MISIÓN IMPOSIBLE: FALLOUT

Parece mentira, pero han pasado ya 22 años desde que Tom Cruise relanzase esta franquicia para convertirse, poco a poco, en la mayor estrella de acción del firmamento jolibudiense. Y a día de hoy el actor, con sus 56 añazos, sigue dejándose la piel para que el personaje de Ethan Hunt continúe atrayendo al público a las salas para admirar historias con el mínimo posible de efectos especiales y a Cruise rompiéndose los huesos como si de un Jackie Chan con menos cabriolas se tratase.

Parece mentira, también, pero es la primera vez que un director repite dentro de la saga. El actor confió en Christopher McQuarrie para otro de esos personajes que han dejado poso en el género en la película “Jack Reacher” y, entusiasmado con su forma realista y clara de filmar escenas de rijostios, le dio el control de “Misión imposible: Nación secreta”, que supuso la mejor entrega de la saga hasta el momento.

Con este nuevo capítulo, compone un fabuloso díptico que podría suponer el punto y final de Hunt con la cara de Cruise y su equipo formado por el graciosete Simon Pegg, el grandote Ving Rhames y la poderosa Rebecca Ferguson, con una película que dota a la historia de espectacularidad a raudales y los necesarios toques de humor diseminados que extraen del público sonrisas y hasta alguna que otra carcajada.

El argumento, una vez más, es casi lo de menos. Malosos que tratan de subvertir el orden mundial y un villano, que también repite, encarnado por Sean Harris, que trata de eliminar a su némesis y todo lo que ama. Lo clásico de los héroes y sus eternos enemigos.

Lo importante, de nuevo, es la aventura, los engaños sobre engaños y el dilatar la pupila del respetable con saltos en paracaídas imposibles y persecuciones en helicóptero impensables. Un subidón de adrenalina continuo que supone el ADN de un cine que es raro ver hoy en día en una industria que abusa de los efectos especiales y se pasa por el forro en demasiadas ocasiones las leyes de la física.

Que no digo que aquí no haya de todo eso, ojo, sino que lo hace de manera más sutil y tirando de muchas más escenas artesanales, como también lo hacen otras sagas del cine reciente como “Venganza” o el ya nombrado cine de acción del maestro Jackie Chan.

Ver cómo Tom Cruise realiza, sin dobles, un salto HALO (High Altitude, Low Open) en una escena con una coreografía perfecta, es toda una locura. Aún más que admirar cómo se destroza la rodilla contra un edificio londinense en una de las persecuciones más chulas de la peli o ver cómo se parte la cara con un bigardo del tamaño de Henry Cavill.

Llegará un momento en que ya no tengamos a Cruise para estas cosas y nos quedemos con Vin Diesel, The Rock y Taylor Lautner y entonces será cuando le echemos de menos y los nostálgicos les expliquemos a nuestros hijos por qué los héroes de antes eran tan molones.

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