Levy y ficha a Dylan Minnette y Daniel Zovatto para completar el trío de intrusos y en el apartado actoral no hay ninguna pega, todo el mundo cumple de forma solvente. Por lo tanto, al salir del cine la sensación con la que uno se queda es de haber vivido grandes momentos y una pequeña decepción en cuanto a la forma de rematar la jugada.

De todas formas, recordemos que ésta es su segunda película y está muy por encima de la media del cine de género que suele llegar a las carteleras. Así que podemos aguardar esperanzados el siguiente largometraje del colega Fede.

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