MUD

 photo mud_zps6a991e56.jpg

Jeff Nichols. Empezad a acordaros de este nombre. Se trata de un director de Arkansas, Usamérica, de 35 tacos que tiene en su haber sólo tres largometrajes. Amiguete de Michael Shannon, ese tipo de cara difícil y carisma imponente, al que ha metido en todas sus pelis, apuesta por guiones propios y muy trabajados y atmósferas opresivas en lo más profundo del país.

Sólo he visto las dos últimas que ha dirigido pero estoy deseando ver la primera porque, probablemente, tanto “Take shelter” como “Mud” están en el top 10 de las películas de los años en que se estrenaron. Films que se escapan de los tópicos que mueven el cine de masas usamericano actual, con personajes que atrapan e historias muy buenas.

Hoy os voy a hablar de “Mud” la última que ha aparecido en nuestra cartelera. Un cuento iniciático con un aire a Mark Twain muy marcado y quizás a “Cuenta conmigo” (también, a su vez, ligéramente influenciada por las historias de Tom Sawyer y Huckleberry Finn). Una peli que otorga un gran protagonismo a un Matthew McConaughey que poco a poco va convirtiéndose en el gran actor que prometía antes de perderse durante bastante tiempo en comedias románticas y boberías en donde hacía poco más que enseñar tableta abdominal.

Aunque no está sólo, sino que viene muy bien acompañado por Tye Sheridan, un chaval de diecisiete años cuya cara quizá os suene de “El árbol de la vida”, si no fuisteis de los que se durmieron o se fueron de la sala antes de que acabase. Un chaval con pinta de haber estado toda su vida delante de un objetivo por la naturalidad y profundidad con que actúa. Eso es lo que se llama talento natural.

También está Jacob Lofland, otro chaval de corta edad que, aún con un un papel menos lucido, completa perfectamente el trío protagonista. Obviamente, Michael Shannon también anda por ahí y Sam Shepard aportando galones y Reese Witherspoon poniendo morritos, en un papel que sirve tan sólo como excusa para el desarrollo personal.

Pero lo más valioso de “Mud” es ese universo del sur de los Usamérica, el calor pegajoso de las riveras del Mississippi, las casas flotantes de los pescadores, al acento profundo de sus habitantes y una historia con personajes fantásticos. Y ese cuento de un fugitivo que traba amistad con dos chavales y les convence para hacer todo lo posible para conseguir reunirlo con su novia. Una tarea que Ellis, el chaval protagonista, tratará de conseguir por todos sus medios, apostando fuerte por una idea idealizada del amor, eterno, romántico y casi mágico.

El camino que recorre Ellis hacia el descontento y la edad adulta, a través de la historia de amor de Mud y Juniper, de la de sus padres y la suya propia con una rubia pija de los cursos altos del instituto, está escrita con un profundo cariño hacia el personaje, llena de matices y no podemos dejar de sentir dolor con cada desencanto del chaval, con cada bofetada que la vida le reparte, con cada pista que le conduce a descubrir que aquello no es tan idealizado como él pensaba.

Dos películas enormes que comienzan a adoquinar una carrera como director hacia el estrellato y que, como dije al principio, me generan unas ganas de ver su opera prima del copón dorado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.