MUSE – VICENTE CALDERÓN

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Matthew Bellamy y sus dos secuaces, Dominic Howard y Christopher Wolstenholme son, hoy en día, uno de los mayores espectáculos de rock, sobre el escenario, del planeta. No es solamente que su música, con grandes dosis de épica, se preste al gigantismo visual, ni que sean tres grandes músicos que en directo no desmerecen para nada sus discos de estudio, ni que su fama consiga llenar polideportivos, estadios y cualquier recinto que les propongan. Es que la imaginación del trío consigue momentos únicos en montajes únicos. Sus escenarios repletos de pantallas de video, las plataformas, las luces, los confetis y los rarunos trajes del amigo Matt consiguen arrancar sonrisas, carcajadas, muecas de sorpresa y adrenalina dilatadas en más de dos horas de concierto.

Si la cita que tuvimos con ellos en el palacio de los deportes hace escasos meses había sido sobresaliente, su montaje en el estadio del Athletico de Madrid mereció la matrícula de honor. Ahora emprenden una nueva gira llamada “Augmented reality” y aunque en el Vicente Calderón desgranaron casi todos los temas de su último disco “The resistance”, no se echó en falta ningún tema importante de sus discos anteriores. El virtuosismo de Matt, la personalidad extrovertida de Dominic y el hieratismo de Christopher aparecieron sobre las tablas y a golpe de guitarra, bajo y batería consiguieron hacer botar a tropecientas personas hasta la extenuación.

Con tan sólo 20 minutos de retraso sobre la hora prevista, los tres músicos de Devon (Inglaterra) salieron al escenario y rompieron el aire con las notas de “Uprising”. Los grandes temas de Muse se hilaban en la guitarra de Matt, que iba vestido con una especie de traje de papel albal (menos mal que no se desató la tormenta, porque hubiese sido un pararrayos bastante apetecible) aderezados con las imágenes que desfilaban por las pantallas del escenario “escheriano”.

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Poco más tarde, aparecía un enorme piano de cola para que Bellamy se luciera con su técnica a los teclados (quizá más impresionante que la guitarrística), donde dejó caer una lenta cara B llamada “Neutron star collision (Love is forever)” (que nos dejó a la mayoría con cara de pasmo, demostrando que pocos accedemos a las caras B de los singles), seguida de la versionada “Feeling good”. Después, una plataforma se elevaba por encima de nuestras cabezas para que bajista y batería tuvieran su momento de protagonismo con diferentes ritmos.

De vez en cuando, Matt se arrancaba con algún tema de guitarra española, punteando algunas notas. Lástima que no se hubiera preparado una canción entera, porque hubiese sido un sorpresón escuchar “Recuerdos de la Alhambra”, del maestro Segovia, con la distorsionada guitarra de Mr. Bellamy.

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Ya en los bises, llegó la apoteosis total. Después de los gritos por parte del público de “torero, torero”, Matt se lo debió creer y nos apareció con un traje de luces. Pero no debió fijarse en la acepción correcta del diccionario y lo que vistió fue literalmente eso, un traje repleto de luces que cambiaban de color y unas gafas marcianísimas, que sirvieron para la parte del concierto estilo “Encuentros en la tercera fase”. De repente, un enorme globo en forma de OVNI, apareció por un lado del escenario y voló hasta el centro del cesped rojiblanco, mientras Muse tocaban una de las canciones finales de su último disco, “Exogenesis: Symphony, Part 1: Overture”, dando el ambiente adecuado. Cuando todas las cabezas se volvían hacia el objeto suspendido sobre ellas, de la parte inferior del platillo volante salió una trapecista, o bailarina, o equilibrista, haciendo figuras suspendida en dos cables. Simplemente triunfal.

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Y por fin, para remate, dieron una muestra de lo que debe ser un final de concierto, con la gente desatada botando y coreando dos temazos imprescindibles como son “Plugin baby” y “Knights of Cydonia”. Una lección magistral de teoría y práctica de enfervorización de masas. Adelantados discípulos de grupos como Queen, que supieron mezclar con auténtica maestría las grandes composiciones, excelente técnica musical y la dosis necesaria de divismo y excentricidad que necesita un frontman para volver loca a la audiencia de un estadio.

Decididamente, el concierto fue perfecto… o casi. ¿Os imagináis en pleno éxtasis en mitad de actuación y que pase lo que os dejo a continuación? Los pelos de picos pardos se me ponen.

Agradecimientos a las grandes fotos puestas en flicker por Raktargy, Diego Gowler y Uchiuska y que han ilustrado este post.

2 thoughts on “MUSE – VICENTE CALDERÓN

  1. Ains.. Dios.. cada vez que lo recuerdo, los pelos de punta se me ponen y una lágrima me recorre los mofletes. Que conciertazo! Que Matthew!, pensaba que superar el del palacio de deportes era imposible con esas torres-rascacielos que plantaron, pero que decir… menos mal que fuimos!!!

  2. Ya, le tendremos que dar las gracias a tu hermano por “obligarnos”.

    Fue un conciertazo en toda regla. Que animales de escenario!!!

    Besitos.

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