MY BLUEBERRY NIGHTS

Photobucket

“My blueberry nights” no es exactamente una película. Es una canción de blues tocada por un guitarrista virtuoso y sentido. Una historia pausada, cocinada a fuego muy lento, con notas cuidadosamente elegidas y algún que otro riff perfectamente engarzado. Pocos personajes, historias mínimas que intentan autopsiar el alma humana a través de vidas a medio construir y conversaciones al amparo de la oscuridad y el humo de un sucio local. Eso es el blues y el coreano Won Kar Wai ha sabido plasmarlo en imágenes.

Elizabeth se acaba de enterar de que su novio le está poniendo los tarros con bastante descaro. La única forma en la que encuentra consuelo al sentirse perdida y sin rumbo es delante de una tarta de arándanos, en las conversaciones nocturnas con Jeremy, un camarero inglés que regenta un pequeño local, que recuerda a todos sus clientes por lo que suelen tomar y guarda celosamente las historias rotas de un montón de gente en forma de llaves.

Elizabeth decide iniciar un viaje de costa a costa por toda Usamérica para encontrarse a sí misma y a través de trabajos de subsistencia conocerá más historias de desamor que la ayudarán a entenderse a ella misma y a encontrar una senda segura por la que continuar su vida.

Así asistirá a la historia de un policía profundamente enamorado de una mujer, cuyo amor se le deshace entre copa y copa como un hielo solitario mientras ella intenta huir de una prisión sin barrotes o la de una jugadora de cartas que cree conocer a sus adversarios y sin embargo se niega a mirar en su interior para conocerse a ella misma.

Historias muy pequeñas, desgranadas con el mimo con el que el bluesman tañe cada una de las notas de su guitarra, sintiendo como el sonido traslada cada uno de los sentimientos desde sus dedos al corazón del que escucha. No puede ser casualidad que el responsable de gran parte de la banda sonora sea Ry Cooder, un bluesman con experiencia en la tarea de complementar imágenes con música, o cantantes como Cat Power, una chica de voz rota y bañada en alcohol y canciones profundas y complejas.

Al servicio de las vidas que han salido de la cabeza del coreano, encontramos a una novata y a un puñado de grandísimos actores. Nora Jones, que se estrena de forma satisfactoria en la actuación y pone voz a un par de las canciones de la banda sonora, Jude Law, con su mirada pícara y su aire vulnerable, David Strathairn, un auténtico monstruo de la pantalla, capaz de expresar más tristeza en una sola mirada acuosa que muchos otros en todo un argumento con aire de Oscar, Rachel Weisz, con un papel que mezcla un halo de sofisticación con la amarillenta luz de una perdedora y Natalie Portman, que se viste con la apariencia de una niña que desea destacar en una vida de adultos o una adulta que intenta refugiarse en un juego mentiroso para seguir siendo niña.

Los colores cálidos y con grandes contrastes, las imágenes ralentizadas y el grano grueso de la fotografía permiten disfrutar de la forma cuando el fondo se toma una pausa y la historia toma el relevo cuando el continente se vuelve transparente, al igual que se alternan la guitarra y la voz en el lamento de una canción de blues.

Así que ya sabéis. Si disfrutáis con las canciones de B. B. King o Albert Johnson, con la triste melodía que cuenta la triste vida de un bluesman solitario, esta película es de las vuestras. Si sois de los que opináis que todas estas canciones suenan igual, ni lo intentéis, os aburriréis soberanamente.

Leer critica My Blueberry Nights en Muchocine.net

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.