MÚLTIPLE

Parece que aquel joven director con la vocación hitchcockiana de enseñar el careto brevemente en sus películas, ha vuelto. Y no me refiero al hecho de que haya presentado una nueva película, eso ya lo hizo con “El incidente”, “Airbender: el último guerrero” o “After earth”, pero en aquellas ocasiones estaba de viaje por un extraño purgatorio de ideas absurdas y argumentos sin ningún jodido sentido.

Pero ahora, ha vuelto. De verdad.

Cuentan que ya dio muestras de su presencia con “La visita”, aunque aún no he tenido la oportunidad de verla. Yo puedo confirmarlo con esta oscura y caleidoscópica historia de personalidades múltiples. Quizá no me haya deslumbrado tanto como con “El sexto sentido”, mi película favorita de su filmografía (debo ser el único ser del universo que piensa que la historia del chicuelo que a veces ve muertos mejora tras el primer visionado), pero sí está a un muy buen nivel, similar al de otros hitos de su carrera.

El tinglado empieza con una niña pija que invita a su fiesta a todas las compis de clase, incluída la niña rarita que es expulsada una y otra vez, pone motes a los profesores y, en general, tiene una actitud rebelde ante la vida que produce sustigusto a quien le rodea. Una vez acabada la fiesta, el padre de la niña pija va a llevar a la mejor amiga pija de la susodicha y, ya de paso, lleva a la niña emo porque no tiene a nadie que la recoja. Con tan mala suerte que, en el momento de meterse en el coche, un pirado noquea al padre y droga a las tres adolescentes para llevarlas a una habitación lúgubre y encerrarlas allí, sabe Spaghetti Volador para qué.

Las niñas, al rato, descubren que el pirado está más pirado de lo que creían, porque tiene un tinglado en la cabeza importante. Nada más y nada menos que 23 personalidades distintas conviven allí dentro. Personalidades que hacen cosas sin que las otras se enteren, algunas buenas, otras malísimas y otras simpáticas.

Shyamalan se embarca en una teoría según la cual las diferentes personicas que conviven en el cerebelo del antagonista producen cambios químicos en el organismo provocando que tengan incluso cualidades físicas distintas y así va regando el secuestro con la lucha interior del señor loco, las visitas a la psicóloga que le trata y la lucha de la niña emo, cuyo pasado influirá bastante en el devenir de los acontecimientos.

Obviamente, para que la peli funcione, el realizador de ascendencia india necesitaba un actor a la altura y para eso está James McCavoy, un tipo muy solvente que clava los distintos caracteres que interpreta. Quizá no llega a la superdotada y asombrosa capacidad camaleónica de Tatiana Maslany en “Orphan Black” (si no habéis visto la primera temporada de esta serie os estáis perdiendo una proeza narrativa y actoral) pero sí que consigue producir una sensación enfermiza y malsana en el espectador que le sienta como un guante a la peli.

Al otro lado, en el papel de la protagonista, una muchacha que está escalando posiciones a toda pastilla en Jolibú. Anya Taylor-Joy, a la que descubrimos con “La bruja”, que luego se puso violenta con “Morgan” y que ahora da otra lección de contención y carisma con esta nueva peli. La muchacha está a punto de cumplir veinte años y ya ha deslumbrado como modelo y ahora lo empieza a hacer como intérprete y a buen seguro vamos a seguir escuchando hablar de ella en el futuro cercano y lejano.

La película consigue grados de nerviosismo muy trabajados y se va deshilvanando hacia un final bastante bruto y coherente con el resto de la historia pero, donde el director me deja, de nuevo, una vez más, cabrón, el culo torcido, es en los 10 últimos segundos de metraje. Una última escena que no puedo más que aplaudir con las orejas y que no me hubiese imaginado ni en el más loco de los viajes psicotrópicos.

Sí, Shyamalan, lo has vuelto a hacer, maldito hijo del celuloide.

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